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ABC JUEVES 6 1 2005 23 Tres millones de palestinos, refugiados o encarcelados, no tendrán derecho al voto en las presidenciales George W. Bush afronta, en su segundo mandato, el reto de reducir el desbocado déficit estadounidense Cooperantes, funcionarios y periodistas se agolpan en el aeropuerto de Medan para llegar a Banda Aceh. En la terminal militar, la ayuda humanitaria es cargada en aviones que despegan, uno tras otro, rumbo al incierto lugar del seísmo La antesala del apocalipsis TEXTO LAURA L. CARO. ENVIADA ESPECIAL FOTOS: AP Toque de queda para los menores de edad L. L. C. MEDAN. El temor a que los niños que han quedado huérfanos en la provincia devastada de Aceh acaben en manos de secuestradores dispuestos a todo ha llevado al Gobierno de Indonesia a imponer un toque de queda por el que los menores de 16 años deberán estar acompanados a partir del anochecer. Aunque por el momento no existen casos confirmados, prevalece la sospecha de que en las zonas afectadas por la catástrofe operan mafias interesadas en capturar a pequeños a fin de venderlos para el mercado de órganos o la prostitución. La medida adoptada por el Ejecutivo indonesio choca, no obstante, con la realidad caótica de una región donde muchos niños simplemente no tienen quien les acompañe. Paralelamente, la Unicef ha expresado su preocupación por la aparición de lo que ha dado en llamar una generación tsunami o, lo que es lo mismo, una cantidad ingente de niños y jóvenes que van a crecer desprovistos de familias y acuciados por el trauma del desastre, el caos, la enfermedad y el hambre. MEDAN. Hasta el cielo pinta oscuro como boca de lobo para despedir a los aviones que salen hacia Banda Aceh desde el aeropuerto operativo más cercano, el de Medan, convertido en la antesala de un apocalipsis al que intentan llegar en avalancha funcionarios, cooperantes y nubes de periodistas que todavía no conocen lo que se van a encontrar. Lo del nublado persistente sabe ya a mal presagio, pero peores son las noticias que llegan de la provincia devastada por el terremoto del último domingo de diciembre. Noticias que recomiendan, bajo riesgo de tener que darse la vuelta, llevar encima agua, alimentos y medicinas, todo para consumo propio, amén de sacos de dormir, a ver si hay suerte y queda algún rincón bajo algún techo. El aeropuerto, donde hasta hace semana y media aterrizaban apenas tres vuelos por jornada, es sólo un hervidero de pasajeros rumbo al maremoto que agotan esfuerzos por una plaza- -ayer estaba todo vendido para tres días- -y horas en tierra firme como si fueran las últimas en el purgatorio. Junto a la terminal, aviso para navegantes, una voluntaria reparte mascarillas desechables- -de cuatro en cuatro- -a los que van a embarcar y el de la ventanilla de inmigración advierte que a nadie se le olvide un gorro de plástico para el pelo. Más allá, en la cola para facturar en el vuelo de las aerolíneas estatales (Garuda) los de la televisión australiana se preguntan unos a otros si compraron las pastillas profilácticas contra la malaria. Y va a ser que no, se dan a entender, mientras el que lleva los billetes comprueba que tiene a mano el blue- book pasaporte imprescindible para acceder al desastre, que el Gobierno indonesio entrega a cambio de fichar a los medios y así saber bien a quién deja entrar. Toneladas de ayuda Medan es la puerta al incierto Aceh. Puerta también de salida de toneladas de ayuda humanitaria, que por la mañana se acumulaban en el hangar del aeródromo militar, pegado al civil, por el retraso de la jornada del martes, cuando ningún avión pudo llegar a Banda por el accidente allí de un 737. Toca, pues, sobredosis de trabajo, agilizar faena para meter los palés con cajas de noddls tiendas de cam- Cinco potabilizadoras de agua traídas por Cruz Roja de Madrid y Castilla- La Mancha esperan destino paña, leche, sábanas de rayas, docenas de fardos de ropa, sacos de arroz y máquinas eléctricas de cocer arroz en las barrigas de los Hércules y de los helicópteros de los marines, que calientan motores ansiosos por despegar. A la espera están allí cinco unidades potabilizadoras traídas por Cruz Roja española, con sus pegatinas de Junta de Castilla- La Mancha y de la Comunidad de Madrid En el hangar de los palés se suda a chorros sólo con entrar, y los que aguantan el tipo son los soldados del Ejército indonesio, que arrastran, suben y bajan bultos también en un camión, que se van a atrever con las once horas de viaje por carreteras que hasta hace dos días eran una trampa inundada. Trabajan como autómatas, ajenos al bochorno de tormenta que tiene a más de uno de la Armada norteamericana desmayado. La atmósfera, con el rugir de los motores, es agobiante y los muchachos que no están acostumbrados aprovechan los minutos entre carga y carga tumbados sobre las bolsas de ropas, con los brazos sobre la cama cocidos a picotazos a saber de qué. Canalizar a los refugiados La despensa que va camino de Aceh- -tan inmensa, tan insuficiente- -tiene vida propia, pero fuera todavía hay más. Se han organizado poskos bajo toldos sujetos con cuatro palos para contar bien lo que entra y lo que sale, recibir a los que vienen con un problema y canalizar refugiados que se traen de vuelta los aviones después de descargar. La llegada a Medan de vecinos de la provincia que la naturaleza ha borrado del mapa tiene un significado de desesperación añadido al que les empujó a huir del drama. Es el que les produce tener que pisar el suelo de los infieles indonesios, que desde antiguo aplastan su lucha en pos de un estado independiente islámico. Poco le importa ahora la política a Isui Saful, uno de entre la treintena de personas que han escapado del escenario del seísmo y que ayer aguardaba en una carpa de la terminal militar a poder reunirse con lo que queda de su familia. la de fuera de Banda Aceh, que a la de dentro se la ha tragado la tierra. Me gustaría que estuvieran vivos, pero no tengo esperanza dice en un inglés dificultoso con el que añade a duras penas que tiene 23 años, y 10 su hermano Faisal, descalzo, al que tiene cogido de la mano, y que está triste, pero ya pasó el miedo. Ahora, se siente a salvo en el aeropuerto, al otro lado del apocalipsis. AP Europa guarda tres minutos de silencio BRUSELAS. Los europeos guardaron ayer tres minutos de silencio en recuerdo de las víctimas del maremoto que asoló el sureste asiático. Autoridades, instituciones y ciudadanos de los países europeos secundaron la convocatoria, una iniciativa de la presidencia luxemburguesa de la UE y de la Comisión Europea. Trabajadores y diplomáticos de todas las instituciones de la Unión se congregaron en el barrio europeo de Bruselas (en la imagen) Instituciones y ciudadanos españoles se unieron también a este acto.