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58 Espectáculos VIERNES 31 12 2004 ABC VIERNES DE ESTRENO Caminar sobre las aguas Ong- Bak Puente turbulento J. C. Toma, toma y toma E. R. M. Director: Eytan Fox Intérpretes: Lior Ashkenazi, Knut Berger, Carolina Peters, Duración: 105 minutos Nacionalidad: Israel, 2004 Calificación: Hace un par de años llegó a nuestras pantallas (a pocas, y más esquinadas que el banderín de córner) una sana extravagancia judía llamada Intervención divina que abordaba el tremendo cronicón palestino- israelí con curiosa, marciana y casi gaditana chacota que incluso no hacías ascos a tropezones matrix a pie de intifada. Al verla era inevitable pensar que debe haber otras formas más ortodoxas pero igualmente certeras de hacer diana en tan delicado asunto, cosa que Eytan Fox- -cuya breve pero intensa carrera se caracteriza por llamar al pan, pan, incluso en su versión onomatopéyica- -ha abordado en éste su tercer largometraje. De momento, la premisa tiene más tela que el pijama de Homer Simpson: a un liquidador del Mosad israelí le cae el encarguito de hacer de guía turístico de un alemán con árbol genealógico podrido de nazismo. Y, encima, el muchachote es gay (algo que a nosotros plim, pero al tal Eyal le sabe a cuerno quemado) Por supuesto, el viaje en plan road movie a través de las carcomas de Jerusalén y alrededores no es menos interesante que el trayecto interior de ambos personajes, tan diametralmente opuestos pero obligatoriamente encontrados que el espectador vive cada minuto del primer segmento del filme con el corazón en un puño, esperando que de un espuelazo se active alguna bomba arracimada. Algo que Fox contiene muy hábilmente, a pesar de que, en la segunda etapa del viaje (la alemana) la situación se vuelve algo incómoda de puro forzada. Impresión que queda anulada por fogonazos tales como la aparición del anciano nazi o el lírico y simbólico baño alquitranado que purifica a los protagonistas y que también sirve como prueba de que las heridas y trapos sucios mejor lavarlos en casa y en seco, aunque luego nos guste ver las cicatrices. Tal es la moraleja de un filme honesto, pedregoso y algo catártico que no escatima autocrítica y humor en bruto, y al que no le da reparos mirarse al espejo, aunque sea por la cruda mañana y sin afeitar. Dentro de que resulten algo exageradas las frases promocionales que la preceden Nunca has visto nada igual Llega una superestrella única, viene de Tailandia y su nombre es Tony Jaa hay que reconocerle a esta película de artes marciales ciertas particularidades y singularidades que la ponen a salvo de las majaderías habituales del subgénero, por lo general patatero y ramplón. Puesto que la historia que narra está muy vista, lo nunca visto a lo que se alude ha de estar referido a las coreografías de luchas y a los golpes que se propinan los luchadores, en realidad, los que les propina a los demás el protagonista, un joven más o menos monje y experto en una cosa llamada Muay Thai, que consiste en dar bofetadas y capones con todas las partes del cuerpo, preferiblemente con los codos, rodillas y todas esas junturas óseas que entre el ser occidental suelen ser pasto de reúmas y puñetas. El protagonista de Ong- Bak representa el bien, la prudencia, la paciencia y el amor a los demás, lo cual parecerá extraño en alguien que se comporta como una lavadora en su función de centrifugado, pero así es. Se llama Tony Jaa y es como Bruce Lee sin petulancia y como el pequeño saltamontes de Kung- Fu pero con algunas gotas de Director: Prachya Pinkaew. Intérpretes: Phanom Yeéru, Petchtai Wongkamlao, Duración: 105 minutos Nacionalidad: Tailandia, 2003 Calificación: sangre en las venas. Mientras está él en la pantalla y en acción, cosa que ocurre muy a menudo, la película es una fiesta coreográfica. Cuando se paran y se dedican a narrar, la cosa baja como un termómetro burgalés. Como en el buen mu- sical, se hace tiempo entre coreografía y coreografía con tópicos argumentales (un buda robado, un pueblo preso de las desgracias que le caerán por ello, un joven que los salvará a todos, la maldad que proviene de occidente y del olvido de las tradiciones... todo ello en niveles de profundidad aptos para que se bañen los niños) Y, puestos a exagerar, este Tony Jaa resulta al mundo de las bofetadas lo que Fred Astaire al mundo de la danza. ¡Qué estilo! ¡Qué ritmo! ¡Qué mojicones! Al descubierto: guerra en Irak Director: Robert Greewald Intérpretes no profesionales Nacionalidad: Estados Unidos. 2004 Duración: 103 minutos Calificación: minente del régimen de Sadam Hussein para la seguridad norteamericana. No son los únicos en hacerlo- -los editorialistas de todo el mundo han manejado argumentaciones similares u opuestas- -pero la novedad de la película proviene de que se trata de una crítica hecha desde dentro, por expertos que hablan desde su campo de especialización, discutiendo las razones dadas en comparecencias públicas por los políticos. Este es el método de Greenwald, una sucesión de bustos parlantes que discuten pormenores técnicos y burocráticos, analizando un prolijo volumen de información, o desinformación, de la que no se hicieron eco en su momento los medios de comunicación americanos. Pero la eficacia de la película se resiente por el hecho de ser mucho más aburrida- -aunque sea más minuciosa y objetiva- -que la que hizo Michael Moore sobre el mismo tema: un documental no es un dossier sino un material al que el cineasta debe darle forma, sobre todo con un tema tan polémico y actual como sigue siendo por desgracia el de Irak. Peligro inminente A. W. El objetivo de este documental es desmontar los argumentos que utilizó la administración de George Bush para justificar el comienzo de la guerra contra Irak. Es un tema espinoso: como otras cuestiones políticas de calado, produce una polarización de posturas que parece acabar reduciéndose a una disputa entre partidos. Pese a las simpatías que se le adivinan al director Greenwald, no es ésta una película demócrata hecha contra Bush: la veintena de cualificados testigos que desfilan por ella son funcionarios de la CIA, expertos en terrorismo islámico de diversas agencias oficiales, inspectores de la ONU y más de uno se confiesa republicano. Pero ni uno sólo de ellos admite la versión que ofrecieron Bush, Rumsfeld y Powell sobre el peligro in-