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ABC VIERNES 31 12 2004 La Tercera AÑO VIEJO, AÑO NUEVO (LA APASIONADA AVENTURA DE VER) H OY, día último del año, se celebra la fiesta de San Silvestre, aquel Papa del siglo cuarto que representan bautizando a Constantino, resucitando a un buey o domando a un dragón, tres sucesos míticos. Pero en los mitos no sólo hay historias, también hay la poesía del ansia y de los símbolos. El poder de San Silvestre queda así ansiosamente validado frente a un emperador, un buey y un dragón, tres símbolos de fuerza y de dominio. Rubén Darío imaginó a San Silvestre en su poema Año Nuevo como un inmenso viajero estelar en su silla gestatoria llevada por ángeles y bendiciendo al mundo. El pueblo, con su sentido práctico, no lo imaginó tan admirable, y de ahí el dicho: San Silvestre, coge la capa y vete O sea, márchate ya en compañía del año que acaba, y bienvenido el que empieza. El deseo de que muera el año 2004 se comparte casi unánimemente, aunque un año más signifique por desgracia uno menos, igual que cada cumpleaños es un descumpleaños. De todos modos, alegra haber llegado hasta aquí y crecen las ganas de olvidar- -si fuera posible- -lo negativo de 2004. Además, es costumbre que cada cual se haga un propósito para el año inminente. Yo, cuando era joven y por ello más escéptico, siempre me hacía el mismo propósito: no tener ninguno. Sin embargo, a estas alturas de la vida, tengo uno, y es un emocionado deseo: quiero seguir viendo a los que veo, lo que veo y quiero ver más. Nada de visión racional o de contemplación de lo divino al estilo místico; únicamente preciosa visión física. Ver con los ojos the real thing la cosa real. Y me satisface y da alas verificar que no estoy solo en ese deseo. Cada vez escasea más la correspondencia física, directa, entre las personas. Ya saben, se usa el ordenador hasta para relacionarse con el colega del despacho de al lado. La escritora Elfriede Jelinek no fue a recibir su premio Nobel a Estocolmo, mandó un vídeo. Los vídeos pretenden sustituir a los conciertos, como el cine un día al teatro. La televisión es el miembro fundamental del hogar. Si buscan ustedes su dinero rápido, acudan a los cajeros automáticos de la calle. Muchas entrevistas se llevan a cabo por e- mail o por teléfono, no cara a cara; a mí me han hecho así varias, los periodistas eran inocentes, se lo encargaron. La gente muestra su enamoramiento por internet; conozco matrimonios que la intromisión electrónica destruyó y noviazgos fracasados nada más comenzar el embeleso, tras el desengaño del trato en persona. Se ofrecen cursos universitarios por internet, resultando el experimento desastroso en bastantes casos. Dice Noam Chomsky que el profesor, en una clase, supone casi el ciento por ciento en cuanto a interés y efectividad de la misma. Determinadas teorías posmodernistas no sólo mataron al autor en beneficio del texto, sino al profesor en beneficio del alumno. Todos sabemos que el alumno es el gran protagonista, pero sin profesor no se aprende. Quiero ver, ver. Y que me vean. En España no El deseo de que muera el año 2004 se comparte casi unánimemente, aunque un año más signifique por desgracia uno menos, igual que cada cumpleaños es un descumpleaños. De todos modos, alegra haber llegado hasta aquí se ha perdido el hábito de salir a la calle; da gusto ver las calles llenas de gente, como en ningún otro sitio en un mutuo mirarse donde se ejerce la estética del doble, porque cada uno busca reconocerse en el otro. Es un espectáculo. Y hablando de espectáculos ¿cómo se podrá comparar asistir a un acontecimiento deportivo con seguirlo por televisión? Asistir contribuye al ambiente, se participa, allí se ve, se oye, se toca y se huele de verdad. La voluntad de ver se va apoderado de los españoles, que viajan más que nunca y le hablan a la historia de tú en su propia geografía. En todo lo mirado ¿no queda algo del que mira? Me acuerdo de un viaje reciente mío a Roma, qué de españoles, españoles cultos discutiendo inteligentemente ante los frescos vaticanos de Rafael o paseando por los Foros. Tuvo gracia un grupo de orientales (no diré de qué nación) cerca de la Fuente de Trevi rodeaban asombrados un socavón creyendo que era una ruina memorable. Estarán orgullosos de las fotografías que tomaron. En las calles de Madrid tendrían muchas más obras que fotografiar, tantas, que llevan camino de formar unas deslumbrantes obras completas. Ni las del Tostado. Me pareció muy bien que hace poco invitaran a los ciudadanos a ver el Congreso en Madrid, no lo fueran a clasificar como un escenario cómplice de cuentos de hadas polémicas. El pueblo es dueño de un fino instinto apreciativo, mayor del que le conceden los políticos. No sé, a veces pienso que el triunfo de Bush se debió en buena parte a los viajes que se metió entre pecho y espalda por Estados Unidos en la campaña electoral, miles de kilómetros dejándose ver, y viendo; lo que Bush perdió en los debates televisivos con el senador Kerry, se lo apuntó en rentable presencia viajera. Hoy, los políticos, especialmente los supremos, necesitan viajar con frecuencia, el pueblo ha de comprobar que son de carne y hueso, no muñecos programados por la máquina mediática. Y a quien le cansen los viajes, que se largue a casa. No acepto que la tecnocracia sin alma haya ganado la partida. ¿A eso hemos llegado, después de pasar por la tanatocracia de la guerra civil (el millón de muertos) y la falocracia del régimen franquista (Movimiento, Alzamiento, Sindicato Vertical, Arriba España) para entrar al fin en la salvadora democracia? ¿Democracia insolidaria nos queda, soledad y falta de diálogo fecundo? Tengo pues mi propósito para el año 2005, el que dije antes, y los propósitos son también deseos, eso sí, deseos cuya ejecución depende exclusivamente de quien los piensa. Otros deseos que no atañen de inmediato a mi persona, sino al bien general, claro que los tengo para el año 2005. Que haya menos hambre en el mundo, menos enfermedades, menos injusticia, menos catástrofes de la naturaleza donde los de abajo sufren lo peor. Que haya menos guerras, que el maldito terrorismo no repita su estupidez asesina en ninguna nación, incluida España. Que en España haya menos paro, menos enfrentamiento por mor de la diversidad regional y lingüística, menos endeudamiento familiar, más gastos de investigación, más resultados educacionales y más paz entre los líderes políticos. Que éstos, los líderes, dejen de meter tanto la pata, porque algunas meteduras pueden ocasionar efectos no calculados para el país, como la de Aznar apoyando la intervención en Irak, y conste que Aznar no tiene un pelo de tonto; tampoco creo tonto a Zapatero, y metió no ya la pata sino el culo íntegro al no levantarse de la silla ante la bandera norteamericana en el desfile famoso. La bandera de trescientos millones de personas. Esta Nochevieja, como cada año, la celebraremos mi mujer y yo a miles de kilómetros de España. Como cada año, nos visitará un matrimonio catalán. Nos echaremos a la garganta las doce uvas, una por campanada. Una por cada mes del risueño y enigmático año nuevo. Y brindaremos con cava de su tierra. Soy optimista. MANUEL MANTERO Escritor y catedrático universitario en Estados Unidos