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76 LUNES 3 1 2005 ABC Deportes PAU GASOL Jugador de Memphis Grizzlies La NBA es soledad; la selección española, un grupo de amigos El pívot español inaugura 2005 como lo dejó, a ritmo frenético de partidos y pilar de su equipo. Lleva un promedio de 19,2 puntos (el 32 mejor de la NBA) 8,7 rebotes (el 17) y 1,41 tapones (el 23) TEXTO JOSÉ CARLOS CARABIAS El desfase horario coge a Pau Gasol en la hora de la comida. La cita telefónica de ABC con la estrella del baloncesto español descubre a un tipo con escamas, curtido en toda clase de avatares y que agradece un cambio de tercio en la conversación. ¿Cómo lo lleva? -Bastante bien. Nos hemos adaptado al nuevo entrenador, el equipo se encuentra más cómodo y digamos que hemos entrado en una fase de normalidad. Equipo tenemos, jugadores de calidad hay, pero no lo estábamos sabiendo rentabilizar en un buen juego. -Ha convertido en costumbre una hazaña. ¿Se siente menos valorado con cada año que pasa? -No estoy muy seguro. Aquel que sabe y entiende de baloncesto, es consciente de lo que estoy consiguiendo. Lo que sucede es que ya no soy novedad. Después de cuatro años, quizá la gente se ha acostumbrado y no le conceda tanto mérito. Pero al final de mi carrera, supongo que todo el mundo sabrá valorar lo que estoy logrando aquí. -En su momento, fue el rompedor del deporte español. -Sí es verdad. No fue fácil y había mucha gente con muchas dudas sobre mi rendimiento. Fue una manera de demostrarme a mí mismo y a todo el mundo que se podía conseguir el éxito a través de la confianza en uno mismo. -Usted es de los abonados al lema nada es imposible. -Tanto como eso, no. Pero sí la idea de que los objetivos se alcanzan si se trabaja y te lo propones con empeño. ¿Qué se necesita en la NBA? -Siempre hay varios factores, no uno solo. El trabajo diario, el talento innato, la gente que te rodea. La familia siempre es un apoyo imprescindible. -Después de cuatro años, ¿a qué no se acostumbra? -Lo peor es habituarte al ritmo frenético de tanto partido seguido, tanto viaje. En ese sentido, la NBA agota. Pero bueno, esto está montado así y te tienes que acostumbrar y rendir. ¿Hay alguna forma de amortiguar ese frenesí competitivo? -No hay mucha historia. Viajamos el día anterior al partido, lo hacemos en MEMPHIS GRIZZLIES Nos hemos adaptado al nuevo entrenador. Equipo y jugadores tenemos, pero no sabíamos rentabilizarlo SU AVENTURA Podría decirse que soy un inmigrante con privilegios. Hago lo que me gusta en un país que no es el mío. Nunca me sentí fuera de sitio CONTRATO DE ESTRELLA Hay más responsabilidad, más nivel de exigencia, más presión, pero aparte de eso nada más avión privado que siempre aligera, de ahí al hotel, al pabellón, y de nuevo al hotel. Y otra vez al avión. -Parece una vida solitaria, aunque sea una estrella de la NBA. -Sí, en la NBA hay mucha soledad. Es una vida bastante monótona y solitaria si cuando vuelves a casa no te espera alguien, tu familia, tus amigos o alguien. Pero bueno, así es. Son siete me- ses a tope de baloncesto. Un trabajo que te aporta muchísimo, pero que también te limita en otros aspectos. -Como ser humano, ¿qué le aporta y que le quita el baloncesto? -Evidentemnente hay más puntos positivos que negativos en el balance. Me encanta jugar al baloncesto, disfruto muchísimo... Me aporta un montón de satisfacciones, me da felicidad, amo mi deporte. Y también me proporciona un bienestar económico. Siempre he sido un chico de retos. La NBA fue y es un gran reto para mí. Me apasiona seguir peleando, seguir ahí arriba, seguir jugando bien. Todo eso es un reto diario. ¿Y qué me quita? Me quita tiempo, estar en casa, estar cerca de tu familia, espacio para mi vida personal. ¿Cómo gestiona su popularidad cuando tiene que ir a un restaurante o a tomar una cerveza? -Depende de los sitios, de los días. Cuando estoy en casa, ya sé dónde tengo que ir, los lugares en los que la gente ya está acostumbrada a verme y no soy sorpresa. -En Estados Unidos, trabajo y sólo trabajo, ¿no? -Claro, en ese sentido mi vida es tan monótona y organizada que no me cuesta adaptarme al ritmo americano. ¿Le ha dado tiempo a visitar algún lugar, el Cañón del Colorado, el Parque Yellowstone o algo así? -Nada, nada. Para eso tendría que dedicarle tiempo fuera de la temporada y cuando acaba el torneo, sólo tengo ganas de regresar a España. No hay opciones. No me recreo demasiado. ¿Se llega a sentir un inmigrante con privilegios? -Podría decirse así. Estoy haciendo algo que me gusta en un país que no es el mío... Pero bueno, nunca me he sentido fuera de sitio ni nada por el estilo. No tengo problemas de adaptación. -Y ya con contrato de estrella. -Está claro que hay más responsabilidad, más nivel de exigencia, más presión, pero aparte de eso nada más. El contrato está ahí, no lo va a tocar nadie, y a mí me toca jugar. Nada más. ¿Le cuesta reconocerse en el chaval que soñaba con ser profesional y que jugaba el trofeo Molinete? -No me cuesta nada. Tengo fotos aquí en Memphis de aquello, tengo los recuerdos y también algún vídeo que me grabó mi padre cuando yo era pequeñito. Para mí es importante tener presente todo aquello, porque son mis orígenes y nunca hay que olvidar todos los pasos que tuve que dar para llegar aquí. Haría mal en tener presente sólo el punto final. -Si tuviera que resumir su paso entre los mejores durante cuatro años en un sola imagen. ¿Cuál sería? -Ha habido tantos momentos positivos que lo mejor es no excluir ninguno y quedarme con todos. Los hubo y los sigue habiendo. He lugado contra Jordan, me han designado rookie del año (mejor novato) me he medido a grandísimos jugadores. Eso me recompensa. -Ha cumplido el sueño de una generación de adolescentes, jugar cuerpo a cuerpo con Michael Jordan. Se para uno frente a él y ¿qué se hace? No puede ser lo mismo que ante otro jugador... -No lo es. El primer partido que jugué frente a él fue bastante especial y sólo quería estar ahí y ver cómo jugaba. Estaba paralizado. Fui más espectador que rival. Jordan es la clase. Se mueve con una elegancia espectacular. No estaba en su mejor momento, pero anotó con la facilidad de siempre. -Y en el otro extremo, Shaquille O Neal. ¿Cómo es?