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4 Opinión SÁBADO 8 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO LOS OBISPOS RECHAZAN EL PLAN IBARRETXE A nota de Prensa hecha pública ayer por la Conferencia Episcopal en relación con el plan Ibarretxe merece el elogio de los sectores más sensatos de la sociedad española. Mientras el Gobierno socialista reacciona de forma tibia y actúa en función de su estrategia partidista, la Iglesia habla alto y claro sobre un problema muy grave que no puede ni debe minimizarse, como pretenden Rodríguez Zapatero y un amplio sector del PSOE. Es imprescindible en la circunstancia actual que las instituciones que vertebran nuestra sociedad se pronuncien expresamente en defensa de la España constitucional, a la que desafía sin rodeos el aparente proyecto de reforma del Estatuto vasco, que encubre en rigor una alteración sustancial de la Constitución. En este punto incide con acierto la nota de los obispos, en términos análogos a los que habían anticipado en días anteriores monseñor Cañizares y monseñor García- Gasco. Es inadmisible en efecto, la pretensión de alterar de forma unilateral el ordenamiento jurídico en función de la propia voluntad de poder. Mucho más cuando se trata de la fórmula de convivencia adoptada por una sociedad pluricentenaria referencia ésta singularmente adecuada porque apunta al centro de gravedad del asunto: España es una de las naciones más antiguas y sólidas de Europa; no es, en cambio, como algunos pretenden, un Estado artificial, producto de la yuxtaposición de entidades dotadas de poder originario, libres por ello para asociarse o separarse a su propio albedrío. La apelación al documento de noviembre de 2002 sobre terrorismo y APOTEOSIS DEL CONSUMO L nacionalismo totalitario resulta muy significativa: en el plano moral no es admisible cualquier modo de propugnar la independencia y, más aún, la idolatría de la propia nación conduce a una perspectiva nihilista y anticristiana. Desde un punto de vista positivo, los obispos recuerdan que la Constitución es el marco ineludible de nuestra convivencia, fruto maduro de una voluntad común. No niegan la posibilidad de reforma, puesto que, como toda obra humana, no es perfecta pero toda propuesta de modificación debe respetar las formas y los contenidos derivados del ordenamiento vigente. Es una exigencia elemental en el plano jurídico y político. También lo es, como recuerda ahora el magisterio de la Iglesia, en el ámbito moral y del bien común Estas palabras precisas y rigurosas han sido descalificadas en bloque y sin matices por los partidos nacionalistas, incluido- -en primera fila- -el Partido Nacionalista Vasco, que no parece tener presentes las raíces democristianas de alguno de sus sectores históricos y que sólo acepta la voz de la Iglesia cuando considera que favorece sus posiciones, aunque sea de forma circunstancial. En todo caso, el conjunto de los obispos españoles ha sabido ejercer con prontitud y con firmeza su derecho y su deber de ilustrar a la sociedad sobre un asunto de tan graves repercusiones. He aquí una buena prueba del sentido de la responsabilidad que ofrece una institución que habla en nombre de muchos millones de ciudadanos, víctimas desde hace unos meses de una ofensiva laicista que- -paradójicamente- -invoca en falso el nombre de la Constitución. V EL GOBIERNO DESCANSA E L Gobierno de Rodríguez Zapatero se ha tomado al pie de la letra la política de tender puentes y decidió no celebrar ayer el Consejo de Ministros, al igual que la mayoría de los Ejecutivos de las Comunidades Autónomas, con independencia de su color político. Los expertos suelen hablar del estrés postvacacional y a partir de ayer tendrán que extenderlo al Gobierno socialista, porque es necesaria una explicación de este tipo para entender que Rodríguez Zapatero no haya reunido al Consejo de Ministros en este preciso momento. Ya es malo el ejemplo de un Gobierno que se toma puente. Malo es también que eluda dar a los medios de comunicación la opinión colegiada sobre los asuntos que hoy condicionan la vida nacional. Pero peor es que Rodríguez Zapatero ni siquiera haya apreciado la necesidad de que la primera institución política del país se haga ver en una coyuntura de máxima tensión política, en la que la presencia de las instituciones ante los ciudadanos está siendo cada vez más ineludi- ble. No fue éste el criterio que impuso el jefe del Ejecutivo para aprobar, a la segunda, el proyecto de reforma de los nombramientos judiciales, para lo que no dudó en convocar un Consejo extraordinario de Ministros de domingo para lunes. Prioridades de dudosa prelación, sin duda. Con gestos así, el Gobierno transmite una mala imagen, una falta de tensión en momentos complicados, que mejor es pensar que responde a un descuido y no a una voluntad premeditada de confundir a la opinión pública sobre la gravedad de la situación. Con un Gobierno que se toma puentes podría pensarse que las cosas no van tan mal. Tal vez sea ése el objetivo último del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero: trasladar a la sociedad española la idea de que los últimos acontecimientos políticos se enmarcan dentro de la más absoluta normalidad y que es mejor tomar distancia, física y temporal, de los problemas, sin precipitaciones ni reacciones desmedidas. El Gobierno descansa como si no pasara nada. UELVENlas rebajas y las colas ante los grandes almacenes. Aunque según el CIS sólo uno de cada cinco españoles admitesucumbir al reclamo consumista, la importancia social y económica de la temporada de rebajas es alta, tanta que su inclusión en el índice de precios provocó gran confusión y ha añadido volatilidad a un dato cargado de significado. Es, sin duda, el fenómeno social del mes de enero y cada español se gasta una media de 200 euros. Este año vienen cargadas de novedades y de polémica: se estrena la nueva ley de horarios comerciales, que en la práctica restringe el número de aperturas en festivos y ha obligado a recortar las horas que algunos establecimientos permanecen abiertos. Las cifras de algunas Comunidades Autónomas, en volumen de ventas y en márgenes comerciales, servirán también para alimentar la discusión sobre las consecuencias de las barreras impuestas a la extensión de las grandes superficies. Y para acabar de complicar el análisis, el calendario favorece el consumo al coincidir los primeros días de las rebajas con un largo fin de semana sin colegios. El comercio confía en que se confirmen los indicios de recuperación que se atisban en los datos disponibles de ventas al por menor y en el indicador sintético del consumo. También las cifras recientes de empleo en el sector del comercio en diciembre han sido positivas. Pero el año 2004 en su conjunto no ha sido tan bueno y la patronal del pequeño comercio adelanta una reducción de sus ventas del 2,6 por ciento. Los comerciantes encaran las rebajas con inquietud; han aumentado personal confiados en el repunte del consumo, pero la campaña de Navidad parece haber sido sólo notable. Por eso anticipan reducciones de precios superiores a las de otros años. Sobre todo en el textil, donde entra en vigor además una profunda liberalización de importaciones. Pero se temen los efectos de las llamadas de alerta sobre el excesivo endeudamiento de las familias. Las rebajas son un espectáculo público de la soberanía del consumidor, siempre limitada por restricciones y regulaciones que restringen su libertady que se amortiguan en esta época del año. Son también, precisamente por eso, denostadas por moralistas de toda índole, incapaces de entender lo que ya Keynes llamaba la paradoja de la frugalidad, que el consumo es el motor de la economía y del bienestar colectivo. Son también la mejor manera de poner a prueba los mecanismos que una economía social de mercado tiene para defender los derechos de losconsumidores frente a posibles abusos. Ojalá las rebajas sean un éxito y no haya que lamentar los aires proteccionistas impuestos desde visiones temerosas de la competencia, porque, como se dice en la jerga bursátil, un buen enero anticipa un año de mieles.