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ABC SÁBADO 8 1 2005 Opinión 5 Cercanías Frente alcontemplativo sosiego oficial, un destacado grupo de socialistas vascos, entre los que figura Rosa Díez, publicó ayer un comunicado en el que aplaude la claridad de José Bono al defender la Constitución en su discurso de la Pascua Militar. Contra la normalidad que administra el Gobierno, firmeza. Voz de alarma desde las cercanías de una crisis que no admite tanta indiferencia. La ambición amarilla Hasta no hace mucho eran los encargados de surtir de mano de obra, barata y accesible, a la industria occidental. Los chinos siguen conformando el mayor mercado laboral del mundo, pero su economía crece y se desborda hasta alcanzar a los grandes países, que asisten a movimientos como el que ahora protagoniza el grupo estatal petrolífero, interesado en adquirir la norteamericana Unocal y cerrar así la mayor compra de una compañía norteamericana por una empresa china. David contra Goliat, con subtítulos en chino. El papelón Aseguró ayer Jesús Caldera que no se aceptarán más reivindicaciones sobre el Archivo de Salamanca y, de paso, invitó al alcalde de la ciudad- ya tendrá cuidado dijo- -a acatar la decisión del Ejecutivo. No figura en la cartera de Caldera, como ministro de Trabajo, la polémica de los papeles del archivo; si habló como diputado por su provincia natal, aún peor, lo suyo es un auténtico papelón. AP Aristocracia vaquera. Coincidiendo con el sesenta aniversario de la boda de George y Barbara Bush, padres del actual presidente estadounidense, la familia al completo ha posado en uno de los salones de la Casa Blanca para inmortalizarse en una fotografía difundida el pasado jueves. Vestidos de gala y convocados para celebrar una cena familiar, los Bush se presentan ante la sociedad norteamericana como los nuevos representantes de la aristocracia política, a la manera de la ilustre saga de los Kennedy. Sin embargo, no faltó el detalle rural en tan cuidado retrato, que pusieron las vistosas botas de vaquero, estampadas con el escudo presidencial, que George W. Bush lució para la ocasión. NO SIN MIS BOTAS ROSA BELMONTE ICEBernhard Roetzel en Elcaballero que las opiniones de los entendidos están muy divididas con respecto a los zapatos de charol que hay que calzar con el esmoquin. Los más conservadores (y con más valor) se decantan por los pumps que son esa especie de manoletinas con un lazo de seda (los lleva Cary Grant en Indiscreta los menos atrevidos, por el típico zapato inglés de cordones (el Oxford) en charol. Y los más rompedores pueden usar los clási- D cos mocasines negros Gucci, aunque esto está considerado una extravagancia impropia de ambientes conservadores. ¿Extravagancia? No contábamos con la astucia de George W. Bush. Al grito de no sin mis botas, se pasa por el forro de las culturas cualquier convención referente alcalzado adecuado con la ropa de etiqueta. Bush es un vaquero nacido en Connecticut, un texano de adopción y de vocación. Y debe de estar convencido de que el de cowboy es el icono indiscutible de la nacionalidad estadounidense, de ese país que, como escribió Camba, ni siquiera tiene nombre decir los Estados Unidos de América es como decir el señor rubio que toma café en la primera mesa a la derecha del mostrador Y las botas, los atributos indispensables de una dimensión entre épica y cateta (a la par que licenciada en Yale) Estamos en territorio vaquero sin haber ido a El Corte Inglés. Qué demonios, no hay como acudir a un tópico de Flaubert: sólo con botas está uno bien calzado. A quien no podemos acudir es a Nancy Sinatra. Viéndolas detenidamente no parece que esas botas estén hechas para caminar. Para epatar, sí; para caminar, no. Unas botas vaqueras son incómodas y eso dice mucho del carácter de quien se empeña en calzarlas a la menor ocasión (son más de fiar las personas a las que les hacen daño los zapatos) Podría una preguntarse por qué se hace las fotos sentado si sabe que se le va a ver la caña. Pues por eso. Si no, no podría enseñar los enormes sellos de la Presidencia de los Estados Unidos estampados a la altura de las espinillas, donde los puntapiés. Pero el peor calzado no es el presidente de EE. UU. es el gobernador de Florida. No sólo lleva unos monkstrap totalmente inadecuados, sino que están gastados y sucios. Ahora, cómodos sí se ven. Vaya, pues éste va a ser menos de fiar.