Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
28 Internacional EL DEBATE EUROPEO SOBRE LA INTEGRACIÓN DE TURQUÍA LUNES 3 1 2005 ABC El Consejo Europeo del 16 y 17 de diciembre pasados ha abierto la puerta a la negociación para la integración de Turquía en la Unión. Éste es uno de los más grandes retos que afronta la UE desde su fundación. Su resolución marcará indeleblemente la construcción política de la Unión. Dos destacados europeístas rísticas nacionales y compartidas, casi todos nuestros países son una mezcla de credos diversos, a los que se añade el enorme ejército de los indiferentes. Más convincente es el argumento político. De hecho, hace doce años era posible creer que la entrada de Turquía destruiría la perspectiva que la UE tiene de convertirse en una unión política y económica fuertemente integrada, con las características de un superestado europeo. Pero esa perspectiva, si alguna vez existió, ha sido destruida por la ampliación de la UE a 25 países. Nuevamente, se puede permitir la nostalgia a aquellos que tal vez lloren el deceso del noble ideal de la integración total. Pero todos los tratados recientes, desde Maastricht hasta el actual proyecto de Constitución, resaltan que el poder dentro de la UE no está concentrado en la Comisión supranacional, sino en el Consejo de Ministros, que representa a los Estados nacionales y está cada vez más influido por el Parlamento Europeo elegido. Cualquier ampliación complica esta estructura de poder al aumentar el número de actores en el Consejo, un hecho que justifica las propuestas que el proyecto de constitución hace de simplificar los procedimientos y aumentar el uso de la votación mayoritaria. La posible llegada de Turquía sería una complicación adicional, pero TURQUÍA Y LA UNIÓN EUROPEA DOUGLAS HURD Debe ser atinado aceptar un mayor avance del deseo turco de unirse a la Unión Europea. Rechazar a los turcos inclinaría el equilibrio del debate en contra nuestra, no sólo en Turquía, sino en todo el mundo islámico l actual debate me hace recordar la primavera de 1992. El Gobierno conservador británico acababa de obtener una victoria electoral inesperada con el liderazgo de John Major. Yo seguía siendo Secretario del Foreign Office, pero debido a la incertidumbre electoral no tenía planes de viaje inmediatos. Decidí ir a Turquía, para estudiar con el primer ministro Demirel y sus colaboradores la relación de su país con la UE. En aquel momento, yo creía que ésta nunca estaría dispuesta o sería capaz de absorber a Turquía como miembro de pleno derecho. Por consiguiente, hace doce años, exploré con los turcos exactamente el mismo plan que ahora proponen algunos dirigentes europeos como si fuera nuevo. Sostuve que Turquía era única, demasiado especial, de hecho, como pa- E ra quedarse satisfecha con la simple pertenencia a la UE. Nuestro objetivo debería ser, dije, una alianza excepcional entre la UE y Turquía, que no se uniría como miembro pero estaría vinculada mediante amplios acuerdos negociados que abarcaran la política exterior, incluida la defensa, así como el comercio y las finanzas. Esto, insinué, no reduciría en modo alguno la importancia de Turquía; por el contrario, reconocería su peculiar importancia para Europa. Mis argumentos cayeron en saco roto. Nunca tuvieron la más mínima oportunidad. Incluso entonces, los turcos tenían claro que había que escoger entre la adhesión plena o la exclusión. Cualquier acuerdo especial sería un término medio inaceptable. Si eso era cierto entonces, lo es todavía más ahora, cuando Turquía tiene un Gobierno firmemente dedicado al ingreso y que ya ha asumido riesgos considerables para que éste se produzca. Personalmente, he cambiado de idea. Ahora creo que los ministros de la UE hicieron lo correcto este mes cuando decidieron iniciar las negociaciones para la adhesión de Turquía. Reconocieron que dichas negociaciones durarán varios años y tienen que superar varios obstáculos todavía existentes, de los cuales la disputa sobre Chipre es el más grave. Resulta inevitable que esta perspectiva provoque debate y oposición en la opinión pública europea. Ciertamente se trata de un paso gigantesco. No deberíamos demorarnos demasiado en el argumento de que la Unión Europea es un club esencialmente cristiano