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4 Opinión LUNES 3 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO EL GOBIERNO LO SABÍA... D ESDE el verano pasado, el Gobierno tenía conocimiento de que ETA iba a permitir a su grupo parlamentario, Socialistas Abertzaleak, que respaldara la aprobación parlamentaria del Plan Ibarretxe. Ésta es la información que, según publica hoy ABC, facilitaron al Ejecutivo las Fuerzas de Seguridad del Estado. La decisión de la banda terrorista se habría concretado en una reunión del entonces número uno del aparato político de ETA, Mikel Albizu, Antza y dos dirigentes de la ilegalizada Ekin. Esta secuencia de hechos explicaría definitivamente la confianza del Partido Nacionalista Vasco en el progreso del plan soberanista y la del lendakari, Juan José Ibarretxe, en el cese de la violencia, como marco de la consulta popular. También encajarían, como discordia aparente entre los nacionalistas, los numerosos mensajes críticos de Batasuna sobre su apoyo al preámbulo de la propuesta soberanista y su rechazo a cualquier referencia estatutaria, por falsa que fuera. El discurso de Anoeta, a cargo del portavoz de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, no habría sido sino un movimiento táctico de la estrategia conjunta de todas las fuerzas nacionalistas. La votación del día 30 de diciembre estaba preparada. Batasuna sabía lo que iba a votar e Ibarretxe también. Ahora lo que hay que conocer es qué sabía exactamente, y desde cuándo, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, porque si estaba al corriente (tal como hacen presumir ciertos barruntos privados de algunos dirigentes socialistas) de esta maniobra orquestada de reunificación del nacionalismo, tanto el presidente del Gobierno como el PSOE deberán dar explicaciones muy exhaustivas. Después de entrevistarse con el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, en septiembre de 2004, Zapatero anunció la posibilidad de un entendimiento a medio plazo con este partido nacionalista. De esta afirmación a su reciente negativa a impedir la discusión del Plan Ibarretxe, ya sea mediante un recurso ante el Tribunal Constitucional, ya sea mediante su inadmisión de plano en el Congreso, media un espacio abonado para las dudas sobre la verdadera intención de Rodríguez Zapatero ante la estrategia nacionalista. Si desde el verano pasado sabía que ETA y Batasuna iban a apoyar el Plan Ibarretxe, la suavidad del trato dispensado por el presidente del Gobierno a los nacionalistas no es un buen síntoma. Tampoco la pérdida de presión legal y política sobre Batasuna. La falta de contundencia y de respuesta proporcionada por el Gobierno destila opacidad y cruce de mensajes bajo la mesa, lo que perjudica, ante todo, la defensa de los intereses generales en un debate que está caracterizado por disyuntivas sin término medio. Ya se ha perdido el primer embate nacionalista, al no haber podido el Estado imponerse a la pretensión nacionalista en las propias instituciones vascas. El Gobierno está camino de perder el segundo al responder indebidamente a lo que ya es una resolución del Parlamento vasco adoptada por mayoría absoluta. Rodríguez Zapatero sigue enredado en frases tópicas a la hora de medir la gravedad de la situación. Acaba de repetir que el Plan Ibarretxe es cosa del pasado y, sin embargo, él mismo podría encargarse de darle la publicidad si el debate llega al Congreso de los Diputados. Lo que sigue siendo cosa del pasado, pero muy vigente, es la continua recaída del socialismo en los mismos errores que tanto han aprovechado los nacionalistas vascos. RELACIONES CON EE. UU. E puede mantener un discurso político antiimperialista alcanforado, pero las relaciones con Estados Unidos son prioritarias para la economía española. Así lo ha subrayado el presidente de la patronal CEOE, José María Cuevas, y se ha puesto manos a la obra para conseguir cuota de mercado en un país que la secretaria de Estado de Comercio ha calificado de estratégico para mejorar la balanza comercial y aprovechar las oportunidades de inversión que ofrece un dólar débil. Es una tarea difícil porque España no cuenta con una importante población inmigrante