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58 Tribuna JUEVES 6 1 2005 ABC P LANTEA el partido gobernante con prisas, que parecen querer eludir cualquier debate serio o posicionamiento crítico, y como opción única, que excluya otras posibles, en el anteproyecto de reforma del Código Civil aprobado por el Consejo de Ministros de la primera semana de octubre, el derecho a contraer matrimonio entre sí las parejas del mismo sexo, así como el de adoptar hijos, como salida a una demanda y realidad social incuestionable. Sin ponderar argumentos de peso jurídico y moral que abonan la posición contraria y sin valorar la repercusión negativa que en la familia, principio rector de la sociedad constitucionalmente protegido, puede tener tal medida. Se pretende atender con esta iniciativa las reivindicaciones de un sector que reclama equiparar sus derechos a la convivencia con los de los matrimonios heterosexuales, digno de ser escuchado, pero sin considerar a la vez las opiniones de los sectores, más numerosos sin duda, que no piensan que la solución a dichas reclamaciones tengan que pasar necesariamente por la apropiación de la institución matrimonial, cambiando los principios científicos y tradicionales por los que, desde el principio de los siglos, ha sido considerado el matrimonio como la unión estable de un hombre y una mujer sobre los cuales se asienta la familia nuclear, cuya estabilidad y efectos derivan a la sociedad en general más allá de los intereses respetables, pero subordinados, de la propia pareja, y que por razones de política social y orden publico amparan las Constituciones modernas. La diversidad de sexo se halla en la propia naturaleza de las cosas, como puede deducirse del código civil, artículo 66- 67, pues de lo contrario, ¿dónde estarían los límites? ¿también podrán contraer matrimonio los parientes en línea recta por consanguinidad? ¿habría que admitir la poligamia? etc. Para la sociedad en general, como para la comunidad jurídica en particular, el matrimonio sólo ha venido siendo concebido entre un hombre y un mujer, cuya definición no obedece al azar sino a la dualidad de sexos que caracteriza nuestra existencia y la perpetuación de la especie humana, y a esa idea responden los códigos civiles del mundo occidental, salvo las recientes modificaciones al respecto, largamente discutidas, de Holanda y Bélgica, encontrándose el tema en debate más de un año en Alemania. Mientras que la Francia laica, capitaneada por MATRIMONIO ENTRE PAREJAS DEL MISMO SEXO Y CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA JOSÉ T. BERNAL QUIRÓS Jurista Las demandas sociales no tienen un único camino, pudiendo ser encauzadas con alternativas respetuosas e imaginativas compatibles con el bien común conspicuos representantes socialistas, como Jospin, se manifiesta cauta en dar ese paso sin que tenga lugar un largo debate, y el resto de países vecinos no ven justificación al respecto para tan radical cambio no obstante la sensibilidad social ante el problema, que puede encontrar salida por las situaciones legales de convivencia. Los propios socialistas españoles cuando se retiraron del Gobierno en 1994 se manifestaron contrarios a tal iniciativa y ni siquiera intentaron resolver legalmente la situación de las parejas de hecho, reguladas después por sólo determinadas Comunidades Autónomas, e incluso en alguna ocasión, a través de instituciones del Estado como la dirección general que tiene a su cargo el Registro del Estado Civil, hicieron manifestación de clara oposición al matrimonio de los homosexuales. Así en las resoluciones de 21 de enero de 1988 y 2 de octubre de 1991 abordando el tema, desde un punto de vista estrictamente jurídico, sin otras consideraciones éticas o sociológicas, se rechazó abiertamente la posibilidad del matrimonio, alegando que el derecho reconocido por el artículo 32 de la CE al hombre y a la mujer para contraer matrimonio no autoriza a concluir que, al haber omitido la expresión entre sí permita el matrimonio entre personas del mismo sexo y que es significativo que a diferencia de otros preceptos relativos a derechos y libertades fundamentales, que utilizan formas impersonales, como todos o toda persona en este articulo se preocupa el le- gislador de precisar sólo el hombre y la mujer como titulares del ius nubendi Criterio que tiene su amparo en los Tratados Internacionales ratificados por España, como el convenio de Roma de 4 de noviembre de 1950, artículo 12, y el artículo 23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Nueva York de 19 de Diciembre de 1966. Y que ha sido confirmado por el tribunal Europeo de Derechos Humanos en sentencias de 17 de octubre de 1986 y 27 de noviembre de 1990. Interpretación que viene a corroborar el artículo 39,2 de la propia CE, destinado a la protección jurídica y social de la familia, cuando al contemplar la protección que deben desempeñar los poderes públicos la refiere, además de a los hijos, de una manera explícita también a las madres, reconociendo el derecho a la investigación de la paternidad. Como únicos integrantes de la familia nuclear. Sin embargo ahora, el partido socialista, cambiando su criterio anterior, defiende el amparo constitucional de la reforma, y hace suyo el argumento de que de otra forma se inculcaría