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ABC DOMINGO 2 1 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR LOS HILOS INVISIBLES IGNACIO CAMACHO ta garantizaron la cohesión de un Estado de corte federal que ha ido ajustándose hasta crear, no sin tensiones, un sistema de cuyo éxito da fe la prosperidad alcanzada en los últimos veinticinco años. Para ello fueron necesarias numerosas cesiones mutuas que forjaron un consenso nacional sobre la base de lo posible más que de lo deseable. Por razones en cierto modo inexplicables, que acaso tengan que ver con las frustraciones mal resueltas de algunos irreductibles, con el apetito desequilibrado de los más insolidarios y con la fantasía iluminada de ciertos mesianismos, en los últimos meses parece haberse abierto de repente una falsa necesidad de descoser ese modelo para cortar nuevos trajes a la medida de minorías insatisfechas. Preso de su debilidad parlamentaria y de su falta de proyecto, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha permitido que se extienda la sensación de que el Estado constitucional está en fase de arreglo como un traje pasado de moda. Y lo ha hecho sin asegurarse el control del patronaje, de manera que algunos desaprensivos han comenzado a cortar hilos por su cuenta, sin pararse en su desafuero a considerar- -quizá porque no les importa- -que están rozando los puntos por los que se deshace el modelo. No pocos de esos hilos están hechos de materias simbólicas pero extremadamente sensibles, no menos delicadas que órdagos explícitos de la brutalidad desafiante del ya inevitable referéndum ilegal vasco. El caso del Archivo de Salamanca, por ejemplo, tiene un valor mucho más emblemático que real, en cuanto que supone la humillación revanchista de una región por otra, claramente superior, además, en renta y desarrollo. Otros episodios recientes, como el boicot catalanista a la candidatura Olímpica de Madrid o la polémica de las selecciones deportivas autonómicas, se mueven en un plano igualmente simbólico pero amenazan con arrollar, en su furor identitario, el delicado andamiaje sentimental en que se ha venido basando el equilibrio de una nación avenida a pesar de sus contradictorios intereses territoriales. Si a eso se unen envites claramente secesionistas comoel Plan Ibarretxe, respaldado por el inesperado órdago de terrorismo parlamentario de Batasuna enuna reedición del pacto de Estella, carta de Josu Ternera en mano; si se le suman demarrages ventajistas como el del nuevo Estatuto catalán en ciernes; si los presidentes del Tribunal Constitucional y del Consejo de Estado, encargados de velar por la solidez de las vigas maestras del Zapatero e Ibarretxe, en La Moncloa el pasado mes de julio CHEMA BARROSO entramado institucional, se encogen de hombros y vienen a decir que todo cabe bajo el manto ambiguo de la semántica de la discordia. Más allá de las fórmulas políticas, de las organijurídica; y si todo ello tiene lugar bajo lamirada silente de un Gobierzaciones sociales o de las estructuras culturales, la vida españono cuyo presidente sólo es capaz de balbucir un complaciente no la está tejida con una hilatura sentimental cuyas puntadas atrapasa nada -o, lo que es lo mismo, que no tiene importancia que un viesan la geografía y la historia. Andaluces en Cataluña, gallegobierno autonómico plantee un referéndum ilegal apoyado por los gos en Canarias, vascos en Andalucía, extremeños en Euskavotos de una banda terrorista- -que a nadie tranquiliza ni convendi... Una urdimbre de gentes cruzadas a través de la experiencia ce, el resultado es el de un efectivo clima de disolución de las bases y de la sangre que ha forjado una realidad tan compleja como de mestizaje, consenso y tolerancia que constituyen los trazos de la difícil de deshilar a golpe de consigna política o de insolidaria canción de la memoria colectiva de España. rebeldía territorial. Pero no todo da igual o, al menos, no todo da igual a todo el munSi durante el franquismo hubo algún fracasado intento de redo. El significativo rechazo navideño al cava, que ha supuesto cuanforzar autoritariamente esa hilatura con un corsé metálico y tiosas pérdidas en el sector bodeguero catalán, viene a confirmar artificial, la Constitución del 78 vino a aflojar las correas forzoque tan irresponsable juego está haciendo saltar por todas partes sas apretadas