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ABC MARTES 4 1 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Zapatero cree que siempre le acompañará la baraka del 11- M, que produjo doscientos muertos, pero que le abrió las puertas de La Moncloa LA FLOR EN EL CULO D IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Por el bien de España, Zapatero debería cambiar su respuesta. Ya no bastan ni la sonrisa ni el talante. La alternativa consiste en aspirar a ser hombre de Estado o convertirse en títere y rehén del separatismo nacionalista MALA RESPUESTA E L Gobierno, desgraciadamente, ha reaccionado mal ante la afrenta y el desafío planteados a la unidad de España y, por lo tanto, a la Constitución, mediante la aprobación en el Parlamento vasco del llamado plan Ibarretxe. Todavía puede rectificar. Y debe hacerlo, pues la situación es grave, crítica. Veamos cuál ha sido la reacción, y cuál, a mi juicio, debió ser. Después de la aprobación del texto inconstitucional, bajo su hipócrita condición de reforma del Estatuto de Guernica, en la Cámara vasca, sólo compareció el ministro de Administraciones Territoriales para expresar su rechazo el viernes pasado. Sólo ayer lo hizo el presidente del Gobierno, y eso para reiterar su oposición al plan pero, a la vez, para anunciar una entrevista con Ibarretxe, incluso antes de reunirse con Rajoy. Zapatero, por lo demás, parece decidido a rechazar el proyecto secesionista en las Cortes, por lo tanto, aceptando discutirlo como si de algo discutible se tratase. Resulta difícil imaginar una reacción más endeble a tan directo jaque mate a España propinado por el nacional- terrorismo. Por otra parte, como reveló ayer ABC, el Gobierno sabía desde el verano que Batasuna, esto es ETA, apoyaría, como así ha sido, el plan del lendakari. Este conocimiento agrava la responsabilidad de Zapatero, que no ha dado desde entonces el menor atisbo de firmeza ante el PNV. ¿Acaso no le quedaba otra opción? Es claro que sí. Zapatero pudo comparecer el primer día, quizá junto a la bandera de España, para oponerse a un plan tan ominoso por su contenido como opuesto a la Constitución, y que sitúa a España al borde de la quiebra histórica. Pudo comparecer para defender la unidad nacional y la legalidad constitucional, y para anunciar el rechazo a entrevistarse con Ibarretxe mientras persistiera en defender un proyecto ilegal y avalado por los terroristas. También pudo recordar algunos artícu- los de la Constitución, por ejemplo, el 2, el 8 y el 155. En lugar de anunciar su entrevista con Ibarretxe, pudo convocar el Pacto Antiterrorista y reunirse con Rajoy. Por último, en lugar de aceptar el debate del plan en las Cortes españolas, pudo anunciar la presentación de un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional, para pararlo en seco y evitar una discusión parlamentaria ominosa. Por lo demás, el deleznable plan entraña una afrenta directa a las víctimas del terrorismo. La débil situación política de Zapatero y su afán de mantenerse en el poder pueden, tal vez, explicar su endeble respuesta, pero no justificarla. No hay que olvidar que ERC y, al parecer, también CiU, apoyan la secesión del lendakari. Por no hablar de Izquierda Unida, que votó afirmativamente en el Parlamento vasco. Y uno se pregunta por esa izquierda responsable, constitucionalista y españolista. Ciertamente existe, pero se encuentra marginada, sobre todo en el PSE. ¡Cuánto mejor no sería el protagonismo de, entre otros, Rosa Díez y Nicolás Redondo! Es cierto que todo apunta a que en el PSOE existe una corriente de opinión que exige al Gobierno mayor claridad y firmeza. Pero es parco consuelo mientras no sea más influyente. También es éste el momento de recordar que el Gobierno actual, rectificando al anterior, cerró la vía a la consideración como delito de las convocatorias de consultas populares de contenido manifiestamente ilegal. Ahora, el reto de Ibarretxe carece de precio penal. Por el bien de España, Zapatero debería cambiar su respuesta. Ya no bastan ni la sonrisa ni el talante. La alternativa consiste en aspirar a ser hombre de Estado o convertirse en títere y rehén del separatismo nacionalista. El diálogo no es una coartada. Hay diálogos y debates que degradan y envilecen a quienes los emprenden. ICE Lorenzo Contreras en letra electrónica que Zapatero cree que tiene una flor en el culo. Y explica Manuel Seco en su magnífico Diccionario fraseológico que tener una flor en el culo o nacer con una flor en el culo equivale a decir que se tiene suerte o que se ha nacido de pie. Ahora que estamos en el apogeo y exaltación de lo islámico, en vez de referirnos a la suerte, podríamos decir que se tiene baraka. No sé si Zapatero tendrá una flor en el culo, que sería una violeta por lo de su modestia, o habrá nacido de pie, pero con él corremos el riesgo de que nos estrelle a todos de cabeza. Con él nunca sabemos lo que nos puede ocurrir, si lo que le pasó al abuelo que asesinaron los rojos o lo que le sucedió al abuelo que fusilaron los nacionales. El caso es que el Parlamento vasco ha aprobado el Plan Ibarreche con los votos etarras y la bendición epistolar de Josu Ternera, y los catalanes preparan un nuevo estatuto con el propósito de otorgar a Cataluña una denominación y un trato por encima de las restantes Comunidades españolas, y el Zapaterito prodigioso se queda como Don Tancredo, quieto y confiado en que todo se arreglará solo y sin hacer nada, o dialogando, dialogando, dialogando, porque él tiene una flor en el culo, además de la rosa socialista que lleva en la mano, y las dos flores le salvarán de todos los compromisos y de todas las asechanzas. Dicen que Dios protege la inocencia, pero ahí tenemos el episodio de la degollación de los Inocentes, santos pero degollados. Por mucho que la oposición clame para que el Gobierno envíe el Plan Ibarreche al Tribunal Constitucional, Zapatero prefiere dejar el agua correr, en espera de que no se convierta en un maremoto, que nada más escribir la palabra le sacude a uno el espanto y la congoja. Tal vez Zapatero no confía en la Justicia, y por eso quiere nombrar él a los altos magistrados y le habrá dicho al Fiscal General que no recurra el archivo de la querella contra Atucha por desobediencia al Tribunal Supremo. España es un país mágico donde algunos celtíberos privilegiados pueden pasarse por el arco del triunfo las condenas del Tribunal Supremo, ya sea por la estafa de las Torres de Kio, por el Antenicidio por el expolio de los fondos reservados o por la negativa a ilegalizar a Herri Batasuna. Juan María Atucha, en vez de responder ante la justicia de su descarada y permitida desobediencia, traerá en mano al Parlamento español el Plan Ibarreche recién aprobado en Vitoria, para que siga aquí el curso previsto. Será rechazado en el Congreso de los Diputados, con lo cual el lendakari se vestirá la capa de víctima y dirá que en Madrid no entienden al pueblo vasco, y después lo someterá a referéndum. Si ese referéndum es legal o ilegal, es cosa que a Ibarreche le chupa un pie, y el lendakari esperará el resultado de la votación para dar el salto a la independencia, mientras Zapatero sonríe confiado en que él ha nacido de pie. Está convencido de que siempre le va acompañar en las votaciones la baraka que tuvo en las urnas del 11- M, una baraka que produjo doscientos muertos y más de mil heridos, pero que le abrió las puertas de La Moncloa. O sea, lo de la flor en el culo.