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50 Cultura MARTES 4 1 2005 ABC David, cuyo nombre engendró dinastías, inspiró sueños de heroísmo y designó estrellas, es uno de los pilares del imaginario social y político occidental, además de fundador de Israel; sin embargo, algunos arqueólogos creen que nunca tiró con honda David, frente a la historia y sin honda TEXTO: RAMIRO VILLAPADIERNA, CORRESPONSAL BERLÍN. Pocas gestas individuales han inspirado el coraje personal y político como aquella bíblica del I Libro de Samuel, posiblemente la primera referencia escrita al triunfo de la inteligencia sobre el músculo, la destreza sobre la fuerza bruta, el pensamiento veloz sobre el único de la espada. Desde entonces, y durante tres milenios, un aliento de rebelión ha soplado para el pequeño, el apacible y el justo. Tirar con honda llega hasta hoy como expresión de acierto y el hito celebra aún el hecho contra natura del fuerte vencido por el débil: Caravaggio o Miguel Ángel llevan al apogeo su mito. Transustanciado de su victoria, se dice que el pueblo de David lo ha resistido todo. ¿Cabría mayor prueba? Si no, desde luego, de un poder inspirador reconocido por la historiografía política, sí cabrían dudas del legendario episodio de su victoria sobre Goliat de Gad, el formidable filisteo, en quien se ha estudiado una acromegalia y visión deformada, ambas posible fruto de un adenoma pituitario y, en su caso, cooperantes al éxito de David. Historiadores de la Universidad de Maguncia afirman no encontrar prueba de que el rey David fuera el célebre pastorcillo valiente, de cuya bíblica victoria nació una estirpe y, más aún, hace 2004 años, en la ciudad de David un niño y un hecho que iba a cambiar la historia, que cabe mencionar que hay una estrella de Belén y una estrella de David. Las fechas no cuadran ¿Quién era, pues, el rey David, el hijo de Jessé de Judea, ungido por Samuel y santificado luego por la hagiografía hebrea? se pregunta Ralf Peter Märtin en el ensayo que publica en enero el National Geographic Deutschland Las fechas no cuadran, y alguna como la batalla del valle de Elah, la toma de Jerusalén a los jebusitas, la construcción del templo o la relación de David con el rey Saúl muestran incongruencias. Un investigador alemán ha seguido las huellas del héroe bíblico, y los hitos del pastor contemporáneo de Aquiles y los del monarca israelita se entrecruzan con el diálogo divino y el destino de Israel, pero no llegan siempre o del todo a encontrarse. Wolfgang Zwickel, un historiador de Maguncia experto en el Antiguo Testamento no termina de encontrar al propio Goliat (árabe: Jálát) el campeón que medía seis codos y un palmo (1. Sam. 17,4) esto es, tres metros. Y, en todo caso, desde el propio Libro de los Reyes, que, como otros pasajes, parece entreverar dos versiones y anotaciones posteriores, ya existían dudas expertas de si realmente lo mató David o Elhanan, también belemita, hijo de Jaare- oregim, como dice el segundo libro de Samuel. David y Goliat lienzo de Caravaggio que se conserva en el Museo del Prado No es la primera vez que los historiadores se ven confundidos ante David. Pese a exhaustivas búsquedas arqueológicas nunca se ha encontrado traza alguna del apoteósico reinado; David no se estableció en el propio Jerusalén y el templo se construyó después. Pero Zwickel alberga dudas sobre el mismísimo episodio del combate. Para unos historiadores, David habría sido un jerarca fuerte e inmisericorde, para otros no más que un jefe tribal de un estado poco significante. Es harto probable que quienes antes y después escribieron el pasaje en el libro de los profetas anteriores hayan centrado y resumido en David episodios diferenciados, sucedidos a distinta persona y a lo largo de cuando menos un siglo. Los versículos 32 y 55 del capítulo 17 del primer Samuel dan prueba del cruce: el rey Saúl conoce al primero y desconoce al segundo David; en otro pasaje es el pastorcillo que toma cinco cantos del río, pero luego un guerrero que se retira a su tienda tras descabezar a Goliat y mientras los israelitas persiguen a los filisteos hasta Gad. (Pasa a la página 53)