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ABC LUNES 3 1 2005 Internacional EL DEBATE EUROPEO SOBRE LA INTEGRACIÓN DE TURQUÍA 29 plantean visiones contrapuestas. El ex ministro de Exteriores británico Douglas Hurd hace una firme apuesta por la integración, mientras que el presidente de la Delegación para la UE de la Asamblea Nacional francesa, Pierre Lequiller, enumera las muchas barreras que Turquía habría de salvar para lograr su integración en absoluto un revés de la naturaleza. La idea de superestado europeo ya está muerta. ¿Mantiene esto a la UE, según nos dicen los tradicionalistas nostálgicos, como una primitiva área de libre comercio? Ni mucho menos. La Unión Europea tiene tres características, las cuales se verían potenciadas por el probable ingreso de Turquía. En primer lugar, avanza hacia un mercado único, en el que se da un elevado grado de armonización mucho más profundo que la eliminación de las barreras comerciales en las fronteras. Antes de que Turquía pueda igualar siquiera el progreso imperfecto de los actuales Estados miembros, hace falta negociar mucho. Como en anteriores ampliaciones, podrían negociarse retrasos en la aplicación del derecho comunitario pleno, por ejemplo, sobre la complicada cuestión del libre movimiento de trabajadores. En segundo lugar, la UE es una unión de democracias basada en el imperio de la ley y el respeto a los derechos humanos. Todos los españoles, quizá más que los británicos, conocen la importancia y el poder de esta característica. Ya ha movido al Gobierno y al Parlamento de Turquía a transformar partes de su derecho penal. Este proceso, ni mucho menos completo, equivale a un sensacional paso adelante. En tercer lugar, la posición estratégica clave de Turquía, situada en el eje entre los Balcanes, Oriente Próximo y el Cáucaso, la convierte en un aliado crucial para la búsqueda de un orden mundial estable. Estas tres son zonas extremadamente problemáticas en un mundo distinto y más peligroso que el que contemplábamos en 1992. En las tres, parte de la respuesta radica en una alianza válida y coherente entre la UE, Estados Unidos y participantes locales. El ingreso de Turquía en la UE aumentaría enormemente la fuerza de Europa en esas alianzas. Esto es particularmente cierto si el tema se centra en el debate que se da dentro del Islam. Turquía es hasta ahora el único país islámico que ha resuelto decisivamente ese debate a favor de la democracia y la amistad con Occidente. Debe de ser atinado aceptar un mayor avance en esa dirección, contenido en el deseo turco de unirse a la UE. Rechazar a los turcos inclinaría el equilibrio del debate en contra nuestra, no sólo en Turquía, sino en todo el mundo islámico. Lord Hurd of Westwell fue secretario del Foreign Office entre 1989 y 1995 y anteriormente ministro del Interior y secretario de Irlanda del Norte Erdogán, en Bruselas, el pasado 9 de diciembre AFP En tercer lugar, la negociación es un proceso abierto que no conduce automáticamente a la adhesión. Una cláusula de precaución especifica que, aunque la adhesión es el objetivo común, no se puede garantizar por adelantado su resultado. Si la adhesión no se produce conforme al conjunto de los criterios de Copenhague, se buscará otra salida bajo la fórmula del mayor vínculo posible entre Turquía y la UE. La referencia al conjunto de los criterios de Copenhague incluye no sólo la capacidad del país candidato para respetar íntegramente sus futuras obligaciones como Estado miembro, sino también la capacidad de la Unión para asimilar nuevos miembros siempre que se mantenga el desarrollo de la integración europea, criterio que ha recordado el Consejo Europeo. En otras palabras, la opción del mayor vínculo posible podrá ser utilizada en dos hipótesis: la imposibilidad de la Unión para integrar a Turquía o el hecho de que ésta ya no pueda o no quiera entrar en la Unión. Dicha fórmula evita que ambas partes se encuentren en una situación de todo o nada en caso de imposibilidad de realizar la adhesión, ofreciendo dos perspectivas de progreso en relación con el statu quo alcanzado con la unión aduanera aprobada en 1995. En cuarto lugar, el pueblo de cada Estado miembro tendrá la última pa- labra sobre los resultados de las negociaciones ya que el tratado de adhesión deberá ser ratificado por los Parlamentos nacionales o por referéndum por los Estados miembros de forma unánime para entrar en vigor. En Francia, la revisión de la Constitución que será aprobada por el Congreso en la primavera de 2005, previamente al referéndum sobre el Tratado Constitucional que probablemente tendrá lugar antes del verano, dará a los franceses la garantía, prometida por el presidente de la República, de poder pronunciarse directamente a través de referéndum, llegado el momento, sobre la adhesión de Turquía a la UE. Todo este conjunto de garantías deberá permitir abordar el referéndum de 2005 sobre la Constitución evitando que se mezclen las cosas. En efecto, el peor contrasentido sería que unos ciudadanos partidarios de la Europa política se equivocasen de referéndum: el de la Constitución será una oportunidad única para afirmar esta gran ambición, mientras que el de la adhesión de Turquía permitirá conjugar más tarde la compatibilidad entre ambos proyectos. Pierre Lequiller es diputado de la UMP y preside la Delegación para la Unión Europea de la Asamblea Nacional francesa Mustafa Kemal Ataturk, en una de sus numerosas efigies en Estambul REUTERS