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ABC JUEVES 6 1 2005 Opinión 5 Mano dura En una entrevista que publicamos en Nacional, el director general de Tráfico, Pere Navarro, hace balance del pasado ejercicio e insiste en la política de sanciones y la consideración penal de ciertas infracciones como medios para seguir reduciendo la cifra de víctimas de la carretera, que en 2003 se cobró 3.516 vidas. Cualquier medicina es buena, por amarga que sea, si es capaz de frenar la epidemia. Territorios Tras concluir su tramitación en el Parlamento de Vitoria, el Plan Ibarretxe comienza a desplazarse de escenario y desarrolla, como ecos, tramas paralelas, alguna tan singular como la que protagoniza ERC, formación cuyo secretario general, Joan Puigcercós, no dudó ayer en amenazar públicamente a Zapatero con retirarle su apoyo parlamentario si el PSOE pacta con el PP un acuerdo contra el texto del lendakari. Así de simple. El Plan Ibarretxe va de camino, pero, a los lados, cada uno marca y pisa el territorio donde quiere estar durante la crisis. ERC, por si había dudas, se queda donde estaba. Hoja de cálculo El presidente estadounidense, George W. Bush, se dispone a enderezar el rumbo de las deterioradas cuentas públicas norteamericanas, en números rojos desde hace meses, con un ambicioso programa de rebajas y recortes. Bush, que ganó las elecciones de noviembre pese a los enormes agujeros de la caja federal y con uniforme de soldado, saca la calculadora del cajón. Aún hay tiempo. IGNACIO GIL Una bici, un penalti y tres puntos por Reyes. El Real Madrid aprovechó ayer de manera espectacular los seis minutos que restaban de su partido de Liga con la Real Sociedad, suspendido con 1- 1 en el marcador tras recibirse una amenaza de bomba en el Bernabéu. En el estreno de Luxemburgo como entrenador, el conjunto blanco acorraló a los donostiarras desde el comienzo y acumuló hasta cuatro ocasiones de gol. Después apareció Ronaldo, protagonista de una jugada, con bicicleta incluida, que terminó en penalti (en la imagen) transformado después por Zidane. Los tres puntos del minipartido de los seis minutos se quedaban finalmente en Madrid. EL PIANISTA NUNCA DA VUELTAS AL PIANO ENRIQUE ORTEGO U N buen día, en plena pretemporada en Jerez, allá por el mes de julio, después de una paliza física en la que casi echa el bofe de tanto dar vueltas al campo y una buena ración de abdominales, lumbares, dorsales, oblicuos, flexiones y extensiones, Ronaldo caminaba renqueante por una sala del hotel donde casualmente había un piano. A su lado pasó Camacho, que le susurró en broma algo sobre su evidente cansancio; el brasileño se le quedó mirando y con esa sorna simpática que le caracteriza le espetó a la cara que él no había visto nunca a ningún pianista que preparase sus con- ciertos dandos vueltas al piano. Por eso, ni entonces ni ahora, que ha llegado su amigo Luxemburgo y le ha sometido a palizas parecidas que le han retratado públicamente por no soportar el ritmo de sus compañeros en la carrera continua, termina de comprender por qué un futbolista tiene que dar vueltas al campo para entrenarse. Lo suyo, siempre lo ha dicho, es jugar, no ensayar. No comprende un ejercicio físico en el que no exista un balón de por medio. En su caso, incluso, se acepta más que nunca el popular dicho de que correr es de cobardes Él no necesita la resistencia del fon- dista para explotar el don natural con el que vino al mundo. Estando medio bien físicamente, le vale con su velocidad innata y su calidad técnica individual para ser único, diferente, dispar, especial, desequilibrante, particular, exclusivo y peculiar. Si había un jugador que podía decidir un partido de seis minutos era él. Sólo necesitaba tener una oportunidad de explotar su singularidad y antes de controlar aquel balón llovido del cielo ya estaba maquinando su maniobra letal, ya estaba empapelando el regalo de Reyes que querían todos los madridistas. Es Ronaldo. Un pianista.