cuya naturaleza quedaría arruinada al admitir a un país musulmán. Podemos sentir nostalgia por la desaparición del concepto de cristiandad sin engañarnos respecto a la verdadera naturaleza de la sociedad europea actual. Aun conservando caracte- CUATRO GARANTÍAS DE NEGOCIACIÓN CON TURQUÍA Y UNA CONSTITUCIÓN PIERRE LEQUILLER Como declaró el presidente de la Comisión Europea, la adhesión de Turquía no es en absoluto asimilable a la de los demás y plantea a la Unión Europea unos problemas desconocidos hasta la fecha a opinión pública europea se ha apasionado por la cuestión de la apertura de las negociaciones de adhesión con Turquía porque pone en juego la visión de Europa en el siglo XXI: ¿debe la Unión Europea seguir siendo un instrumento para pacificar y democratizar el continente y su entorno mediante su ampliación continua o debe en adelante erigirse en un actor global de primer orden, capaz de actuar al unísono en el nuevo equilibrio mundial? Tras interrogarse sobre la amplitud del desafío para la UE de una integración política y económica de Turquía y sobre su compatibilidad con el proyecto de una Europa política homogénea y coherente, un gran número de ciudadanos europeos ha tenido la impresión de que las L elites no les escuchaban y de que su destino se les escapaba, en el momento en que éstas les proponían asumirlo adoptando un tratado constitucional. Su malestar democrático frente a esta contradicción corría el riesgo de llevarles a un importante contrasentido y a rechazar una Constitución indispensable para reforzar la Europa política. El Consejo Europeo de Bruselas, celebrado el 16 y 17 de diciembre, demostró que los jefes de Estado y de Gobierno habían escuchado a las opiniones públicas. En efecto, subordinó el inicio de las negociaciones de adhesión con Turquía a cuatro garantías sumamente fuertes, dirigidas a reducir las inquietudes. En primer lugar, la UE no ha cedido un ápice sobre las exigen- cias y las condiciones de adhesión. Al igual que para los anteriores países candidatos, la negociación no conduce a un compromiso en el que la UE deba ceder la mitad del terreno, sino a una aceptación íntegra de Turquía del acervo comunitario con, llegado el caso, algunas flexibilidades transitorias. El proceso de reformas deberá ser irreversible, sobre todo en el ámbito de los derechos humanos, bajo el seguimiento de la Comisión. Una vigilancia especial se ejercerá sobre la aplicación de los seis paquetes legislativos identificados por la Comisión, en especial la reforma del código penal y del código de procedimiento penal, así como sobre la política de tolerancia cero contra la tortura. Conforme al principio de reconciliación que está en la base de la construcción europea, Turquía deberá reconciliarse consigo misma y con sus vecinos, en especial Grecia, Chipre y Armenia. En segundo lugar, el marco de negociación, aplicable asimismo a los demás países candidatos de los Balcanes Occidentales, ha sido reforzado para que los Estados miembros conserven el control total del proceso de negociación. Como declaró el presidente de la Comisión, la adhesión de Turquía no es en absoluto asimilable a la de los demás y plantea a la UE unos problemas desconocidos hasta la fecha. La negociación de Estado a Estado, por unanimidad, garantiza que cada Estado miembro podrá, al igual que en el pasado, interrumpir en todo momento la negociación. La negociación de los distintos capítulos se realizará de forma sucesiva, no por paquetes, asegurándose de que tiene lugar la aplicación efectiva de cada capítulo y no sólo de un compromiso para aplicar la legislación adoptada. Un control colectivo de la cuestión política autoriza al Consejo, en caso de violación grave y persistente de los derechos humanos, a suspender las negociaciones por mayoría cualificada, a iniciativa de la Comisión o de uno de los Estados miembros. Podrían introducirse unas cláusulas de salvaguardia permanente, es decir que pueden ser invocadas en cualquier momento como bases para unas medidas de salvaguardia, en ámbitos como la circulación de personas, las políticas estructurales o la agricultura. Las negociaciones, que serán largas, no podrán concluirse, como muy pronto, antes del establecimiento de un nuevo marco financiero después de 2014.