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12 La Entrevista DOMINGO 2 1 2005 ABC (viene de la página anterior) La fuerza de un libro crítico La sorpresa del año político- editorial de Francia ha sido el increíble éxito de un libro de análisis político- económico- social, La France qui tombe de Nicolas Baverez. En él se ofrece un panorama muy sombrío de la nación francesa y de su incapacidad para abandonar los hábitos burocráticos y lanzarse decididamente a un programa de modernización que, según Baverez, han emprendido todos los países europeos. Aun siendo el más conocido, el libro de Baverez no es el único. Junto a su La Francia que se desploma las librerías han vendido títulos como La arrogancia de Francia o Adiós a una Francia que desaparece El autor de este último título es Jean- Marie Rouart, miembro de la Academia Francesa, quien echa de menos los valores que él considera franceses, como el honor y el orgullo de su propia civilización. En Rouart, como en Baverez, hay mucho de nostalgia gaullista ese tipo de auctoritas política que permite adoptar decisiones tan impopulares pero necesarias como la descolonización de Argelia entonces, como la desestructuración del Estado hoy en día. La avalancha de críticas pesimistas, provenientes del mismo ámbito conservador que el gobierno han sido lo suficientemente importantes como de tener un cambio en la generación de líderes y, en segundo lugar, si vamos a tener un verdadero proyecto de modernización, desde la izquierda o desde la derecha. -Regresemos a Europa... ¿Ha dicho usted que la Unión Europea es un marco inadecuado para impulsar reformas? -Cada país es diferente, especialmente en Europa. Por ejemplo, la actitud ante el riesgo es totalmente distinta en Francia o en el Reino Unido. En el Reino Unido tenemos una sociedad muy democrática en lo político pero terriblemente clasista en lo social. Y en cambio en Francia tenemos una sociedad muy igualitaria en la que no existe aristocracia, pero con un déficit democrático enorme porque el estado es demasiado omnipresente y hay muy pocos controles y equilibrios entre las instituciones. Si quieres hacer una reforma de las estructuras sociales y económicas, hay que tener muy en cuenta esas historias diferentes. ¿Francia como freno a la evolución europea? -Bueno, debo insistir en que Europa no es el marco adecuado para afrontar este problema. Ese sería el camino equivocado. En Francia somos incapaces de hablar de nuestro mercado de trabajo, así que hablamos de una Europa Social. No somos capaces de discutir sobre nuestras instituciones y la figura del presidente y hablamos entonces sobre los problemas de la democracia en la Unión Europea. Europa acaba convirtiéndose en una coartada. Es un error creer que con la globalización morirán las identidades nacionales, es justo al contrario. Cuanto más globalizas, más fuertes son las identidades y cuanto más globalizas más necesitarás regulaciones específicas, que serán diferentes para cada país, aunque coherentes con la situación internacional de una sociedad y una economía abiertas. -La deuda pública francesa pesa como una losa... -La situación está muy clara, el último superávit del sector público tuvo lugar en 1974. Eso quiere decir que hemos tenido 30 años de déficit y la deuda pública creció del 20 del PIB en 1980 al 65 hoy en día... Y esto son sólo las cifras oficiales, sin contar los planes de jubilación para parte del sector público... En resumidas cuentas, es una ficción proceder a una redistribución de la riqueza basándola en el déficit publico como si éste pudiera ser eterno... Esto significa que los ingresos y los servicios de los franceses de hoy serán financiados por sus hijos y nietos... Esto es una locura, un sistema de desarrollo insostenible. -Sin embargo, uno de los problemas a los que se enfrenta la gente hoy en día es a la inseguridad ante la globalización... ¿Qué papel cumple ahí el Estado? -Pienso que en estas sociedades y economías abiertas se corren riesgos muy grandes y que la gente debe sentirse respaldada por un estado fuerte. Por eso es tan importante no estar en bancarrota, porque en un momento malo tienes que ser capaz de maniobrar... Cuanto más globalización, son necesa- para que el primer ministro Jean- Pierre Raffarin hubiera de salir a la palestra para explicar que el horizonte es mucho más sonriente de lo que auguran estos libros. Lo cierto es que Francia se enfrente a una disyuntiva: seguir como hasta ahora, haciendo como si la marea desregularizadora no le afecta, o aceptar que la V Repúbli- ca debe adoptar otras formas, muy diferentes a las que han dominado los últimos 50 años. Para muchos, esto es algo más que duro, es casi inimaginable. En España se ha producido una continua modernización, a una velocidad enorme, en estos años de democracia rias políticas públicas más eficientes y gobiernos que sean capaces de llevar a cabo el consenso ciudadano durante un plazo de tiempo. -Permítame que regrese de nuevo al tema europeo, aunque sea sólo porque una parte del presupuesto invertido en los países de la Unión viene de Bruselas. -El interés por lo nacional no quiere decir que no nos debamos preocupar por la política económica europea, que sencillamente no está siendo eficiente. En caso de que sigamos así, Europa desaparecerá en el plano geopolítico y será cada vez menos relevante en el económico. Resultará muy difícil que podamos estar en la tribuna mundial junto a América del Norte o China e India... ¿También en política de defensa? -Bueno, en ese aspecto tenemos bastantes cosas que hacer si comprendemos que todos los países europeos tienen unas cuantas misiones comunes. La primera, defender el área del tratado de Schengen. No tenemos por qué pensar en desplegar nuestras tropas en todo el mundo, sino en defender nuestro continente. En segundo lugar, hemos de ser capaces de garantizar la seguridad en la ex Yugoslavia una vez que los americanos se retiren por completo. Y finalmente hemos de ser capaces de controlar nuestras fronteras, y esto es algo de vital importancia para todos los países y no sólo para España, Italia o Polonia. Por eso creo que los antiguos debates sobre la OTAN ya no son pertinentes. Si, como en Irak, algún país decide acudir, ésa es su decisión, pero no entra dentro de los objetivos propios de la defensa europea. ¿Y qué opina sobre ese pozo sin fondo que es la política agraria europea? -Bueno, hemos de recordar que la Comunidad Europea se creó sobre la industria alemana y la agricultura francesa. Ese era el trato. Por supuesto, la situación actualmente es absurda y tenemos que enfrentarnos a ella. Francia y su incapacidad para el cambio están dificultando afrontar esa cuestión. Existen dos escuelas, la francesa, que defiende una estrategia del aplazamiento eterno, y otra que consiste en reconstruir el modelo agrícola francés y europeo de la misma manera que hemos de reconstruir el modelo industrial. -Según todo lo anterior, ¿qué le parece el trayecto de España en estos años de democracia? -En España lo que se ha producido es un continuo proceso de modernización en todos estos años de democracia a una velocidad enorme. Desde un punto de vista histórico no creo que se distinga mucho entre González, Aznar o Zapatero, sino que se puede hablar de un proceso continuo e impresionante de modernización del país.