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ABC VIERNES 31 12 2004 Espectáculos 55 VIERNES DE ESTRENO UN AÑO DE CINE Troya Aunque a Brad Pitt le venía grande el traje épico, el espectáculo desplegado por Peterson era digno de elogio, así como la resurrección del gran Peter O Toole. Lost in translation Sofia Coppola se ha subido a las barbas paternas con esta maravillosa y minimalista historia de amor con unos portentosos Bill Murray y Scarlett Johansson. Sky Captain y el mundo del mañana El título de rookie del año se lo lleva Kerry Conran y este asombroso largo aventurero y delicioso con un Jude Law en racha. Mar adentro Marinero en tierra TEXTO: FEDERICO MARÍN BELLÓN En esta selección de lo mejor de la cosecha, el año pasado se quedó fuera Te doy mis ojos y con aquella excelente película la representación española al completo. Habría sido imperdonable que ocurriera lo mismo con Mar adentro un título que aúna varios milagros, propiciados por la alineación de talentos, y cuyo casco no ha sufrido ni una herida desde que zarpó, pese a las marejadas de apoyos más o menos interesados, celos profesionales y la sinrazón de quienes han llegado a alardear de no verla. Mal podía imaginar Ramón Sampedro desde su lecho de décadas lo premonitorio de sus versos: Mar adentro, mar adentro, y en la ingravidez del fondo donde se cumplen los sueños, se juntan dos voluntades para cumplir un deseo La película es, en efecto, el producto de la inmensa fuerza aglutinadora de Javier Bardem y Alejandro Amenábar, el hombre que soñó que volaba y emprendió el vuelo. El joven director- -empezó tan pronto que el adjetivo se le ha quedado pegado- -da un salto mortal en cada proyecto: del cum laude universitario pasó al gran espectáculo (descongelado luego en Hollywood con sabor a vainilla) y de éste a la fantasmagórica obra maestra capaz de convertir en estrella a quien ya creía serlo, una Nicole Kidman a la que cabría piropear con aquello de ¡la muerte os sienta tan bien! Y entonces, después de firmar el mayor éxito del cine español de la historia, a la tercera, como quien lanza una cochina jabalina, Amenábar apostó por el trazo desnudo de una película sobre la eutanasia con un cuerpo todavía caliente como referente y la familia como testigo. En resumen, el director encontró las llaves del cielo que Sampedro escondió en sus Cartas desde el infierno aunque para hacer el salto más difícil todavía apostó por un actor al que le faltaban años, le sobraba fama y no daba el tipo ni cortándole las piernas. Es ahí donde surge la figura descomunal de Javier Bardem, marinero en tierra, con un cuerpazo como el jirón de una vela. Desde Johnny cogió su fusil no habíamos visto a un protagonista con tan poca movilidad, pero Bardem extrae virtud de la necesidad más yerma y aprovecha sus largas horas de maquillaje para repensar al personaje, amoldarse a su quietud y descubrir las posiblidades del rostro bien usado, que despliega sus recursos sin abusar de ninguno. Javier Bardem, que ha sido alabado por la crítica internacional, demuestra en el filme que está en su mejor momento Pero Mar adentro es mucho más. Su oleaje no sólo baña las costas del drama bien torneado, su espuma bulle agitada por algo más que la calidad inmensa de su reparto. Belén Rueda, Lola Dueñas, Mabel Rivera, Clara Segura, o esos hombres injustamente relegados, Celso Bugallo, Joan Dalmau, Alberto Jiménez, Francesc Garrido, Tamar Novas, José María Pou, la mirada mágica de Aguirresarobe, la música del genio polifacético... Todos juntos no bastan para explicar los océanos que alberga este mar, de este velero que se balancea desafiante al compás de la botavara del tiempo. El mayor hallazgo de Amenábar, junto al sentido del humor que, al parecer, es un legado más del propio Sampedro, es narrar a contracorriente una historia del amor más puro. Mar adentro es la renuncia de un hombre no ya a la vida efímera, sino al amor incondicional y sacrificado que le profesan sus mujeres. Esa vertiente, la romántica (insólita con un protagonista postrado a perpetuidad) es la que engrandece el filme, que no se queda en la mera lucha de una persona contra la justicia de sus semejantes. Sampedro se equipara así al Drácula de Coppola que se resiste a morder el cuello de su amada para no arrastrarla a su sucia invulnerabilidad, al Rick que deja marchar a Ingrid Bergman al final de Casablanca Se convierte, contra su propia voluntad y ya sin apelación posible, en definitivamente inmortal. Amenábar encontró las llaves del cielo que Sampedro escondió en sus Cartas desde el infierno