Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 4 1 2005 23 La guerrilla iraquí atenta con un coche bomba contra la sede del partido del primer ministro, Iyad Alaui Kofi Annan lanza una ofensiva política para reforzar la ONU frente a las muchas críticas recibidas A Sella, enfermera, le tocó tomar muestras de ADN de los cuerpos rescatados hace 6 días Ángel, que va por libre, el 31 de diciembre recuperó más de cien cadáveres de las aguas dáveres, antes de que sean irreconocibles y poder devolverlos a los suyos. En la acreditación de Nicolás, hecha con una impresora en cinco minutos, está escrito: Voluntario. Español, inglés, francés tres idiomas que habla con soltura y que le convierten en una pieza valiosa para el Centro de Coordinación de Voluntarios instalado en el Ayuntamiento de Phuket, donde, si hay una emergencia, le montan en un coche y le llevan en volandas, escoltado como un ministro hasta el lugar preciso. El centro recluta especialistas de todo tipo: patrones de barco, conductores de camión, psicólogos, traductores... Hasta él han llegado docenas de personas anónimas- -ayer, un ex militar de las Fuerzas Aéreas Británicas, de profesión viajero un alemán que trabaja en Bangkok, turistas, familiares de las víctimas- que deciden echar una mano, y que dejan un número de teléfono y ficha de conocimientos para ayudar en lo que sea. Un tailandés observa los cadáveres de las víctimas del tsunami en la isla de Phi Phi reuters Son jóvenes españoles que dicen que no se marchan. El tsunami les perdonó la vida y les despertó de golpe del exótico sueño de Tailandia. Hay quien lo perdió todo, pero lejos de coger las maletas y huir del escenario del espanto, siguen en Phuket, dispuestos a echar una mano donde haga falta Rescate de cadáveres Pero Ángel Navarro, de Camprodón- -Gerona- va por libre. El día 31 de diciembre venía de rescatar más de cien cadáveres de las aguas del Parque Natural de Phi- Phi con sus compañeros desde el barco en el que trabaja desde hace dos meses como instructor de buceo. El mismo en el que se encontraba a 10 millas marinas de la costa con 30 clientes a bordo cuando el capitán, su capitán, prohibió la siguiente inmersión, para disgusto de los turistas, porque su olfato de hombre de mar le dijo que algo pasaba. Hubo vuelta al muelle sin un zarandeo, aunque con noticias confusas, y a lo lejos el perfil arrasado de su barrio de playa, ése en el que había decidido seguir la vida, con un millar de muertos enredados en el desastre. Ángel conjura el nudo en la garganta de llevar una semana entre ahogados contando la cosa con una autosuficiencia indolente que suena a forzada. A sus 31 años, la tromba descomunal le ha dejado sin nada: la casa, las ropas, el dinero, los documentos, sin empleo ni jefe, que pereció junto a sus dos pequeñas. Pero tampoco puede irse- -dice- aclarando siempre que lo que quiere es reflotar el negocio que tan bien iba, que lo tiene todo pensado, y continuar su camino en Tailandia. Lo que no dice es que mañana madruga para irse otra vez a la bahía, al sitio arrasado de Phi- Phi, donde todavía se echa en falta a muchas personas y donde queda tanto, tanto trabajo... Cuando vi lo que había pasado, ya no pude marcharme TEXTO LAURA L. CARO. ENVIADA ESPECIAL PHUKET. Las suyas son historias con final feliz, aunque remotamente lejano al sueño de sol y de aventuras exóticas en playas repletas de jóvenes con ganas de fiesta y piel dorada que les trajo a Tailandia. Pero eso fue antes de que el diluvio universal irrumpiera sobre sus estancias de película en forma de maremoto, del que salieron vivos por suerte o por un milagro, depende a quién se pregunte. Y en vez de hacer las maletas y volver a casa han ido a parar a Phuket, donde se centralizan los esfuerzos para paliar la devastación de las playas del sur, y ponerse a disposición, para lo que haga falta, a cambio de nada. Cuando vi lo que había pasado, no pude marcharme Quien habla es Nicolás Serra, dedicado a negocios de náutica en Ibiza y ex militar destinado en la OTAN, a quien una decisión en su periplo tailandés le llevó a ir primero a la costa este y dejar para después la oeste, la que se tragó el mar. La ola ni le tocó, pero su amistad con uno de los desaparecidos- -el empresario Manel Vila, vecino de trabajo- -y una fuerza magnética que no sabe explicar del todo, le van a retener en Phuket los 21 días que le quedan de vacaciones. Nunca he sido un voluntario vocacional, me preguntaba por qué le daba a la gente por meterse a la Cruz Roja... reflexiona en voz alta cuando se mira hoy, apenas 24 horas después de volver de una experiencia que le ha hecho flaquear. En el tanatorio del templo budista de Yan- Hao, donde le requirieron para que ayudara con las bases de datos en los ordenadores, se encontró de pronto con una mascarilla, orientando de aquí para allá a los familiares de las víctimas que iban a identificar a sus muertos. Entre centenares de muertos. Dolorosa memoria A uno le pidieron ayuda en la base de datos, pero se puso a orientar a la gente entre cadáveres A otro le preguntaron si tenía cámara de fotos: para retratar los rostros de los muertos Nicolás dice en voz baja que lo pasa mal cuando se acuerda, pero que no se va. Que con él estaba Sella, otra española, enfermera, con la tez de color moreno encendido del viaje al paraíso, a quien le tocó tomar muestras de ADN de los cuerpos rescatados hace seis días del agua. Pero peor, explica el ibicenco, fue lo de otro joven que llegó casi al mismo tiempo y que dijo que sí cuando los organizadores preguntaron si alguien llevaba cámara de fotos. Era para retratar los rostros de los ca-