por la dictadura con un modelo abierto que dejaalgunas costuras de esos hilos invisibles que sujetan las hechuras ba suficiente holgura para que casi nadie se sintiese constreñidel Estado. De un Estado democrático, nadie lo olvide, con cotas de do. Los mecanismos constitucionales de transferencias de renlibertad jamás alcanzadas en nuestra maltrecha Historia. Es probable que la fortaleza de esos hilos acostumbrados a las España es una nación- -sí, una nación, tiranteces resista también este envalentonado y reciente impulso centrífugo. Pero convendría no tensarlos demasiado desde un exce ¿qué pasa? -cosida con hilos invisibles so de confianza optimista como el que parece envolver al presidente Rodríguez Zapatero, convencido de que lo más importante es no que a lo largo del tiempo han sujetado y proporcionarle a los secesionistas argumentos para rentabilizar la dado forma a una memoria común. crispación. Porque hay catarros que desembocan en neumonías, y sarampiones que acaban envaricela. Porque a veces gobernar signiConvendría no tensarlos demasiado fica entender que la política es una manta corta, con la que si te tapas los pies te descubres la cabeza, y que cuando se tensa demasiadesde un exceso de confianza optimista. do se rompe por muy firme que parezca su textura. Y porque todo dirigente público que se respete a sí mismo acaba, tarde o tempraPorque no todo da igual o, al menos, no no, enfrentado a la necesidad de trazar una raya entre lo que es adtodo da igual a todo el mundo misible y lo que no. Lejos de las víctimas Puede que el balance final de muertos del incendio de la discoteca República Cromagnon de Buenos Aires supere los dos centenares. A las quejas por las deficiencias en las medidas de seguridad del local le han seguidolas críticas al presidente Néstor Kirchner, que no interrumpió sus vacaciones australes para gestionar desde la capital porteña, y cerca de las víctimas, la peor tragedia vivida por su país en los últimos tiempos. E L viajero y explorador Bruce Chatwin contó en Los trazos de la canción una hermosa leyenda de los aborígenes australianos que de algún modo simboliza la existencia de un sustrato universal común entre los hombres y el territorio: una especie de hoja de ruta sentimental que vincula a los habitantes de la tierra con una época liminal anclada en las raíces del mito, y que los supervivientes de la casi extinguida raza austral identifican con un tiempo en que sus dioses trazaban senderos de conocimiento a través de la magia de un supuesto canto cuya memoria colectiva delimita los saberes de la tribu. Esos hermosos y melancólicos trazos de la canción no son, en realidad, un fenómeno solamente australiano, sino universal: eran los medios simbólicos a través de los cuales un hombre delimitaba su territorio y organizaba su vida social. En cierta forma, esos míticos trazos de ida y vuelta existen también en el corazón de la conciencia española. España es una nación- -sí, una nación, ¿qué pasa? -cosida con hilos invisibles que a lo largo de los siglos han sujetado y dado forma a una memoria común capaz de sobreponerse a los recurrentes impulsos históricos que de vez en cuando provocan sacudidas de los demonios Congelados de fin de año La aprobación del Plan Ibarretxe el penúltimo día del año puso en evidencia la precocinada elaboración de los mensajes de fin de año de los presidentes autonómicos. Salvo los que tuvieron reflejos e incluyeron a última hora referencias elípticas a lo ocurrido en la Cámara vasca, como Pasqual Maragall, la gran mayoría prefirió tirar de los congelados para despedir el año a sus administrados, eludiendo entrar a comentar uno de los hitos más importantes del año y que, sin duda, marcará la agenda política de 2005. La falta de sintonía entre la actualidad y esos mensajes puede descolocar a los ciudadanos, resta eficacia al mensaje y afea la imagen de su portavoz. El futuro, negro, de Europa Nicolás Baverez, que pasa por ser el más clarividente politólogo francés del momento, ha conseguido que un ensayo, La Francia que se desploma se convirtiera en un fenómeno editorial. Al parecer, a Europa no le irá mucho mejor que a Francia. Según él, su política y su economía presenta fallos estructurales que poco a poco apartarán a la UE de la relevancia mundial que sí tendrán en el futuro Estados Unidos, China o la India. director abc. es