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ABC SÁBADO 8 1 2005 Internacional 27 ELECCIONES PRESIDENCIALES EN PALESTINA Varios palestinos pasan indiferentes por dos grandes carteles electorales de las presidenciales del próximo domingo AP Sólo 5.637 palestinos de los 124.000 electores de la Ciudad Santa podrán ejercer su derecho. No se ha realizado el censo. No ha habido campaña. La movilidad de candidatos y votantes ha sido anómala Cómo no se votará en Jerusalén Este POR JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Unos días después del entierro de Yaser Arafat, Colin Powell se reunió en Jerusalén con Ariel Sharón con un objetivo prioritario: lograr el visto bueno de Israel para la participación de los palestinos de Jerusalén Este en las elecciones presidenciales del 9 de enero. El primer ministro hebreo era tan reticente como casi todos los miembros de su Gobierno. Para Israel, así lo determina una ley aprobada en la Kneset en 1981, Jerusalén es la capital eterna e indivisible de su Estado. Pero no así para la comunidad internacional, que entiende que la parte oriental de la Ciudad Santa fue anexionada y ocupada por la fuerza en 1967 y que, por lo tanto, no la reconoce como su capital. De hecho, las embajadas no se encuentran en Jerusalén sino en Tel Aviv. Tras ponerse serio y firme, Powell selló un pacto con Sharón, ratificado en la distancia por el ministro palestino, Saeb Erekat: las presidenciales del 9 de enero se celebrarían en Jerusalén Este bajo los mismos principios que en 1996. Es decir, por mucho que chirríe en numerosos oídos intencionadamente taponados, en Jerusalén Oriental no se celebrarían, no se celebrarán mañana elecciones democráticas. Como ejemplo, una retahíla más que significativa de botones de muestra: Sólo 5.637 habitantes (la misma cifra que en 1996) de los 124.000 potenciales electores de Jerusalén Este podrán ejercer su derecho al voto en su ciudad. No lo harán en colegios electorales sino en oficinas de correos, abiertas porque el domingo es un día laborable en Israel y los ciudadanos tienen derecho a echar sus cartas, pagar sus recibos, realizar sus giros. Oficinas coronadas con su bandera de Israel y su estrella de David y vigiladas por policías israelíes, y en las que no podrán entrar, salvo que echen muchas cartas seguidas, los miembros de la CEC, ni los representantes de los partidos políticos, ni los interventores de los candidatos. Sí habrá observadores internacionales. Oficinas que se abren como cualquier día laborable no porque haya elecciones. De hecho, los colonos judíos que ocupan de manera ilegal Jerusalén Este pretenden abarrotar dichas oficinas, con la excusa de realizar sus correspondientes gestiones, para impedir el voto de los electores palestinos. Tampoco éstos depositarán sus papeletas españolas en urnas danesas. Las papeletas serán depositadas en una especie de buzón de correo, que ni siquie- ra tendrá su ranura como una urna cualquiera en la parte superior sino en un lateral. Acabada la jornada electoral, esas papeletas serán metidas en sacas de correos por funcionarios de correos como si de cualquier carta se tratara y serán llevadas en camionetas de correos a los límites geográficos del distrito de Jerusalén donde serán entregados a miembros de la Comisión Electoral Central. Sólo entonces, podrán comenzar a ser contados los votos El resto de los potenciales electores, de los 5.637 a los 124.000, podrán desplazarse al extrarradio de Jerusalén, donde se han habilitado 12 oficinas especiales, para depositar ahí su voto. Todo eso si el muro, los controles policiales y los demás obstáculos físicos propios de la ocupación lo permiten. Es decir, los palestinos de Jerusalén Los palestinos de Jerusalén que puedan votar en la ciudad santa lo harán como extranjeros en su propia ciudad, en su propio país que puedan votar en Jerusalén lo harán como extranjeros en su propia ciudad, en su propio país. Las anomalías del voto en Jerusalén Este no se quedan ahí. Tampoco en que la campaña no ha existido; en que los candidatos no han podido participar en mítines en la Ciudad Santa; en que el censo no ha podido completarse, entre otras cosas, porque la Policía israelí cerró las 6 oficinas constituidas para ello y detuvo a sus funcionarios en el mes de septiembre. Hay otro componente definitivo para que se pueda presumir una participación nimia (en el 96 sólo votaron 1.200 palestinos) mañana en Jerusalén: el miedo. Miedo a perder los derechos que los palestinos de la Ciudad Santa tienen respecto de los palestinos de Cisjordania y Gaza. Son emigrantes con derecho a residencia permanente que pueden perder si se ausentan 3 años. Miedo a quedarse sin seguridad social, sin trabajo en el sector público, sin ventajas en educación o guarderías. Temen perder todo eso si votan. Ante la duda se abstienen de hacerlo. Y eso que las grabaciones realizadas en 1996 por algunos soldados y policías israelíes con sus cámaras de vídeo en las oficinas de correo no fueron a la postre utilizadas. Al menos, que se sepa.