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52 Espectáculos VIERNES 31 12 2004 ABC VIERNES DE ESTRENO UN AÑO DE CINE 21 gramos Tras Amores perros el mexicano González Iñárritu demostró que se puede coger al toro hollywoodiense por los cuernos del melodrama más brutal y azaroso. Fahrenheit 9 11 Aunque no consiguiera su objetivo anti- Bush, Michael Moore se llevó la Palma en Cannes con este documental fiel a su estilo- estampida. Kill Bill 1 y 2 El retorno del año lo protagonizó Quentin Tarantino y su descomunal díptico. Ultraviolenta la primera, metafísica la segunda, lo mejor es quedarse con las dos. Una honkonesa futurista, una española universal y tres para todos los públicos de animación o con actores reales, forman el quinteto ideal (coronado por una docena de propina) del cine de 2004 elaborado por nuestros críticos Zhang Ziyi, una estrella del cine oriental derrochando glamour en una escena de la película de Wong Kar- wai 2046 Territorio Wong Kar- wai TEXTO: E. R. MARCHANTE En un gesto de urgencia insólito en él, Wong Kar- wai (el relamerse en la lentitud, más allá de lo que nunca soñó Kundera) decidió considerar terminada la esquiva película que llevaba años urdiendo, 2046 Tal vez para que no se le juntaran las fechas narrativas con las de estreno. La prestó todavía a falta de un golpe de gratinado al Festival de Cannes, donde a algunos nos estalló en los ojos; no al jurado, ciertamente, que estaba echándose la siesta en el Carlton o cenando en la Mère Besson. 2046 es una película impresionante, y lo es en su sentido estricto, o sea, una película que impresiona, que marca, que altera, una película que recoge al espectador recién entrado de la vulgar calle y lo transporta a un lugar indefinible, a un tiempo inexistente y a una ansiedad sentimental que proporciona una relajada y rara alerta... Porque: 2046 aparenta ser una fecha (casualmente, coincide con el final de esos cincuenta años sin cambios que le prometió China a Hong Kong) pero es en realidad un lugar, o aún más certeramente, el estado de ánimo en el que te sume ese lugar, algo así como una clave íntima: 2046 una habitación de hotel, la misma que acogía la no- historia de amor entre los protagonistas de In the mood for love (Deseando amar) y en la que arraiga ese ímpetu entre optimista y gris apenado de sus personajes, que están en predisposición de amar y en ese ámbito sutil de lo que parece prestarse al arranque de un romance... Pero Wong Kar- wai es un narrador 2046 es una película impresionante, y lo es en su sentido estricto, o sea, una película que impresiona, que marca y que altera que no se mira en nadie y un director de cine inimitable, que urde preciosas no- historias de amor (que algunos podrían confundir con historias de amor infructuosas) para que tejan pesadumbre en el corazón del visitante o espectador. Buscaba en In the mood for love esos instantes y modos en que la chispa precede al fuego y a su posterior olvido, y ensortija en 2046 unas historias sin tiempo ni lugar ni explicación, entre pasillos y habitaciones vaporosas, en las que la luz provoca estragos y sugerencias, y una música triste lo embadurna todo de melancolía y perplejidad. En una puesta en escena mágica y contradictoria (tan futurista como demodé, tan pendiente de lo insólito del encuadre como abandonada a su suerte en los ojos absortos del espectador) el narrador convoca varios personajes femeninos, diversos apuntes y situaciones del pasado, apenas pinceladas de memoria donde se sugieren hilos y engarces literarios con su cine anterior... Wong Kar- wai no le da al espectador claridad argumental a cambio de su interés, sino que le propone un trueque insólito: emoción por confusión. Hay que ser no sólo un lince, sino también un gran conocedor del cine de Wong Kar- wai para funambulear por ese hilo tenso de las historias que cuenta, se cruzan y solapan en 2046 Surge, desde luego, la ansiedad por entender los corazones de esos personajes, de ese escritor sin escritura, de esa enamorada sin amor, de esa jugadora sin futuro y sin el consuelo del pasado... Contra esa ansiedad por resolver el enigma, está la suave defensa de agarrarse a la emoción pura que expresan las imágenes y su muda elocuencia, la tozuda soledad de una farola cuya luz se vence al castigo de la lluvia o la persistente imagen de una cintura de mujer que atraviesa el plano como un recuerdo. No hay secretos en el cine de Wong Kar- wai, es ése mismo y ahí está su actor, Tony Leung; están sus actrices, Faye Wong, Maggie Cheung, Zhang Ziyi, Gong Li; están sus personajes, sus obsesiones... No es más que una visita sin guía ni traductor a ese vasto territorio emocional que maneja este creador de pulsos y sugestiones.