Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 7 1 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Vamos no se sabe dónde, si al federalismo, al pandemónium o a romper este puzzle recompuesto a veces con sangre, sudor y lágrimas EL MUÑECO HINCHABLE ESDE hace unos días me asalta un interrogante curioso: ¿Será Rodríguez Zapatero algo más que un muñeco hinchable? ¿No será más bien que alguien, desde las sombras de la alcoba política, lo infla y lo desinfla a medida de los acontecimientos? Este Zapatero, que empezó su ascensión tan modosito y modesto como la violeta que se casó con el rey clavel, ha terminado por ser perfectamente previsible en sus ademanes desatentos y prepotentes. Viéndole actuar en la política, parece que alguien lo hinchara para que represente el papel federalista de un Pi i Margall, un Salmerón o un Figueras que hayan nacido en Valladolid para no levantar sospechas. Ya lo han visto ustedes. Tal y como pronosticaba yo anteayer aquí mismo, ni pacto de Estado, ni rábanos en conserva, ni flores de Benamejí, ni naranjas de la China y limón poncil Ni hay pacto de Estado con los apestados del PP, ni hay Conferencia de Presidentes autonómicos, ni hay recurso ante el Tribunal Constitucional, ni se adelanta el debate en el Parlamento, ni se recibe al jefe de la Oposición ante un suceso de tanta gravedad como la aprobación del plan Ibarreche con votos etarras. No voy a presumir de profeta porque aquél era un pronóstico demasiado fácil. El propósito de Zapatero está tan claro que resulta transparente y perfectamente previsible. Adivinarlo no tiene mérito alguno, porque es evidente antes de empezar a mostrarse. Con el PP, ni a salvar la Constitución ni a preservar la unidad de España. Lo que hay que hacer con los populares es declararlos especie política a extinguir. Con quien han de pactar los socialistas es con los nacionalismos, y ahí es donde Zapatero adquiere su auténtico papel de muñeco hinchable. Ya habrán oído ustedes las palabras terminantes de Joan Puigcercós ante la propuesta de Rajoy de acordar un pacto para hacer frente al intento de desobedecer normas esenciales de la Constitución y convertirlas en letra muerta, y no sólo eso, sino comenzar el desmantelamiento de la unidad de España. Puigcercós plantea a Zapatero un dilema sin conciliación posible: O el frente nacional con el PP o la alternativa democrática La alternativa democrática son ellos, claro, que con un puñadito de votos, con los quatre gats separatistas y republicanos intentan- -y lo peor es que lo están consiguiendo- -dirigir el Gobierno de España. Para que no quede duda de la alianza de las fuerzas separatistas catalanas y vascas contra España y su Constitución, el secretario general de ERC añade: Si el PSOE no negocia el Plan Ibarreche se habrá acabado esta legislatura Más claro, imposible. Zapatero, o nos obedeces y te pliegas, o te echamos de La Moncloa Eso es mucho decir, porque alguna solución ha de haber para librarse del chantaje de esta gente, pero el caso es que hasta ahora, el muñeco hinchable obedece y se pliega, se deja inflar y desinflar sin un bufido. Ya iremos viendo cómo se desarrollan los acontecimientos por este camino que nos lleva hacia no se sabe dónde, si al federalismo, al pandemónium o a poner patas arriba este puzzle tantas veces recompuesto con sangre, sudor y lágrimas. Ya veremos hasta dónde quieren llegar los que mueven los hilos de Don Cristobita. D CARLOS HERRERA Todos los habitantes de la Barcelona de un mundo feliz, los que lloraron la muerte de Copito de Nieve, son los que ni siquiera se atreven a avergonzarse de que, desde su nombre, se menosprecie y se insulte como hace el portavoz EL ODIO DE PUIGCERCÓS C ON ese aire de mafioso de opereta que da el vestir corbata con camisa oscura, Puigcercós se ha asomado a sí mismo para bramar con el destemple propio del asiduo a los gintonics de garrafón. En ese arranque tan catalán de menospreciar todo aquello que es ajeno al diseño sentimental del terruño propio, el portavoz étniconacionalista ha adjudicado a Madrid, centro de todos sus odios, la característica social de sólo saber entenderse a tortas. Ahora dice él- -y los babeantes que siempre le excusan- -que se refería, en realidad, a los medios de comunicación de Madrid; pero no, no se refería a este columnista, por ejemplo, que ni es de Madrid ni vive en Madrid ni trabaja en Madrid: se refería, simple y llanamente a Madrid, ese totémico enemigo que todo lo pudre y que encarna en su seno paisajístico y humano todos los males. A Puigcercós le ha surgido, en un arranque que algunos gustan de calificar de inteligente el hutu que lleva dentro, el odio intestinal que alimenta a diario contra el que considera el peor pueblo de la tierra, esos tutsis que nada merecen sino desaparecer. La complaciente Prensa barcelonesa- -la misma que sigue rendida como en la época del alcalde Porcioles- -despacha el asunto asegurando que hay que desactivar la intencionalidad de sus palabras y que lo grueso de la sal de su verbo no es más que una pillería propia de un Dimoni Pelut Y así, de desactivación en desactivación, vamos cargando de pólvora la expresión hasta el estallido final. El odio de Puigcercós no varía mucho del de sus conmilitones independentistas. Todos los nacionalismos son iguales, especialmente en creerse diferentes, pero el de los independentistas vascos y catalanes conlleva, además, el odio que se expresa en el ojo teñido de sangre, aquél que es capaz de particularizar en cada uno de los habitantes de una ciudad símbolo- -como puede ser Madrid- -los males que políticamente se le adjudi- can. Insultar a Madrid sale gratis, como insultar a España. Es gratis, también, vejar a sus ciudadanos. Si un político madrileño tuviese la ocurrencia de decir que el único lenguaje que entienden los catalanes o los barceloneses son las tortas, y que además se las merecen, tendríamos organizadas ceremonias expiatorias por medio país. Al revés, en cambio, es posible. Todos los habitantes de la Barcelona de un mundo feliz, los que lloraron la muerte de Copito de Nieve, son los que ni siquiera se atreven a avergonzarse de que, desde su nombre, se menosprecie y se insulte como hace el portavoz. Ni un movimiento, ni una palabra. Todo el mundo quieto, que aquí hay que aplicar siempre el sentido común, la moderación, el no pasa nada. Entretanto, Rodríguez Zapatero ni se inmuta. Sigue con los gansos en Doñana haciendo la estatua. Empieza a recordarme a Kirchner. Como mucho suelta una arenga surrealista en una residencia de ancianos de Sevilla acompañado de Chaves, su otra estatua favorita, y se vuelve a dialogar con el lince. Ibarreche y Puigcercós han olido la sangre, como el tiburón, y quieren aprovechar hasta la última gota del hombre que sólo sabe decir yes Tal vez él confíe en que los de Esquerra no se atreverán a dejarle solo porque entonces se quedan sin la ubre que todo se lo concede, pero si lo hace corre el riesgo de que en un subidón de aguardiente se les exacerbe la rabia y tiren de un manotazo todas las fichas del tablero. Es decir: si las provocaciones calculadas para alimentar odio tribal que Puigcercós y los suyos sirven en bandeja cada mañana no se cobran pronto ninguna pieza, entonces acabarán con el sueño que le hizo confesar a Rodríguez aquello de Sonsoles, ¿te das cuenta de que cualquiera puede llegar a ser presidente de Gobierno? www. carlosherrera. com