Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 3 1 2005 Opinión 5 El deber cumplido Ha fallecido a los 88 años el general José Gabeiras Montero, figura clave de los difíciles años de la Transición y uno de los principales valedores del orden constitucional en la noche negra del 23- F de 1981. La labor desempeñada en tantos años de entrega al oficio castrense y su sentido de la responsabilidad le reservan un sitio en el lugar donde están inscritos los nombres de los españoles notables. Solidaridad Resulta satisfactorio comprobar que entre la lista de países donantes de recursos para mitigar el infierno desatado por el maremoto del sur de Asia, España figura en el quinto puesto, por encima de Francia, Italia, Alemania o Canadá. Los españoles están respondiendo de manera admirable y generosa ante el desastre. Aunque no se trata de establecer competiciones (el esfuerzo y la labor de unidades navales de EE. UU. en la zona está siendo vital, según la ONU) siempre es gratificante observar la excelente nota que sacamos en esa difícil asignatura que llamamos solidaridad. Batalla abierta Tenemos derecho a decir que no nos da la gana que Españase desmantele Juan Vicente Herrera, presidente castellano y leonés, habla con claridad desde estas páginas de la crisis abierta con la desmembración del Archivo de Salamanca. La firmeza de sus palabras hace augurar que, pese a la decisión del Gobierno de autorizar la entrega de documentos a la Generalitat, la batalla va a seguir abierta. JESUS SIGNES Una vida, por la ventana. Efectivos del Cuerpo Nacional de Policía de la Comisaría de Burjasot (Valencia) detuvieron ayer a una mujer por su presunta implicación en la muerte de su hijo, un recién nacido, que falleció en el Hospital de La Fe tras ser encontrado por unos viandantes herido en el suelo de una calle de esa localidad y con el cordón umbilical aún adherido a su cuerpo. La Policía sospecha que el bebé fue arrojado por la ventana del domicilio (un segundo piso) donde residía la madre de la criatura con sus padres y que, tras rebotar en un coche, cayó sobre la acera. En la imagen, los vecinos en el lugar del suceso. finitas posibilidades en un país donde la infancia parecía quedarse fuera de su salvaje alcance. Lamentablemente era tan sólo una ingenua y seráfica apreciación. Hay niños recién nacidos que tampoco parecen gozar de un salvoconducto para cruzar sin dolor las fronteras del terror. Contemplamos con el corazón en la boca cómo son sacrificados en el altar de un dios implacable bebés con horas de vida y con los hilvanes umbilicales por descoser, entregados al cubo de una discoteca o lanzados por las ventanas de sus casas en un claro gesto de bárbaro primitivismo que lleva a sus responsables, directamente, a las cuevas de Altamira. No se cómo se llama ese dios. Pero tiene toda la pinta de ser un buen hijo de puta. Mientras el hombre avanza en el amplio y complejo horizonte tecnológico superando territorios inimaginables, capaz de alargar su vida y hacerla más llevadera, descubrimos regresiones éticas que nos llevan a lo más profundo y oscuro de la cueva. Infanticidios, pornografía infantil, explotación de menores, malos tratos... La bestia está ahí. Depredando desde el alma atormentada de una especie capaz de lo mejor y de lo peor. Capaz, como en Valencia, de cortarle las alas a un pequeño ángel para que no volara nunca jamás. O, como en Zaragoza, de encontrar un milagro en un cubo de basura, casi como en Belén hace 2005 años pero sin el amor de sus padres... UN ÁNGEL SIN ALAS J. FÉLIX MACHUCA ÓLO la realidad es capaz de sacarnos de esta ficción trufada de mazapán en la que venimos viviendo desde que el gordo cayó en Sort. Y la realidad no se anda nunca con contemplaciones. Ni en las playas de Tailandia ni en los cubos de discotecas de Zaragoza ni en algunas calles de Valencia. La realidad, cuando se hace la dura, es así y sus colores no tienen el brillo ni la alegría de las bombillitas del árbol de Navidad. Ayer, cuando vivíamos la película de colores de estas fies- S tas de paz y felicidad, un ángel recién nacido fue arrojado por su madre desde una ventana, muriendo con el cordón umbilical aún prendido a su cuerpo. Ocurrió en Valencia. Como podría haber ocurrido en cualquier otro sitio. En Zaragoza otro bebé recién nacido fue encontrado en el cubo de una discoteca. Tuvo mejor suerte. Junto a las latas de la chispa de la vida la suya aún latía. Para él este cuento de Navidad tuvo un feliz final. El bestiario humano extrema sus in-