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ABC LUNES 3 1 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Gobernar no es sonreír. Jamás el mejor político ha sido el más simpático ni el más sonriente. Eso queda para las aspirantes a miss EL RELEVO DE ZAPATERO T JUAN MANUEL DE PRADA En esta casa de tócame Roque en que empieza a convertirse nuestra España plural cualquier chantaje disfrazado de reivindicación histórica triunfa, si se adereza de buen talante UN EXPOLIO CATALÁN L inminente desmantelamiento del Archivo de Salamanca propiciará en breve un alud de peticiones pintorescas o directamente anfetamínicas. Después de todo, si Cataluña puede reclamar con éxito los documentos del Archivo, ¿por qué no van a hacer lo propio desde cualquier otra comunidad autónoma, municipio, asociación vecinal o peña recreativa legalmente constituida? En apenas unos años, el Archivo de Salamanca se convertirá en un delirante almacén de fotocopias, pues- -como acaba de sentenciar el vicepresidente aragonés- -si el Quijote no lo leemos en el original, ¿por qué no podrían los estudiosos que acuden al Archivo consultar copias? La encantadora cazurrería del vicepresidente aragonés resume a la perfección el grado de incuria intelectual al que se puede descender, cuando el sentido de la Historia y el mero sentido común son pisoteados por el filibusterismo político. En esta casa de tócame Roque en que empieza a convertirse nuestra España plural cualquier chantaje disfrazado de reivindicación histórica triunfa, si se adereza de buen talante. A la vista del pandemónium, cualquier museo o archivo corre el riesgo de convertirse en proveedor de las más folclóricas solicitudes localistas. Pero sería una lastimosa tragedia que, en medio del barullo que sin duda promoverán los pescadores en río revuelto y los excursionistas por los cerros de Úbeda, se soslayen o silencien algunas reclamaciones patrimoniales fundadas en la más estricta justicia restitutoria. Es el caso de las que, desde diversos municipios de Castilla y León, se dirigen contra el Museo Marés, propiedad del Ayuntamiento de Barcelona, entre cuyos fondos expuestos al público se cuentan hasta ciento ochenta piezas usurpadas en fechas relativamente recientes al patrimonio caste- E llano y leonés. Todas estas piezas- -y otras muchas que permanecen encerradas en los sótanos de la institución- -fueron expoliadas por el coleccionista Federico Marés en los años posteriores a la Guerra Civil (muy señaladamente en las décadas de los cincuenta y los sesenta) con el auspicio de los elementos más corruptos de la administración franquista y la ignorancia o venalidad de algunos clérigos que enajenaron por cuatro perras bienes de incalculable valor. Las razzias de Marés, que dejaron desplumadas decenas de iglesias rurales de Castilla y León, degeneraron con frecuencia en rapiñas en el sentido estricto de la palabra, como la perpetrada en 1969 en Tubilla del Agua (Burgos) donde el ínclito Marés arrambló con diversos elementos arquitectónicos de la iglesia de San Miguel y hasta con una valiosísima pintura mural, dejando el edificio reducido a escombros. De la magnitud del expolio perpetrado por Marés da testimonio la colección de Cristos románicos del Museo, muchos de los cuales no especifican- -en un alarde de cinismo realmente notable- -su lugar de procedencia, como si las tallas le hubiesen llovido del cielo al bueno de Marés durante sus paseos campestres. Similar origen non sancto, por cierto, poseen algunas de las piezas exhibidas en el Museo Nacional de Cataluña, como las pinturas funerarias de Mahamud o los cinco sepulcros de Villamayor de los Montes. De todos estos latrocinios y de otros muchos cuya mera enumeración suscita pavor levanta dolorido inventario Gonzalo Santonja en un libro de inminente publicación, titulado Museo de niebla ¿Será tan diligente el Gobierno de la España plural en corregir este expolio crudelísimo del patrimonio castellano y leonés como en convertir el Archivo de Salamanca en un almacén de fotocopias? ENDRÍAN que ser los propios socialistas quienes se encargaran de que no vaya adelante este grave desbarajuste que ha provocado el Gobierno de Zapatero, y quienes se aplicaran a remediar las consecuencias del desaguisado en lo que sea posible y a la mayor velocidad. Deberían ser los socialistas quienes apañen los trastos rotos. Y eso por varias razones, sobre todo por tres principales. Una. Porque no sería bueno ni para la democracia ni para España que el socialismo quedara tocado de descrédito para gobernar después de una primera experiencia marcada por el crimen de Estado y la corrupción generalizada, y de una segunda etapa de gobierno caracterizada por la ruptura de las líneas maestras de la Constitución y la descomposición de España. Dos. Porque la necesidad de tomar medidas, quizá severas y enérgicas ya a estas horas del estropicio, serán aceptadas con más naturalidad por sus votantes que si tiene que llegar el Partido Popular, vestido de bombero, a sofocar el incendio. Y tres. Porque un partido que desde su fundación defiende la igualdad entre los hombres y mujeres del mundo, y entre los territorios de España, debe redimirse de la complacencia en ceder desigualdades a cambio del placer de gobernar. Se hace cada día más necesario que hablen entre ellos los pesos pesados del Partido Socialista y busquen y promuevan un relevo para Zapatero. El Gobierno de España y el futuro del socialismo está en manos de socialistas mindundis. Pero ¿quién es ese Caldera dentro del partido, y quién es ese Pepiño Blanco y quién es el propio Rodríguez Zapatero y quiénes son las ministras de cuota? Que hablen sobre ello, si es que no han hablado ya, Felipe González, Javier Solana, Alfonso Guerra, José Borrell, Pedro Solbes, José Bono, Manuel Chaves, Rodríguez Ibarra, Paco Vázquez, Joaquín Almunia, Gregorio Peces- Barba, Nicolás Redondo Terreros y los que yo haya olvidado, y que encuentren entre todos un socialista que sepa lo que es Europa, lo que es Norteamérica, lo que es el terrorismo, lo que es la economía, lo que es gobernar sin tener las manos y las ideas esenciales atadas, lo que es el socialismo democrático y, sobre todo, lo que es España. Que aprenda a gobernar para una Nación en vez de sonreír para todos sus habitantes. En ese partido tiene que haber personas con sentido común, con la razonable prudencia exigible en un gobernante, con la generosidad suficiente para rodearse de gente útil y honesta y con la capacidad necesaria para vencer la fatiga, porque la política es un ejercicio más duro que difícil. Que conozca el país donde vive, y de cuáles ambiciones brotan la aspiración al privilegio y a la superioridad. Y que no acepte ayudas que empobrecen ni alianzas que matan. No creo que sea difícil encontrar un relevo de categoría razonable y cumplida. Tampoco es necesario encontrar la paloma azul, pero es necesario que el socialista encontrado para hacerse cargo del Gobierno en esta tesitura posea al menos dos dedos de frente, incluso sería conveniente que tenga algunos adarmes más de talento que de talante. Gobernar no es sonreír y jamás el mejor político ha sido el más simpático ni el más sonriente. Eso se queda para las aspirantes a miss.