en Estados Unidos que le sirva de ancla, ni con una imagen de marca atractiva. Las vacilaciones de la política exterior no facilitan la labor de nuestras empresas. Por puro cálculo electoral, este Gobierno ha dilapidado un caudal de simpatía construido diligentemente durante años. Pero se va imponiendo el realismo y el acuerdo entre la patronal y el Ministerio de Industria y Comercio para desarrollar un Plan América es un buen ejemplo de ello. El volumen de comercio ronda los 12.000 millones de dólares anuales, pero no se corresponde con el peso relativo de nuestra economía. Las inversiones americanas en España se están ralentizando, y no sólo por la fortaleza del euro ni por la pérdida de atractivo con la ampliación de la Unión Europea, sino también por ese factor intangible que significa que un país deja de estar de moda por los errores de sus gobernantes que no saben leer adecuadamente las realidades del momento. Algo de eso ha pasado con Estados Unidos, un país al que los actuales dirigentes de España se han permitido despreciar en público. Hemos dejado de ser un aliado fiable y eso tiene sus costes. Las empresas españolas han tomado buena nota, parecen haber convencido a la administración y se han puesto a trabajar conjuntamente. Falta algún gesto político que haga olvidar agravios anteriores, lo que debería resultar sencillo a un gobierno que ha hecho de los gestos su naturaleza. Quizás una colaboración sincera en Iberoamérica, donde son tantos los intereses comunes, pueda ser una oportunidad. Pero habría que arrinconar viejas tesis europeas que consideran estratégico apartar a esa región de Estados Unidos. La economía americana ha sido durante la ultima década la locomotora del mundo y todo apunta a que con la ayuda de China seguirá siéndolo en el futuro. España, como nos recuerda la CEOE, no puede ignorar ese tren si no quiere poner en peligro su prosperidad. S ...Y AHORA NO SABE QUÉ HACER C ONSUMADA la inacción del último trimestre, que ha permitido al PNV dominar los tiempos y la agenda de su desafío al Estado del Derecho, la estrategia que Rodríguez Zapatero está haciendo llegar a la opinión pública a través de sus allegados en el Gobierno y en el partido es que intentará neutralizar el Plan Ibarretxe venciendo al frente nacionalista en las elecciones vascas de mayo. El cómo lo va a hacer es la explicación que queda pendiente, porque por ahora ese propósito no deja de ser un emotivo brindis al sol que no se ajusta ni a la realidad del terreno, ni al trapío del problema, ni al horizonte previsible a medio plazo. Sobre todo después de haberse dedicado a la concienzuda labor de pulverizar el frente constitucionalista que formaba con el PP en el País Vasco, partido al que necesita a toda costa para poder doblar el pulso a Ibarretxe en esos comicios. Resulta un notable esfuerzo de cinismo apelar como solución a esa victoria conjunta de los constitucionalistas después de que el PSE presentará su plan B las Bases para la actualización y reforma del Estatuto que ahondan en la solución transversal y apuntan a un entendimiento de parte del discurso del peneuvista. Nunca contará con el apoyo del PP mientras ese Plan siga vigente. La propia estadística electoral se dedica a desmontar de arriba a abajo la teoría triunfalista. Fue el 13 de mayo de 2001 cuando la suma de fuerzas constitucionalistas, encabezadas por Mayor y Redondo, obtuvieron su más importante resultado en el País Vasco y se quedaron a las puertas de una victoria sobre la coalición nacionalista. Y si ni las perspectivas inmediatas ni la doctrina del pasado avalan la tesis de la derrota del nacionalismo enlas urnas, lo único previsible es queZapatero intente ejercer esa transversalidad y ofrecerse a unentendimiento con el PNV, rebajando algoel contenido del Plan Ibarretxe, pero dando por buenas concesiones importantes e inasumibles por el Estado. Se equivoca, por último, enla búsqueda de moderados en el nacionalismo vasco y menosprecia la capacidad de convocatoria y militancia de sus bases. El PSE gobernó durante doce años en coalición con los nacionalistas y fue quien rompió ese acuerdo cuando ya supo que el PNV le iba a engañar, unos meses después, en Estella.