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ABC DOMINGO 2 1 2005 Cultura 69 El victoriano John Ruskin no destruyó los dibujos eróticos de J. M. W. Turner La inscripción del osario (datado en el año 63 d. C. estaba escrita en arameo y decía: Jaime, hijo de José, hermano de Jesús EFE LONDRES. El famoso teórico del arte británico John Ruskin nunca quemó los dibujos eróticos de J. M. W. Turner (1775- 1851) contrariamente a lo que aquél afirmó en su día y a la persistente leyenda. Ian Warrell, experto de la Tate Gallery londinense, que ha estudiado cuidadosamente el legado del artista, está convencido de que no hubo tal hoguera, según The Guardian Ruskin (1819- 1900) con fama de pudibundo, ocultó, sin embargo, entre legajos de papeles las obras en las que su amigo pintor mostraba las partes pudendas de las mujeres representadas. Los centenares de dibujos supuestamente destruidos, que tienen una fuerte carga erótica, se encuentran en la colección de la Tate Gallery, afirma el experto que los ha examinado. Ruskin, que se ocupó de administrar el legado de Turner, pintor de paisajes y marinas y extraordinario colorista, al que veneraba, se ufanó públicamente de la supuesta quema de esos dibujos, que calificó de totalmente inexcusables y para mí incomprensibles El crítico victoriano llegó incluso a escribir una carta en la que afirmaba haber autorizado y sido testigo directo de la destrucción en la hoguera de los dibujos en diciembre de 1858. Entre los motivos por los que Turner pudo haber presumido de algo que no tuvo lugar, el experto de la Tate cita la aprobación en 1857 de una ley contra las publicaciones obscenas que provocó auténtica paranoia y temor entre los responsables de las colecciones de arte a ser perseguidos judicialmente. Turner nunca se casó ni se sabe que tuviese hijos, pero el experto de la Tate creen que muchos de los dibujos, incluido uno de una mujer dormida, representan probablemente a Sophia Booth, dueña de una pensión de Margate, con la que tuvo una larga relación sexual. Detienen en Israel a los arqueólogos que falsificaron importantes piezas bíblicas Entre sus descubrimientos se encuentra el osario de un hermano de Jesús b Buscaban pruebas que reforzaran la historicidad de los relatos bíblicos y encontraron vestigios del Primer Templo y de la familia de Jesús. Tal revolución arqueológica les va a costar ir a la cárcel JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Nada es lo que parece. Ni siquiera aunque esté avalado por las opiniones de expertos, revistas prestigiosas, campañas de márketing. Nada es lo que parece. Mucho menos en una Tierra cada día menos Santa, también en cuanto a descubrimientos arqueológicos se refiere. En octubre de 2002, medios de comunicación de todo el mundo recogieron la información divulgada por la Revista Bíblica de Arqueología Un grupo de arqueólogos, investigadores y coleccionistas de relumbrón israelíes acababan de hacer público uno de los más importantes en la reciente historia del Jerusalén enterrado. Ni más ni menos que un osario que había contenido los huesos de Jaime, hijo de José, hermano de Jesucristo. Así se decía asimismo en la inscripción en arameo grabada en la milenaria piedra: Jaime, hijo de José, hermano de Jesús El hallazgo, en efecto, tuvo una repercusión mundial sin precedentes. La pieza fue llevada al Museo Real de Ontario (Toronto, Canadá) donde en apenas unos días fue visitada por más de cien mil personas. El jefe del equipo de investigadores y coleccionista de antigüedades muy renombrado en Israel y allende sus fronteras, Oded Golan, no podía ni quería esconder su satisfacción. El descubrimiento le había reportado lo que en parte ya tenía por excavaciones anteriores: fortuna, fama y prestigio. También estaba Golan detrás del hallazgo de otra pieza de incalculable valor histórico y religioso (incluso político por sus connotaciones y consecuencias evidentes) una tabla de piedra con una inscripción en hebreo antiguo y escritura fenicia, que describía las reparaciones llevadas a cabo en el Primer Templo durante el Reinado de Yoash, en el siglo IX antes de Jesucristo. Era la única prueba física de la existencia de dicho Templo, construido por el Rey Salomón y destruido en el siglo VII de nuestra era por los babilo- Este osario se presentó en octubre de 2002 como evidencia histórica de Jesús nios. Tal era su valor que el Museo de Israel pagó por ella la suma de 4 millones de dólares. AFP Dos años de investigación Pues bien, ni el osario ni la tabla de piedra eran originales. La Policía y la Autoridad de Antigüedades de Israel, tras una investigación de casi dos años, han descubierto el proceso de las falsificaciones, ha desarticulado la banda y ha detenido a los culpables. Oded Golan y sus colaboradores elegían una pieza que sí era original, igual tenía más de tres mil años de antigüedad, y sobre la misma añadían las inscripciones y sumaban más tarde una capa de pátina para simular el paso de los siglos. La pieza original del osario, de más de 2.000 años de antigüedad, tenía una inscripción que decía Jaime, hijo de José Golan añadió entonces, hermano de Jesús Lo mismo sucedió con una granada de marfil datada hace 3.400 años, a la que el cabeza de este grupo que ha operado durante 20 años añadió la inscripción que hacía referencia al Primer Templo judío y que, en esa ocasión, le valió medio millón de dólares, depositado en 1988 en un banco suizo, del Museo de Israel. Los falsificadores ahora detenidos pretendían ganar dinero, fama, prestigio, pretendían engañar a muchos coleccionistas internacionales y a museos de todo el mundo, dispuestos a pagar a veces cifras astronómicas por las antigüedades descubiertas, pero sobre todo pretendían una cosa terrible: cambiar la Historia explica Shuka Dorfman, director de la Autoridad de Antigüedades de Israel. Y no cualquier Historia sino la de Tierra Santa, la de un lugar que ha sido y es centro de disputas y conflictos interreligiosos de una importancia capital. Muchos cristianos y muchos judíos de todo el mundo se sentirán hoy muy decepcionados sentencia entre resignado y satisfecho. Resignado ante lo sucedido; satisfecho por haberle puesto fin. Aunque nunca del todo: Esto no es más que la punta del iceberg