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ABC DOMINGO 2 1 2005 Los domingos 63 Aconsejo que nos desnudemos de la obligación de leerlo de pe a pa. Puede entrarse por capítulos, en una aventura discontinua INVITACIÓN AL QUIJOTE LES HA OCURRIDO con aprender inglés, para muchos españoles no haber leído el Quijote permanece como asignatura pendiente, tantas veces suspendida, por desgana, porque no lo entienden, porque le tienen miedo, porque piensan que nunca podrán hacerse con ese libro, COMO POR JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS CATEDRÁTICO DE CRÍTICA LITERARIA tan respetado y valorado por todos los lectores del planeta a través de los siglos. Ocurre que el Quijote se ha convertido en algo más que un libro: es un monumento de la cultura universal, y por eso infunde tanto respeto como temor. Su engrandecimiento simbólico ha provocado la pa- El Ingenioso Hidalgo, representado por un actor de la compañía Recua, en el Retiro de Madrid CHEMA BARROSO radoja de alejar a los lectores comunes de él. Por eso considero que lo primero que habría que hacer en este IV Centenario es devolver el Quijote a su idea originaria, a lo que es fundamentalmente, y nunca debe dejar de ser: una novela entretenida, un libro con el que disfrutar de muchas situaciones e historias ocurridas a muchos personajes. El IV Centenario ya ha producido un beneficio de primer orden: cualquier español puede tener por muy pocos euros un Quijote bien editado. Es el momento de comprarlo y comenzar a leerlo. Una vez hechos con el libro hay que procurar que su extensión y lenguaje del siglo XVII no nos abrume. Por lo tanto hay que tomarse tiempo, plantear su lectura como una aventura de entretenimiento que puede durar semanas, no como un deber sometido a examen que haya que aprobar a la primera. El propio Cervantes ha imaginado en el Prólogo y luego en el capítulo 32 de la Primera Parte, que como toda obra tendría distintos lectores: el más culto y el menos culto, el melancólico y el risueño, el simple y el discreto. Porque es un libro con muchos registros: uno puede reír con él (sugiero la aventura de los batanes, capítulo XX) admirar un razonamiento como el que tiene don Quijote sobre su amor por Dulcinea (capítulo XXV) asistir a un diálogo sobre la educación de los hijos (el del Verde Gabán, capítulo XVI de la Segunda Parte) o incluso leer pequeñas novelitas que Cervantes metió en su obra, como la del Curioso impertinente (capítulos 33 al 35 de la Primera Parte) Por eso aconsejo que nos desnudemos de la obligación de leerlo de pe a pa, y de una sola vez. El Quijote tiene la ventaja de que es una novela a la que puede entrarse por capítulos distintos, en una aventura discontinua, que nos haga disfrutar de situaciones, pero también conocer un prodigio de lenguaje, y mucha, mucha humanidad. El Quijote no precisa ser leído completo para que un lector pueda disfrutar con su humanidad, porque la tiene a cada página, y es preciso que lo grandioso del conjunto no nos oculte este primor de poder alcanzar en páginas distintas, la soberbia manera cómo la naturaleza humana es asaltada por Cervantes con una mirada graciosa, tierna, conmovida, satírica. Porque siendo fundamentales, no hay sólo don Quijote y Sancho y libros de caballerías. El amor, la libertad, los ideales del gobierno de una ínsula, los desengaños de la edad, los pícaros de los caminos, la pureza (o impureza) de las intenciones. Todo el espectáculo de la vida humana puede verlo el lector en sus páginas, aquí, allá, brotando de continuo en ellas. Aseguro al lector que se divertirá, y que este libro le hará mucho bien, no por lo que tiene de monumento, sino por lo que tiene de profundamente humano.