el principio de igualdad y de no discriminación por razón de sexo del artículo 14 de la CE, y olvida la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, desde la Sentencia 75 83, y la del Tribunal Supremo, según las cuales para que tal inculcación se diera sería preciso que el principio de igualdad operase dentro de la propia situación de hecho, siendo una opción del legislador la de dar tratamiento diferenciado cuando resuelve situaciones diferentes, correspondiendo el calificativo de diferenciada a la situación de relación homosexual, objetivamente diversa de la heterosexual. Lo cual no excluye, como reconoce la misma jurisprudencia, el reconocimiento de los eventuales efectos jurídicos de todo tipo que pudieran derivarse de una unión homosexual estable. Cuya situación es, hoy en día, un hecho generalmente aceptado en las sociedades democráticas modernas, en respeto al derecho a la libertad de opción, debiendo reglarse los derechos civiles de tal convivencia, sucesorios, laborales y fiscales, a través de preceptos legales equiparables, pero sin necesidad de identificarla exactamente con la institución matrimonial, bastando con configurarla como una situación de convivencia estable análoga, en la que se contemplen las demandas de los grupos interesados, pero sin apropiación ni confusión con la relación matrimonial. Del mismo modo que conviven hijos consanguíneos y adoptivos, en igualdad de derechos, pero sin confusión de conceptos. Tal regulación sólo exige un trabajo más detenido del legislador. Esta posición intermedia no sólo evitaría radicalismo y posicionamientos socialmente enfrentados, sino también, habida cuenta el alto componente religioso, por principios e historia, de la institución matrimonial (el ochenta por ciento de los matrimonios que se contraen en España son religiosos) que pudiera imputarse a los poderes públicos que la modificación pretendida en el matrimonio se esté ejecutando por el Gobierno sin tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española, protegidas constitucionalmente por el articulo 163, las cuales no quedarían respetadas sólo por el argumento simplista de que a nadie se le impone la nueva modalidad de matrimonio. En cuanto a la posibilidad de adopción conjunta de hijos por personas del mismo sexo, no sólo faltan estudios suficientes y debidamente experimentados para sacar conclusiones definitivas que eviten perjuicios irremediables para la parte más débil, sino que se olvida, sin fundamento, que la adopción no es tanto una figura para satisfacer el deseo de los adoptantes, como un derecho y mecanismo de protección de los adoptados, para su mejor desarrollo integral, cuya defensa está también impuesta por el artículo 39.2 de la CE. a los poderes públicos. Pareciendo imprescindible conocer la opinión de los menores, cuyo uso de razón lo permita, sobre el particular, como la propia Ley del Menor propone en sus normas. Todas estas observaciones debieran invitar a un debate reflexivo, en el que se pondere adecuadamente que la verdad o falsedad en asuntos de la moral y de la ciencia no depende sólo de las mayorías, y que las demandas sociales no tienen un único camino, pudiendo ser encauzadas con alternativas respetuosas e imaginativas compatibles con el bien común, la tradición y las creencias religiosas de la sociedad, cumplidamente protegidas en nuestra Carta Magna. AS pirañas son unos peces de muy malas pulgas que habitan en los ríos y lagunas suramericanas. Tienen la cabeza roma y una boca erizada de dientes triangulares. No son grandes, por lo general miden unos veinticinco centímetros de largo, pero son tan voraces que pueden dejar una vaca reducida a su esqueleto en cuestión de minutos. Hace ya algunos años tuve la oportunidad de ver pirañas en un acuario instalado en el vestíbulo de un hotel zaragozano. Cuidado en que no se escapen al Ebro le dije al camarero. Aquellas inquietantes criaturas no hacían alarde de su impresionante dentadura- -por lo menos, no recuerdo que me enseñasen los L A PROPÓSITO DE PIRAÑAS JAVIER TOMEO Escritor dientes mientras las estuve contemplando- -y vistas a través del cristal no parecían peligrosas, pero lo cierto es que aquella tarde ninguno de los botones que bostezaban en el vestíbulo del hotel se atrevió a meter la mano dentro de la pecera. -Así son también algunas especies de hombres- -me dijo Ramón, que ya en aquellos tiempos aprovechaba cualquier oportunidad para dárselas de filósofo. Como esas pirañas, tampoco parecen peligrosos, pero ocultan las peores intenciones y cuando les parece que ha llegado el momento oportuno nos clavan el diente sin piedad. Mi amigo, obviamente, hablaba en sentido figurado; pero mucho después de aquel día, cuando aquellas pirañas zaragozanas y tantas otras cosas ya se han convertido en polvo, leo que en el Brasil están promocionando como merienda escolar una sopa instantánea de pirañas de alto valor nutritivo. -Sobre todo, es una sopa de muy bajo coste, habida cuenta de la abundancia de pirañas- -dicen, Coste es una de las palabras mágicas para entender nuestro tiempo. Otra podría ser productividad. Sin ellas, apenas podríamos entender lo que está ocurriendo en este mundo. Lo único que nos cabe esperar ahora es que la agresividad de las pirañas no se transmita a los tiernos colegiales.