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4 Opinión VIERNES 7 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO EL REY REAFIRMA EL ESPÍRITU CONSTITUCIONAL E L discurso de Su Majestad el Rey con motivo dela Pascua Militar inaugura deforma solemne un nuevo año político que viene marcado, como es notorio, por el plan soberanista aprobado hace una semana en el Parlamento vasco. Desde el equilibrio que define su tarea como árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones Don Juan Carlos ha reiterado su posición acerca del valor incalculable que ofrece nuestra norma fundamental, enla misma línea de otras intervenciones recientes, como el mensaje de Nochebuena. Pero estas palabras adquieren ahora una dimensión nueva porque el desafío que contiene el plan Ibarretxe se ha traducido ya en un proyecto de sedicente reforma del Estatuto (en rigor, una auténtica constitución encubierta alcanzado en virtudde una mayoríadeterminada por el brazo político de ETA. Conecta el Monarca con la inmensa mayoría de la sociedad cuando proclama el espíritu integrador dela Constitución, que es- -como dijo ante el Congreso con motivo de su XXV aniversario- de todos y para todos como producto de la Transición, etapa ejemplar de nuestra historia que ha servido para superar viejos rencores. más, el Rey ha puesto de relieve que, en nuestro caso, el sistema establece una avanzada articulación territorial a modo de merecido elogio del modelo autonómico vigente. Un modelo que sigue siendo válido y eficaz- -sin caer en la rigidez y el dogmatismo- -para conjugar los principios de unidad y pluralidad que la Constitución establece tanto en el artículo 2 como en el conjunto del Título VIII. Con la prudencia y mesura que distinguen siempre al Rey, se formula así de manera concluyente el punto de vista de la sociedad acerca de la necesidad de hacer frente al desafío, más allá de intereses de partido o de diferencias estratégicas (algunas muy serias, como es evidente) El discurso de Don Juan Carlos adquiere ahora una dimensión nueva por el desafío que contiene el plan sedicente de Ibarretxe El papel de las Fuerzas Armadas en el sistema constitucional fue objeto de una parte sustancial del discurso. Millones de ciudadanos comparten el elogio del Monarca hacia los militares que cumplen con brillantez su aportación a las misiones internacionalesde mantenimiento de la paz y de ayuda humanitaria. Buena parte del prestigio de España en el mundo deriva del valor y la profesionalidad de nuestros soldados en esas misiones. Llegan ahora tiempos de reforma para las FAS, a consecuencia de la nueva Directiva de Defensa Nacional y de las modificaciones anunciadas en materia legislativa y en la organiza- ción de los Ejércitos. Estamos en presencia de un asunto de Estado: nada más deseable, al respecto, que un pacto entre el Gobierno y el principal partido de la oposición, abierto al resto de los Grupos parlamentarios, evitando así el partidismo o la búsqueda de mayorías coyunturales. La apertura de las FAS al conjunto de la sociedad, que Don Juan Carlos destacó a propósito de la incorporación de reservistas, es una tarea pendiente, que se hace imprescindible en un momento delicado como consecuencia del proceso de profesionalización impulsado por el Gobierno anterior. Todo ello con un objetivomuy preciso: situar alos Ejércitosen condiciones de cumplir en plenitud las funciones que les atribuyen la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico. Q L A Constitución es, en efecto, el marco jurídico que permite que España siga progresando unida en democracia y libertad al tiempo que hace posible la convivencia y la modernización. Es importante destacar como centro y eje del discurso este principio de integración política, que los teóricos actuales de mayor relieve consideran laprincipal aportación del espíritu constitucional al equilibrio y la estabilidad de las sociedades desarrolladas. Ade- UISO también el Rey transmitir palabras de afecto y consuelo hacia las víctimas del maremoto en Asia y a todas las víctimas del 11- M y, en general, del terrorismo fanático. La especial emoción de Don Juan Carlos cuando ejerce su labor de mando supremo de las FAS demuestra la singular cercanía personal del Monarca, compartida por el Príncipe de Asturias, hacia la carrera militar y su vocación deservicio. Labrillantez delacto celebrado ayer en el Palacio Real es, en definitiva, reflejo de la sólida tradición que transmiten las instituciones más arraigadas en uno de los Estados nacionales más antiguos del mundo. El Rey, símbolo de la unidad y permanencia de ese Estado, expresa el deseo compartido por la gran mayoría de preservar los valores que han hecho posible el éxito de la España constitucional. VOCES EN EL PSOE L A opción de alargar los plazos relativos al debate sobre el plan Ibarretxe puede tener para el Gobierno y para el PSOE un efecto interno contraproducente, del que ya han aparecido los primeros indicios. El tiempo es un factor que los nacionalistas saben manejar bien. Más de tres años ha estado Ibarretxe viviendo políticamente a costa de su plan. Pero cuando además tienen la iniciativa, como en este caso, la respuesta de los partidos no nacionalistas debe basarse en la imposición de una estrategia propia. El Gobierno y el PSOE no lo están haciendo y dado que no tienen un discurso homogéneo, el paso de los días hará que afloren las divergencias que ahora sólo se hacen valer en voz baja. Ayer, ante su Majestad el Rey y ante el presidente del Gobierno, el ministro de Defensa, José Bono, volvió a asumir la representación de la visión nacional de su partido, al defender la soberanía del pueblo español frente a proyectos rupturistas. Como no podía ser de otra manera, este planteamiento del ministro de Defensa coincide con el criterio de la mayoría de los españoles, pero trasladado al terreno político sólo cabe comprobar su irrelevancia en la toma de decisiones del Gobierno y del PSOE. No es suficiente que Bono- -le guste o no, miembro de un Ejecutivo apoyado por Carod- Rovira- -aproveche cada evento militar al que acude para decir cosas que cuentan de antemano con amplio respaldo. Lo importante es que si Bono y otros dirigentes del socialismo español piensan realmente que la soberanía es del pueblo español, que la unidad de España es indisoluble y que no hay más Nación que la española, algo tendrán que hacer para corregir la trayectoria política de un Gobierno que tiene como aliado parlamentario principal a un partido- -ERC- -declarada y hostilmente independentista. Defender la Constitución y alabar a ERC como socio es una contradicción sostenible por la debilidad política del Gobierno, expuesta en estado puro en la autocorrección que se impuso José Blanco, secretario de Organización del PSOE. Primero advirtió a ERC de que, si amenazan con romper la colaboración con el Gobierno, éste se buscará otros socios; y luego hizo de esa colaboración un dechado de virtudes, tratando a ERC como el gran apoyo del Ejecutivo socialista. Este doble mensaje para mantener una actitud de firmeza ante un partido que la merece sin reserva ni matiz es lo que socava el crédito del Gobierno ante cualquier encrucijada en la que haya que definirse sin ambigüedades. Las palabras de Bono y de Blanco son la metáfora de la dispersión de intereses que atenaza al PSOE y que puede llevar a este partido a una situación en la que cada cual busque salvarse de la quema asegurada por las peligrosas relaciones con las nacionalistas. Ante este panorama, se impone la necesidad de un acuerdo de Estado sobre España en el que los dos grandes partidos, PSOE y PP, tiendan puentes y afronten el desafío planteado por el Parlamento vasco con la altura de miras que la ocasión demanda. Al Gobierno socialista le corresponde la tarea de responder al órdago lanzado por el PNV, con el apoyo de Batasuna ETA, otorgándole a la Constitución el valor que merece como instrumento integrador y de defensa ante la ofensiva nacionalista.