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50 Espectáculos VIERNES 31 12 2004 ABC VIERNES DE ESTRENO La víspera de Reyes se estrena Alejandro Magno uno de los platos fuertes de la temporada cinematográfica. Más acá del reparto de lujo, la película tiene otro gran protagonista: el caballo del héroe que pasta apaciblemente muy cerca de Madrid, en Daganzo Bucéfalo galopa muy cerca TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE FOTOS: SIGEFREDO En breve, Alejandro Magno pondrá sitio a la cartelera cinematográfica española, al frente de su falange macedónica y a lomos de su inseparable e invencible Bucéfalo Un caballo de Tesalia al que Alejandro domó ante la mirada descreída de unos cuantos cortesanos y de su propio padre, Filipo, quien al acabar la demostración ecuestre de su hijo sólo pudo exclamar: ¡Hijo mío, busca un reino igual a ti, porque en la Macedonia no cabes! Dicho y hecho, a montura y cabalgadura les esperaban veinte millones de kilómetros cuadrados que conquistar. Pero este Bucéfalo de la nueva película de Oliver Stone habla español, castellano de Daganzo, donde ha sido entrenado por Ricardo Cruz, uno de los mejores domadores y especialistas de caballos del mundo Bucéfalo Ulbe en la intimidad, lejos de los escenarios y las cámaras) es un frisón negro holandés, una raza de poca alzada pero tremenda potencia, valentía y fortaleza. Negro azabache como su hermano legendario, este Bucéfalo menos llamar por el móvil, hace todo lo que se le pida. Semeja estar muerto, trota, se pone (fiero, impresionante) a dos patas, posa con su entrenador, con Hernán otro de los especialistas, incluso posa ante los fotógrafos sin mirar a camara, de soslayo, haciéndose el interesante. Ricardo, cuyo oficio viene de familia tanto mi padre como mi suegro se dedicaron a esto que conoció muy de cerca el ambiente de aquellas superproducciones que se hicieron en España, y ha colaborado en películas como Conan, el Bárbaro Braveheart Gladiator y El último samurai explica que él y sus compañeros están muy agradecidos al cuatralbo y a sus actuaciones exquisitas También cuenta (siempre sentado sobre Bucéfalo que sigue haciéndose el muerto) que el protagonista, Colin Farrell también fue de gran ayuda. En la mayoría de la película cabalga sin montura, que sólo se usó en alguna escena en la que el caballo se encabritaba tanto que Colin no se podía sujetar, porque aquello parecía un tobogán. La verdad es que Colin es un buen jinete, lo que pasa es que tiene una manera diferente de montar a la nuestra. Los españoles somos más centauros, nos unimos más al caballo, nos olvidamos mucho más de las riendas Cinco o seis semanas son necesarias aproximadamente para el entrenamiento de un caballo como éste. Pero ése no es el único problema. Sabido es que son animales muy valientes y nobles, pero tremendamente delicados. Por eso, diecinueve horas de vuelo, como por ejemplo entre Marruecos y Tailandia (lugares de los rodajes) se antojan una galopada tremenda, sin olvidar los cambios de clima, las distintas humedades. Pues ésa es una de las pruebas que tuvo que pasar Bucéfalo Aunque la prueba del 9 fue el rodaje de las escenas en las que la caba- llería de Alejandro se las tiene que ver con los elefantes, cara a cara, hocico a hocico, digamos. No cabe duda, sin embargo, de que este caballo no se arredra fácilmente, ni siquiera ante los periodistas y los fotógrafos, ni ante las entrevistas de televisión, en las que sale como uno más, junto a Ricardo o junto a Hernán, sin un solo relincho de más, como un auténtico profesional (ya quisieran otros que se pavonean de serlo) aunque al final se nos olvidara pedirle un autógrafo. Bucéfalo habla español, castellano de Daganzo, donde ha sido entrenado por Ricardo Cruz, uno de los mejores domadores y especialistas de caballos del mundo Amigo y confidente Nada del Quijote ni menos de Rocinante puede aplicársele a Bucéfalo (cabeza de buey) porque de rocín flaco nada de nada. El noble cuadrúpedo fue un regalo de Filipo a Alejandro cuando éste apenas tenía trece años, casi la misma edad del caballo, un animal bellísimo, pero indómito que sólo fue capaz de domar Alejandro, poniéndole de cara al sol para que no se asustase de su propia sombra. A partir de entonces, Alejandro vivió absolutamente pendiente del animal. Era cuidado y alimentado mejor que el mejor de sus oficiales, cuidados que explican que llegara a vivir casi treinta años. Bucéfalo era resistente, pero también muy rápido, pues Alejandro solía atacar de una forma muy violenta y rápida, y siempre cuerpo a cuerpo, lo que implicaba una fe total en su montura. Influido por el mundo persa y por su lujo, Alejandro también vistió de gala a su caballo, que se sentía gratificado y altanero ornado con lentejuelas, quijeras de plata y medallones. La relación entre ambos sólo puede ser imaginada por quienes tienen la suerte de poseer un animal doméstico. Bucéfalo relinchaba y se alegraba con la sola presencia del macedonio y al indómito guerrero le gustaba poner la cabeza del caballo en su propio regazo, mientras le obsequiaba con manzanas. Era un aliado del que dependía su vida, pero era también un amigo, un confesor. Tras la batalla contra Porus, el animal enfermó. Un esclavo le cuidaba a todas horas. Finalmente, el animal se echa en el suelo, agonizante. Cuando Alejandro se encuentra con su camarada se arrodilla, inclina la cabeza y se tapa la cara, quizá para que nadie le vea llorar. Bucéfalo es enterrado con todos los honores y en su recuerdo Alejandro erige una ciudad, Bucefalia. Incluso, enfermo ya de muerte, el macedonio, en su delirio, no deja de repetir a sus allegados: ¿Está bien Bucéfalo Un caballo, un simple caballo, sí, pero que valía un imperio.