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40 Madrid DOMINGO 2 1 2005 ABC MADRID UNA Y MEDIA AÑO NUEVO JESÚS HIGUERAS E stos días estamos estrenando las primeras hojas del calendario de 2005, un calendario que todavía está en blanco, una agenda en la que hay muchos momentos que rellenar, muchos acontecimientos que vivir, muchos sentimientos que experimentar; y todo ello se presenta como una gran incógnita. El futuro siempre aparece con un velo de incertidumbre. Tanto es así, que los hombres siempre han querido conocer el futuro para poder dominarlo; incluso hay gente que es capaz de pagar dinero a magos y adivinadores para que nos digan qué va a ser de nuestra vida. Sin embargo, el cristiano en estos momentos vive un especial abandono en las manos de Dios y eleva así su oración: Señor, yo no sé lo que va a ser de mí. Yo no sé si este año que comienza me va a traer salud o enfermedad, riqueza o pobreza, pena o alegría. Sólo sé, Señor, que todo lo quiero vivir de tu mano, en tu compañía, que todo lo quiero interpretar como una caricia de tu providencia, pues tú sigues siendo Padre que proteges al desvalido y auxilias al que no es capaz de sacar las cosas por sí mismo. En tu paternidad eterna, has hecho y vas a hacer para cada uno de nosotros una historia de salvación, en la que cada acontecimiento contribuye a que cada uno de nosotros crezcamos y seamos más maduros en nuestro interior Sólo hay dos modos de interpretar la historia: en plan negativo, quejándonos por las ausencias e incidiendo en lo que nos falta; o en plan positivo, dando gracias por todo aquello con lo que el Señor nos adorna y nos enriquece. Pero si fuéramos capaces de dar un paso más, nuestros sueños sobre el año 2005 no serían sólo sobre aquello que pensamos recibir, pues el secreto de la vida- -decía un escritor alemán- -no es tanto esperar lo que la vida te puede dar a ti, sino lo que tú puedas dar a la vida. Por eso, en estos días, es bonito preguntarse no tanto qué espero yo de 2005, sino qué puede esperar 2005 de mí. Qué estoy dispuesto a entregar, cómo quiero ser, en qué forma voy a tratar a mis familiares y a mi gente, para que este año nuevo sea un año de bienes. DIMES Y DIRETES PEDRO NÚÑEZ MORGADES DEFENSOR DEL MENOR TOLERANCIA CERO CON LAS DROGAS os preocupantes datos de recientes encuestas sobre consumo de droga entre escolares apuntan la necesidad de replantear las políticas de lucha contra la misma, haciendo especial hincapié en la prevención, una vez que ya contamos con suficientes recursos asistenciales. El Plan Nacional Sobre Drogas, diseñado en los años ochenta, respondía, pues, a unas necesidades concretas y a unos hábitos de consumo que nada tienen que ver con los actuales: ya no es la heroína el enemigo fundamental a batir, existen drogas nuevas, ha aumentado de manera considerable el policonsumo (consumo de varias drogas a la vez) y ahora se conocen perfectamente las negativas consecuencias del consumo de algunas sustancias, como el cannabis, tradicionalmente consideradas poco peligrosas. En cuanto a menores, se aprecia un constante incremento de los consumos de alcohol (el 53 de los escolares lo hace de forma habitual) cocaína (se ha triplicado desde el año 2000) y cannabis (un 10 más desde 1996) y la edad de inicio se ha acortado. A pesar de ello, la percepción de riesgo ha L disminuido entre los jóvenes y la sociedad en general parece asumir el fenómeno de las drogas como algo normalizado e inevitable con lo que hay que convivir. La sustancia que más consumen los jóvenes es, con diferencia, el alcohol, del que pueden disponer con suma facilidad y que goza de gran aceptación social: no es percibido como una droga, a pesar de reunir todas las características que lo tipifican como tal, y son pocos los padres que alertan a sus hijos sobre los riegos que conlleva la ingesta de bebidas alcohólicas, cuando sí lo hacen respecto a otras drogas. Esta fácil accesibilidad y la escasa conciencia de peligro, unidos al incesante aumento del consumo, hacen necesario un pacto social e institucional y un nuevo compromiso en materia de drogas, en el que se impliquen los ayuntamientos, las comunidades autónomas y el Estado. Se trata de diseñar nuevas estrategias, basadas en la prevención desde todos los ámbitos: familiar, escolar, social e institucional. Una prevención que ya no puede sólo basarse en la difusión de informa- ción- -que por sí sola, si no va asociada a la educación, no resulta efectiva- -y en campañas para la reducción del daño, asumiendo, como ocurría hasta ahora, que el consumo es inevitable y que, por tanto, el objetivo es que ese consumo haga el menor daño posible. Hay que enfatizar discursos que promuevan la abstinencia, el no consumo, e implementar campañas y medidas cercanas a la psicología y la edad de los jóvenes, que les proporcionen alternativas de ocio y les alejen del consumo de sustancias tóxicas como modelo de diversión, tal como sucede en la actualidad. En este sentido, es también muy importante coordinar los mensajes que se lanzan a la sociedad con el fin de no generar confusión, especialmente entre los más jóvenes. Hay que pensar, por ejemplo, si es adecuado combatir el consumo de alcohol aduciendo las negativas consecuencias que éste provoca, a la vez que, desde otras instancias, se incluyen el vino y la cerveza como alimentos saludables dentro de la dieta mediterránea. En definitiva, la situación actual reúne todas las condiciones para ser altamente preocupante: elevada disponibilidad, mayor y más variado consumo, incorporación al mismo en edades más tempranas, descenso de la percepción de riesgo y permisividad de los padres y de la sociedad en general. Ante estas circunstancias, sólo si hacemos de la lucha contra la droga una prioridad social y de gobierno reduciremos, entre todos y desde nuestros respectivos ámbitos, privados o públicos, esas preocupantes cifras de consumo, especialmente entre menores y jóvenes.