Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 5 1 2005 23 Mahmud Abbas acusa al enemigo sionista de matar a seis palestinos de una misma familia en Gaza El presidente Kirchner rompe su mutismo, vuelve a Buenos Aires y presenta sus condolencias EPA Turistas extranjeros pasean por la playa de Patong, en Tailandia, mientras unos soldados limpian la zona AP El nivel del mar descendió más de un kilómetro VILAGARCÍA DE AROUSA. José Padín Abal y Pía Padín Stutz, un matrimonio de la localidad pontevedresa de Villagarcía de Arosa, paseaban por la playa de Phang- Nga cuando vieron cómo, en unos minutos, el nivel del mar descendió más de un kilómetro... Se veía a los peces saltando sobre la arena y, en poco tiempo, dos fragatas que se avistaban en la distancia comenzaron a elevarse al crecer repentinamente el nivel del agua explica José. De repente, la policía empezó a pedir a la gente que saliese del agua señalando al horizonte, donde sólo se veía una gran ola y el mar cubierto de espuma relató el matrimonio a EFE. Fue entonces, al ver tan cerca la catástrofe, cuando cogí a mi mujer y huimos hasta un edificio en construcción que había en las proximidades Cuando regresaron a la playa, José recuerda que la gente corría por todas partes. Yo logré sacar a un niño del agua y a dos mujeres, pero una tercera se me escapó de las manos lamentó. Los turistas europeos regresan a la playa de Patong, donde el maremoto causó 300 muertos, pero respetó los hoteles. Su vuelta alivia la economía de los tailandeses, la de los empleados de la gran industria de vacaciones, que temieron que la ola arrastrara también su medio de vida Escenas de playa con ruina al fondo TEXTO: L. L. CARO dicamentos a miles de personas hambrientas y sin hogar. Así las cosas, por el momento, el número de muertos confirmados en este desastre se aproxima a los 146.000. La OMS, por su parte, evalúa en 500.000 el número de heridos y teme una catástrofe sanitaria si no se restablece rápidamente el acceso al agua potable. Los turistas europeos no renuncian al sol del paraíso roto. Llamamos antes de venir y nos contaron la verdad: que hay destrozos, pero que se van limpiando. Ya estaba todo pagado, ¿vamos a arreglar algo quedándonos en casa? Antón se descalza para entrar a la playa de Patong, tubo de protección solar en mano mientras Filip le toma la delantera y asiente mientras se desabrocha la camisa echando un vistazo indiferente al tendido, donde entre los amasijos de palmeras descuajadas y tablones cuelgan jirones de ropa y restos de neceseres que ponen los pelos de punta. Ambos son cuarentones suecos, de Estocolmo capital adonde ayer llegaban los ataúdes de 52 de los más de 800 compatriotas suyos que han perdido la vida en el tsunami. Como otros que pasean por aquí como si nada hubiera ocurrido, tenían reserva de semanita de lujo en el edén exclusivo de Phang Nga, pero como la ola se comió su hotel- -el Bamboo Orchid Resort, a 140 euros la noche- -no han tenido reparos en irse unos kilómetros más abajo. ron los cadáveres de 300 turistas. Pero, asegura Filip, ellos ya han mirado bien, vienen todos los días y no queda nada decididos a dar ejemplo con sus propias carnes de que la vida continúa. Belgas, británicos o rusos están volviendo, tímidamente también, y para comprobarlo basta con dar una vuelta por el aeropuerto más cercano, el de Phuket, que atraviesan sin prestar mucha atención a los carteles con las fotos de los desaparecidos, ataviados ellos con sus camisetas de buceo y una novelita de John Grisham bajo el brazo. Una pareja alemana que luce chanclas explica que ya estaba en Navidad por el norte remoto de Chiang Mai, y que una vez puestos en contacto con su casa, tampoco han visto motivo para adelantar la vuelta cuando su destino está al otro lado de la isla de donde ha habido los muertos E interrogan al aire: ¿verdad? cerse una foto con el desastre al fondo con cara de yo estuve allí Y alguna razón tendrán los tailandeses. Explica Nan Donhgam tras el mostrador del Diamond Marina Resort en Patong, que al principio hubo cancelaciones, en plena temporada alta pero que el temor a que el negocio agonizara se apaga y que él tiene el hotel al 80 por ciento. En este país, un auténtico caramelo para los inversores del sector del turismo, el Gobierno impone con inusitado celo a los capitalistas extranjeros una regla proteccionista, según la cual pueden instalarse y ganar dinero a manos llenas, pero dejando toda la faena que no sea de responsabilidad en manos de empleados tailandeses. Dolor y recuperación Son los únicos que barren, que cocinan, que arreglan las habitaciones, que atienden la recepción, que tripulan los barcos de recreo que, eso sí, capitanean otros. Que llevan y traen de paseo a los elefantes que hacen las delicias de los matrimonios de la fría Europa. De ahí que ver a los turistas tumbados en la arena sea, en medio del dolor, un alivio para la población. Otra cosa va a ser en Phi- Phi, alegoría de aguas cristalinas, corales y submarinismo, en Phang Nga, o en las playas de Khao- Lak, donde se calcula que harán falta al menos dos años para recuperarse. Tierra de sonrisas Van llegado, pero después de que lo hayan hecho los primeros grupos de escandinavos, que constituyen el gran mercado- -lucrativo mercado- -de la atractivísima industria turística de Tailandia. Tierra de sonrisas como dicen los trípticos publicitarios por aquí, que no se les hiela a los locales ni cuando ven a los bañistas sumergirse para hacer snorkel ni cuando los visitantes posan para ha- Legendarias fiestas nocturnas A Patong, playa de legendarias fiestas nocturnas y desenfreno juvenil a buen precio, en la que el zarpazo del maremoto respetó edificios y tiendas que, con un repaso, disimulan lo suyo. Y donde hace diez días se recogie-