Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 8 1 2005 23 Catorce muertos y ochenta heridos en un choque frontal de trenes entre Bolonia y Verona Mahmud Abbas promete en su fin de campaña hacer de Jerusalén la capital del Estado palestino La insólita devastación de la ciudad apenas permite seguir la búsqueda de cadáveres unos metros más allá de los márgenes de la carretera, donde se extienden hasta el horizonte kilómetros de casas derruidas con sus habitantes dentro aún por rescatar Banda Aceh, misión imposible TEXTO: L. L. CARO ENVIADA ESPECIAL BANDA ACEH (INDONESIA) Rapiñadores de vasos, de alfombras, de cachivaches, de todo lo susceptible de venderse que quepa en un camión, se mezclan en el paisaje lunar del Banda Aceh destruido, con turistas de catástrofes que recorren el único camino posible, la vía principal despejada a golpes de excavadora, retratándose con la digital en el lugar de la devastación más grande jamás contada. Sin ningún pudor, las chicas por parejas hacen el camino en motocicleta sólo por mirar, eso sí, apretándose la mascarilla contra la boca bien fuerte para no tragar bocanadas de hedor. Hasta los soldados del Ejército indonesio aprovechan el rato entre viaje y viaje para recoger cadáveres echándose unas partiditas de golf, con un stick improvisado y una lata roñosa haciendo de pelota que despierta sus risas dislocadas cada vez que rebota entre los escombros. En este escenario de locos, que es el fin del mundo en cinemascope, unos y otros le han perdido el horror a los muertos. Quizás sea la única forma que han encontrado para evadirse de la realidad de que sus tareas de rescate y recogida de cuerpos no van a acabar nunca, de que más vale tomárselo con distancia, y si se tercia con un punto de guasa, que sucumbir al espanto absoluto que tienen alrededor. Quizás la sangre fría y la indiferencia- -de no mover ni un solo músculo de la impresión- -sea el único recurso que tienen los voluntarios de las brigadas de recogida, que sacan a tirones con sus propias manos cuerpos ahogados que ya están deshechos mirándo- Un grupo de indonesios hace cola en Banda Aceh para recoger agua les a la cara como el que mira una piedra. Luego toca meterlos en una bolsa negra de las de la basura, y entre tres llevar el peso hasta la carretera, donde ayer se llegaban a acumular hasta diez o doce bultos aquí y allá a la espera del coche escoba. Pero lo de Banda Aceh va a ser imposible. Pareciera que explicar que doce días después de la catástrofe se siguen encontrando muertos fuera un latiguillo fácil, pero lo cierto es que, haciendo honor a lo que pasa sobre el terreno, la tarea no ha hecho más que empezar. Si lo que el terremoto primero, y la ola después, borraron literalmente del mapa es una inmensa llanura de cinco ki- AFP lómetros de largo tierra adentro desde la playa y un ancho tal que la desolación sigue donde se pierde de vista, la búsqueda y recuperación de víctimas no ha profundizado aún más allá de treinta metros a uno y otro lado de la arteria que cruza semejante apocalipsis. La manta miserable que dejó el temblor se hunde entre charcas y lagunas de profundidad incierta Los muertos se están sacando todavía exactamente de debajo de las casas derrumbadas a la vera de esta única carretera del otrora elegante barrio de Punnge. Pasada esta primera línea, se extiende hasta el horizonte la zona cero. Un averno de cascotes de hormigon, de palmeras descuajadas, de coches más que reventados hechos alambres. En la parte más cercana a la costa, nada levanta más de un metro del suelo. Ni los cimientos, como si hubiera estallado encima una bomba nuclear. Es muy fácil ver cuerpos pudriéndose al sol. Y muy difícil acceder, porque la manta miserable que dejó el temblor se hunde entre charcas y lagunas de profundidad incierta del agua de mar que no volvió a su sitio. Agua estancada y verde y fétida, seguro llena de cuerpos sin vida que ni siquiera se pueden contar, y que impide adentrarse allí donde se antoja que hay pendientes más hombres, más mujeres, más niños, familias enteras. Todo está todavía por explorar. De si se llegará alguna vez- -y es Banda Aceh, no los núcleos que quedan fuera- -o si se tomará una medida más drástica ante la incapacidad para cribar tanta ruina, los voluntarios de la AMPi que se ocupa de los rescastes no saben dar cuenta. Se lo toman con mucha calma. Se ajustan los guantes de látex, encima los de goma roja bien atados con un plástico al antebrazo por lo que pueda pasar, y posan para los periodistas con la mascarilla bajada, que queda mejor en las fotos, antes de mirar alrededor para ver por dónde empiezan. EL SAMUR, EN INDONESIA JAVIER QUIROGA jefe de comunicaciones en Sumatra MORAL ALTA PESE A LAS RÉPLICAS El Samur. el servicio de emergencias del Ayuntamiento de Madrid, ha desplazado a Sumatra a un equipo de 50 personas, entre médicos, enfermeras, bomberos y técnicos de transporte, que han instalado dos hospitales de campaña con una autonomía para 15 días n los dos escenarios de la misión española en Sumatra tras el tsunami del 26 de diciembre hemos atendido hoy (por ayer) a unas 55 personas, entre heridos y enfermos. Estamos satisfechos porque, entre otras razones, hemos salvado a un hombre de 68 años que sufrió un infarto y hubiera muerto si no llega a ser atendido en nuestro hospital móvil instalado en la Facultad de Medicina de Banda Aceh. E Desde el pasado día 3 en que comenzó nuestra tarea, un equipo de cincuenta personas trabaja en el dispensario de la facultad y en el del aeropuerto, desde las 6: 30 de la mañana hasta las 9 de la noche. Son hospitales de campaña completos, con una autonomía para quince días de electricidad, agua, alimentos y medicinas proporcionadas por Farmamundi. El dispensario de la facultad se encuentra frente al deteriorado Hospital Provincial, en el que el día del maremoto 150 enfermos fueron arrastrados por el agua y más del 40 por ciento de su plantilla ha muerto o desaparecido. Soldados australianos lo están poniendo de nuevo a punto a marchas forzadas. La mayoría de los pacientes- -el 25 por ciento son niños- -acuden con heridas infectadas, diarreas, infecciones cutáneas y, sobre todo, en las vías respiratorias debido a la insalubridad ambiental. En nuestro hospital del aeropuerto somos los responsables de la clasificación, estabilización y tratamiento de los pacientes que trae en sus helicópteros el Ejército de Estados Unidos, procedentes de la devastada costa oeste de Sumatra, donde han dejado antes ayuda humanitaria. Entre Banda Aceh y Sibolga hay unos mil kilómetros de costa en los que han desaparecido pueblos enteros. En la ciudad de Meulabong, se estima que han muerto o des- aparecido 48.000 de sus 50.000 habitantes. Junto a los norteamericanos decidimos el lugar de evacuación de los pacientes: un campo de refugiados si su situación no es crítica o los hospitales de Banda Aceh gestionados por estadounidenses y australianos. Hasta el próximo día 10, esta va a ser la dinámica de nuestro trabajo, del que estamos muy satisfechos. También quiero destacar la amabilidad de los indonesios, cuando todos han perdido a alguien, y las buenas relaciones y coordinación entre los distintos países que están ayudando. Nuestra moral es muy alta, a pesar de las numerosas réplicas, que no son ni muy intensas ni muy largas. Los primeros días salíamos corriendo, ahora ya nos lo tomamos con más calma y hemos ensayado una evacuación dirigidos por cuatro bomberos de Córdoba, que han comprobado la solidez del edificio de la facultad y lo han saneado.