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44 Sociedad VIERNES 31 12 2004 ABC EN TORNO AL MATRIMONIO ENRIQUE LALAGUNA Catedrático de Derecho Civil l Anteproyecto de Ley por el que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio sometido por el Gobierno a consulta del Consejo de Estado el pasado 5 de octubre, trata de introducir en el texto de nuestro primer cuerpo legal algunos cambios que permitirían llamar matrimonio a la unión entre personas de igual sexo. Antes de entrar en el comentario de este proyecto del Gobierno me parece oportuno recordar el artículo 32.1 de la Constitución, que dice: El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio en plena igualdad jurídica La norma constitucional acierta a resaltar dos aspectos de cierta importancia en el derecho a contraer matrimonio. En primer lugar, cabe advertir que la referencia a la plena igualdad jurídica del hombre y de la mujer aleja del ámbito legal y judicial cualquier interpretación incivil de la desigualdad biológica que hace posible el matrimonio. En segundo lugar, al reconocer el derecho a contraer matrimonio al hombre y a la mujer, la norma marca un notable contraste con los términos genéricos que la Constitución utiliza en otros lugares para designar la titularidad de los demás derechos y libertades: toda persona (artículo 17.1 y 3) todas las personas (artículo 24.1) los ciudadanos (artículo 23) todos (artículos 15, 24.2, 27.1, 28, 31) Lo que no ha pasado inadvertido al Consejo de Estado en su Dictamen de 16 de diciembre sobre el Anteproyecto de Ley. El Anteproyecto añade al artículo 44 E de nuestro Código Civil un segundo apartado que dice: Tendrá los mismos requisitos y efectos el matrimonio cuando ambos contrayentes sean del mismo o diferente sexo Esta equiparación lleva a introducir unos cambios terminológicos en varios artículos (66, 67, 154, 160, 164, 637, 1323, 1344, 1348, 1351, 1365, 1404 y 1458) en los que se sustituye la referencia al marido y a la mujer por la de cónyuges, y la que se hace al padre y a la madre por la de padres. Es lógico que a dos personas de sexo idéntico cuya unión se trate de considerar matrimonio no se les pueda llamar marido y mujer. Si se eliminaran del texto codificado los términos marido y mujer y se les designará sólo por su común condición de cónyuges, sería posible encajar en esta nueva noción de matrimonio, como unión entre cónyuges: 1) el vínculo conyugal entre dos mujeres; 2) el vínculo conyugal entre dos hombres; 3) el vínculo conyugal (el de toda la vida) entre un hombre y una mujer. Advierta el lector el trabajo que esta logomaquia proporcionaría a la Real Academia Española. Por ejemplo ¿qué hacer con la palabra marido Expulsada del texto del Código Civil, se podría acaso conservar en el Diccionario de la Real Academia Española para el uso vulgar en su acepción genuina, de modo que siguiera designando sin equívocos al cónyuge varón. Y habría quizá que reservar una acepción específica para las palabras padre y madre, como progenitores naturales, puesto que no serían aplicables a los hijos con dos madres ni a los hijos con dos padres (si para estos supuestos se admitiera la adopción) La innovación legislativa que se pretende es de tal magnitud que no se puede conseguir simplemente con un cambio de términos en los textos legales. No estamos ante una dificultad lingüística ni ante un problema lógico. La identidad sexual es la negación de la desigualdad sexual de los cónyuges que está en la raíz del matrimonio. Estamos ante una diferencia biológica que ha permitido desde la creación la continuidad de la vida humana. Dice el Anteproyecto en su Exposición de Motivos que en forma alguna cabe al legislador ignorar lo evidente Y lo evidente es, como dice un antiguo texto legal, que es de esencia del matrimonio que los cónyuges no ignoren, al menos, que el matrimonio es una sociedad permanente entre varón y mujer para engendrar hijos. La unión afectiva entre personas del mismo sexo, con todo el respeto y con toda la eficacia jurídica que pueda merecer, es algo esencialmente distinto del matrimonio. Por eso, la tan divulgada expresión matrimonio de homosexuales hiere a la evidencia. He de reconocer, como con autori- Tengo la impresión de que detrás del llamado matrimonio de homosexuales se oculta una inmensa pérdida de tiempo, que hoy reclaman con imperiosidad graves asuntos nacionales dad se ha dicho, que la sexualidad no se reduce a un mero dato biológico Pero, para entendernos al hablar de matrimonio, hay que tomar como punto de partida este dato biológico: sin la heterosexualidad no puede existir el matrimonio. Cierto que la unión matrimonial es algo más que la unión entre hombre y mujer, pero en esta unión radica el fin primario del vínculo conyugal. Y por su proximidad a la unión matrimonial se reconoce en nuestro Derecho vigente que las referencias de la ley a la capacidad de los cónyuges para adoptar simultáneamente a un menor serán también aplicables al hombre y a la mujer integrantes de una pareja unida de forma permanente por relación de afectividad análoga a la conyugal (Disposición adicional tercera de la Ley 2 1987, de 11 de noviembre) No hay analogía entre el matrimonio y la relación de afectividad entre personas del mismo sexo integrantes de una pareja unida de modo permanente. Y no cabe, por tanto, reconocerles capacidad para adoptar. Aunque el Anteproyecto lo admite. No encuentro explicación lógica al hecho de que el llamado matrimonio entre personas del mismo sexo haya alcanzado la notable repercusión social que, sin duda, ha conseguido, y que, paralelamente, haya ganado interés en medios informativos. Tengo la impresión de que detrás del llamado matrimonio de homosexuales se oculta una inmensa pérdida de tiempo, que hoy reclaman con imperiosidad graves asuntos nacionales. El artículo que con el título La ruptura que viene publicaba Zarzalejos en la Tercera del pasado día 26 relata de modo diáfano los términos de la cuestión política en España Aquí habría que buscar, a lo que a mí me parece, el origen de la difusión de un tema como el comentado, que en sí carece objetivamente de consistencia social.