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ABC JUEVES 6 1 2005 La Tercera LAS FUERZAS ARMADAS EN LA ESPAÑA CONSTITUCIONAL A España constitucional ha extendido sus perfiles y contenidos a la totalidad de Instituciones y Administraciones que entretejen nuestro conglomerado político- organizativo, y cómo no, también a nuestras Fuerzas Armadas. Éstas forman parte simultáneamente del objeto nuclear de la mejor España del siglo XXI, al tiempo que se estructuran y despliegan sus funciones dentro de lo preceptuado en la Constitución. En efecto, la primera circunstancia que reclama nuestra atención es su explícita constitucionalización (artículo 8) y su correlativo y pronto desarrollo legislativo (Ley Orgánica 6 1980, de 1 de julio, modificada por la Ley Orgánica 1 1984, de 5 de enero, por la que se regulan los Criterios Básicos de la Defensa Nacional y la Organización Militar) La Constitución española, a semejanza de la alemana o la portuguesa, delimita expresamente el papel de los Ejércitos. Y así el citado artículo 8.1 prescribe que Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional Una atribución, Defensa y Fuerzas Armadas asignada con exclusividad al Estado (artículo 149. 1. 4) De lo afirmado se deduce su segunda característica. Nos referimos a su novedosa designación, una cuestión que denota una sustancial variación de su naturaleza más allá de la habitual expresión de los Ejércitos. Una precisión semántica emprendida en la Constitución de 1812 y concluida en la Constitución de 1978. De las denominaciones de Fuerza militar nacional del constitucionalismo gaditano, o de Fuerzas Armadas de la Nación de la Ley Orgánica del Estado de 1967, se ha dado paso, por lo tanto, a la más depurada de Fuerzas Armadas. Del Poder Militar hemos llegado a la Defensa Nacional. Una sustitución nominativa que encierra una voluntad reflexiva con un doble significado: a) De un lado, éstas ya no se conforman como una simple Administración, sino que desean identificarse con el mismo pueblo español, y de ahí su conexa regulación, dentro del Título Preliminar de la Constitución, con los partidos políticos (artículo 6) y sindicatos y asociaciones empresariales (artículo 7) Por ello, aunque se engloban, como Administración militar, en la Administración del Estado, son, tanto por razones constituyentes como constitutivas, más que una estricta Administración; b) Y, de otro, han asumido la función, además de la preservación de la soberanía del Estado y su integridad territorial, de resguardar el ordenamiento constitucional. Desde tales premisas las Fuerzas Armadas cumplen tres funciones. La primera, y más inveterada, la garantía de la soberanía e independencia de España. Como señalaba ya Maquiavelo en el proemio del Arte de la Guerra, Serían vanas todas las providencias para que los hombres vivan temiendo a Dios y a las leyes, si no se hallara preparada su defensa por la Milicia O, en palabras del bondadoso Discurso Preliminar de la Constitución de Cádiz, El Ejército permanente debe considerarse principalmente para la L Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional defensa de la Patria en los casos ordinarios de guerra con los enemigos Un mandato que no se contrapone, por lo demás, con el Preámbulo constitucional en favor de colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra ni con la Carta de las Naciones Unidas, que constriñe la defensa como un fin disuasorio y de no agresión. La segunda de sus funciones es la de defender la integridad territorial. Una habilitación, inspirada en la Ley Adicional a la Constitutiva del Ejército de 1889 y en la Ley Orgánica del Estado de 1967, dotada de una doble proyección. Una dimensión interna, que imposibilita toda secesión o fragmentación del territorio. Y otra faceta externa, que impide cualquier violación exterior. Como explicaba Múgica Herzog durante el proceso constituyente, la que procede de que un poder extranjero no podrá agredirnos impunemente con el propósito de apropiarse de parte del territorio nacional, y la que se deriva de la firme voluntad de la gran mayoría de los ciudadanos que habitan las comunidades que integran España, de seguir siendo españoles- -vale recordarlo ante el abierto desafío a la legalidad constitucional por parte del nacionalismo más exacerbado y desleal- -con todas sus consecuencias Un atentado a la integridad territorial llevaría aparejada, en suma, una violación del ordenamiento constitucional, ya que el artículo 2 de la Constitución establece que ésta se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española Y es que la Constitución, como ha aseverado el Tribunal Constitucional, parte de la unidad de la Nación española... cuyos poderes emanan del pueblo español, en el que reside la soberanía nacional. Esta unidad se traduce así en una organización- -el Estado- -para todo el territorio nacional (STC 4 1981, de 2 de febrero) Sin embargo, la defensa del ordenamiento constitucional es su más novedosa atribución, convirtiendo a las Fuerzas Armadas, decía Herrero de Miñón, en uno de los grandes pioneros del ordenamiento constitucional Aunque nos referimos, claro está, a una defensa material o física de la Constitución, toda vez que la jurídica la realiza prioritariamente el Tribunal Constitucional (artículo 1 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional de 1979) y en cierto modo también los órganos judiciales ordinarios (artículos 5 y 6 de la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985) Unas funciones, todas ellas, plegadas al principio de legalidad (artículo 103. 1) y a la dirección del Gobierno (artículo 97) ya que el papel del Rey es, salvo casos de extraordinaria gravedad, de naturaleza simbólica u honorífica (artículo 62. h) Ahora bien, sus labores desbordan en la actualidad, los españoles lo sabemos bien, las funciones descritas. En la esfera doméstica, siempre tan cercanas a la sociedad civil, cumplen impagables quehaceres en la prevención y asistencia social en los casos de grave riesgo, catástrofe o calamidad. Y qué decir de la perspectiva internacional, generosamente comprometidas con las acciones humanitarias y con la tutela del orden internacional bajo mandato de Naciones Unidas (Bosnia, Afganistán o Haití) habiéndose integrado activamente en la estructura del Tratado del Atlántico Norte y de la Unión Europea, transformadas de esta suerte en encomiables instituciones de Derecho internacional. Unas Fuerzas Armadas configuradas hoy, en consecuencia, tanto sobre el consustancial respeto a los principios de profesionalidad, unidad, disciplina y jerarquía como sobre su contrastado espíritu democrático, su intachable neutralidad política y su leal subordinación al poder civil. No hay duda de que la petición de Don Juan Carlos en el Discurso de la Pascua Militar de 5 de enero del año 1979, el primero tras la aprobación de la Constitución, se ha cumplido con creces: Mi deseo es que todos sirváis a ese pueblo, con el supremo objetivo de lograr la seguridad de la patria, encerrando también en lo más íntimo de vuestros corazones los sentimientos y las opiniones políticas generales, poniendo todo vuestro entusiasmo y vuestra fe en vuestros superiores y en España PEDRO GONZÁLEZ- TREVIJANO Rector de la Universidad Rey Juan Carlos