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ABC VIERNES 31 12 2004 Espectáculos 51 Angelina Jolie en su papel de Olimpia mira con arrobo a su hijo Colin Farrell Alejandro Magno Los flancos polémicos de Alejandro TEXTO: E. RODRÍGUEZ MARCHANTE De qué modo tan brusco se ha querido señalar Oliver Stone a sí mismo como el Plutarco del cine, una mezcla de historiador y cuentista que desvela el velo de grandes personajes o magníficos canallas. Nuestros clásicos John Fitzgerald Kennedy, Nixon, Fidel Castro... la idea hubiera podido pasar desapercibida si no se decide Oliver Stone a coger un atajo: Alejandro Magno. Ya está ahí, donde Plutarco, que alimentaba líneas paralelas y vocaciones oblicuas, y que ató al mismo hilo de la Historia a Alejandro Magno y a Julio César, dueños ambos del mundo. Sin duda Oliver Stone ha pastado en Plutarco, y en Arriano y su Anábasis o Expedición de Alejandro y en las descripciones deRufo Quinto Curcio y las de Diodoro, pero también ha pastado en los enormes campos que los siglos, el romance, la imaginación y la poética han hecho brotar sobre la figura del conquistador. La película es, conviene caer en la redundancia, una película. Sí, pero elige sus armas. Por ejemplo, y sería más o menos una declaración de principios: Oliver Stone ahorma la personalidad fuera de lo común del niño Alejandro mediante el encuentro épico entre él y su famoso caballo Bucéfalo siempre referida e historiada como una metafórica hipérbole. Prefiere el polémico director esta orla de ribete mítico para su visión del personaje que ni siquiera mencionar el hecho de que Alejandro fue instruido hasta los dieciséis años por Aristóteles, contratado por El punto polémico al que se ha agarrado tanto Oliver Stone como sus críticos es pura hipocresía: la bisexualidad del héroe su padre, Filipo II y convertido en el maestro mejor pagado de la historia, pues Filipo hizo reconstruir para él Estagira, su ciudad natal que había sido arrasada. Igualmente podría haber fraguado otro personaje tan alejandrino a través del eterno contencioso con el hablador Demóstenes (qué gran anécdota cuando la presencia de Filipo atragantó al orador) Al no aparecer Aristóteles (y sí Bucéfalo en el soporte ético e intelectual del personaje, no aparece tampoco su esencia, aquello que movió a Alejandro hasta las puertas de la India. Que fue, sencillamente, la vanidad, una cualidad estimadísima en el mundo griego siempre y cuando el vanidoso se hubiera ganado el derecho de serlo; es decir, aquello que le inculcó Aristóteles: ser lo que realmente deseaba parecer. Es indudable que lo persiguió hasta la muerte. Con franqueza, y sin ánimo de banalizar el asunto: ¿alguien ve algo de esto, algún rastro aristotélico en la mirada de Colin Farrell? El actor irlandés, en cambio, sí consigue transmitir fácilmente la zona torturada y brutal ¿y bushiana del guerrero Alejandro. El punto polémico, al que se ha agarrado tanto Oliver Stone como sus críticos, es pura hipocresía. Es el referido a la subrayada condición bisexual de Alejandro... De Alejandro y de todo el mundo griego. Condición basada en el supuesto de lo femenino como forma imperfecta de lo masculino; lo cual le daba a la heterosexualidad un carácter puramente biológico. Aunque el precepto aristotélico en este sentido estaba fuertemente basado en sentimientos de amistad, aunque entendidos con la fuerza y la pasión que el propio amor. El retrato que deja la película de la relación entre Alejandro y su pasión por Hefestión es tan cierto como manipulador y forzado. La historia nos dice que Hefestión fue un personaje especial y no sólo por la dedicación a Alejandro, una dedicación plena lo mismo en la guerra a campo abierto que en las luchas palaciegas, sino también por su propia valía, de la que dejó testimonio escrito (aunque ya inexistente) Aristóteles en un libro entero de cartas dedicadas a él. Sin duda la natural relación entre Alejandro y Hefestión está calculadamente puesta ahí por Oliver Stone para contar, o para que escuchemos, otra cosa. Por lo demás, Stone ni quiere ni puede evitar que las conquistas de Alejandro por Anatolia, Babilonia, Mesopotamia, Palestina, la fuerza y la intención de su brazo al guerrear desde Occidente y hacia Oriente, por sus ambiciones y por sus ideas, se reflejen aquí como el eco eterno del pasado en el presente.