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ABC DOMINGO 2 1 2005 29 Tragedia en Buenos Aires, con más de 180 muertos y más de 700 heridos en el incendio en una discoteca La Administración de Bush se marca como prioridad para 2005 la reforma de la Seguridad Social Sin rastro de cinco españoles en Tailandia L. L. C. PHUKET. Cinco españoles que con toda certeza se encontraban en la zona de las playas de Khao Lak destrozadas por la ola gigante permanecían a última hora de ayer en paradero desconocido, según fuentes de la Embajada española en Tailandia, que informó de que de la lista más preocupante se han borrado tres nombres, una vez que los buscados se han puesto en contacto con sus familiares. Las fotografías de los que permanecen ausentes, acompañadas de sus nombres, números de teléfono y llamamientos desesperados, están desde hace días colgadas en los paneles del Centro de Información instalado en el Ayuntamiento de Phuket, sin que hasta el momento nadie haya dado pista alguna que permita dar con ellos. Desde este centro sigue operando la delegación diplomática de la Embajada de España en Tailandia, encabezada por el cónsul, Agustín Rebollo, que se ha ocupado de rastrear los hospitales. Sigue también la incertidumbre sobre siete personas más, buscadas por la Embajada del Reino Unido, pero que podrían ser españoles. Centenares de cuerpos no identificados yacen en los templos budistas del sur de Tailandia entre bloques de hielo para frenar la descomposición, seis días después del tsunami que arrasó las costas de este país, convertidas en fragmentos de apocalipsis El tanatorio de los sin nombre TEXTO: L. L. CARO Situación muy diferente a la de Aceh, donde la destrucción de las infraestructuras de comunicación y de los edificios de almacenamiento impide avanzar. Allí las labores de rescate oficiales y de las ONG llevan retraso de días. Ayer, llegaba hasta sus costas el portaaviones norteamericano Abraham Lincoln, aunque las carreteras anegadas hacen inaccesibles muchas de las zonas a las que va destinada la ayuda internacional. En este sentido, los trabajos para poner en marcha el aeropuerto se presentan como un reto, y se ha solicitado a las autoridades que dispongan helicópteros para facilitar el reparto de la ayuda. KHAO LAK (TAILANDIA) A uno se le agarra el olor a muerto como una garrapata en la garganta nada más entrar en el templo budista de Yan- Hao. Aún horas después, se continúa sintiendo ese trago amargo. Tendidos por todos los rincones del recinto yacen, malenvueltos en plásticos blancos o azules, los cadáveres de los sin nombre, en una alfombra infinita y macabra de bultos tendidos bajo el sol, entre bloques de hielo, con los que se trata sin éxito de frenar la podredumbre de los cuerpos recogidos hace ya seis días. El calor pegajoso juega en contra, y el resultado acaba siendo un charco fétido que empeora la descomposición, que casi se mastica por debajo de las mascarillas que te entregan en la puerta. El templo de Yan- Hao, y algún otro a lo largo de la carretera kilométrica de Phuket, que recorre la costa de las exclusivas playas de Khao Lak engullidas hace una semana por la ola, se han convertido en improvisados tanatorios donde las gentes seguían llegando ayer en masa con la esperanza de identificar a los suyos. Un lugar de peregrinaje extrañamente efervescente, donde tailandeses y extranjeros- -que darían para componer una torre de Babel- -emprenden atropellados un viaje al infierno provistos de botas negras de plástico, guantes de látex, batas y gorros desechables para intentar encontrar entre el mar de sacos, con sus propias manos, con sus propios ojos, a los que perdieron. Una tailandesa busca a sus familiares entre montones de cadáveres EPA Primer plano de la muerte La única pista posible con la que cuentan son sus fotografías, los primeros planos tomados a los muertos, espantosamente desfigurados, que cuelgan en paneles junto a la puerta, provistos de un número escrito con rotulador, que con algo de suerte remite a un sector del cementerio a cielo abierto. Si hay hallazgo, sólo cabe echar el peso al hombro, dar los datos a un supervisor, y salir cuanto antes de la pesadilla. También han empezado a recogerse muestras de ADN, debajo de sombrillas pegadas a la carretera, en un esfuerzo por empezar a emparejar miles de buscadores con miles de buscados inertes, a los que la ira del tsunami no dejó encima ni un documento para identificarles, al tiempo que las temperaturas de más de 30 grados han acabado por disolver huellas y rostros. No se quiten la máscara. Cuando No asoma ni una lágrima, no hay ni una escena de dolor, ni un lamento se escapa de entre los sacos o ante las galerías de fotos salgan, límpiense bien los pies en los líquidos asépticos. Tengan cuidado al pisar en la zona de cadáveres Por megafonía, alguien de entre las docenas de voluntarios locales dicta con serenidad las recomendaciones a los que llegamos al templo con la mirada deliberadamente volada sin fijarla en ningún punto, para poder soportar el impacto de tanto horror. España, el quinto país que más ayuda España ocupa el quinto puesto en la lista de los países que más dinero han enviado a las zonas afectadas, con un total de 68 millones de dólares. El primer puesto lo ocupa Japón, con 500 millones. Respecto a la ayuda española, ayer llegaba al núcleo de Medam una Unidad de Emergencia de Cruz Roja enviada desde España, que se dedicará a garantizar la producción, el almacenamiento y la distribución de 200.000 litros de agua diarios, fundamental para evitar las epidemias asociadas al uso e ingesta de aguas no potables. La labor de este equipo se sumará en la zona a la que están desplegando ya Alemania, Dinamarca, Francia y Japón. mo. Y te ofrecen agua con una sonrisa balsámica que no se les cae de la cara, manzanas, bocadillos, pomadas de menta para la nariz, teléfonos móviles para hacer llamadas gratuitas, cualquier ayuda. ¿Va a buscar a alguien? Ah... es periodista... recuerde: no toque nada sin los guantes Impone el temor al dengue y al cólera, que por el momento, en el mapa del Apocalipsis que es el sur de Tailandia, continúan sin aparecer. Ni una lágrima Pero no hay ni una lágrima. Ni una escena de dolor. En horas de viaje por la ruta del fin del mundo que es la carretera de Khao Lak- -donde las brigadas continuaban ayer sacando cuerpos con las manos de entre los escombros de los balnearios- -no se oye un llanto. Ni un lamento se escapa de entre los sacos o las galerías de fotos. El respeto profundo y la sensación de estar en una película de miedo pueden más que la emoción. Y que el hedor a muerte que aprieta ahí, en la garganta, hasta amargar. Hospitalidad La inagotable hospitalidad tailandesa también vela por ti. Unas manos te visten la bata, y otras te apartan del camino donde entra un tráiler con muertos envueltos en sábanas blancas, te retiran del trayecto de los soldados que trasladan paneles para montar más y más ataúdes allí mis-