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ABC JUEVES 30 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Bendito sea Dios Padre que empujó a Mingote hacia esta recreación tan vieja, tan nueva, tan clásica del clásico universal MINGOTE, ¡OH! ASTA hoy mismo hacia el mediodía no he logrado encontrar, después de buscarlo con ahínco, el Quijote ilustrado por Mingote, ese señor tan normal a quien hasta Don Juan Carlos llama genio en el prólogo de esta edición enorme y delicada. Tengo dicho que lo que le pasa a Mingote es que no sabe que es Mingote, y va por ahí como si no lo fuera. Digo que el Quijote está ilustrado por Mingote, y tal vez debiera decir mejor que está iluminado porque mirándole al Hidalgo la figura que Mingote le pone se le comprende más y más pronto que viéndole retratado en las letras, de tal manera que puede resultar muy perdonable la exageración de afirmar que Cervantes va ilustrando, página a página, la figura de don Quijote y las otras que lo acompañan mientras están siendo iluminadas por Mingote. Que así como Dios pone luz y lumbre interior en algunas de sus criaturas, de semejante modo, con perdón, pone Mingote vida visible y casi palpable en las figuras del pasmoso retablo de don Miguel de Cervantes, padre y maestro mayor de nuestro idioma. Y tengo para mí que gracias a estos trazos del creador de los dibujos cobran más sentido algunos personajes en cuya realidad total no habían calado nuestras entendederas. Apenas llegados a mi casa los dos grandes tomos de este Quijote, supe que ya podía llamarla palacio, a pesar de su modestia, porque en ella habían entrado todas las criaturas vivientes que pueblan las seiscientas ilustraciones (iluminaciones) que el genio de Antonio Mingote había parido sobre las sábanas de papel del mejor linaje. Ni que decir tiene que me apliqué a conocer a don Quijote, a quien antes conocía de oídas, contado por Cervantes, y ahora conozco de visu, pintado por Mingote, y tanto y tan a gusto se me quedaban los ojos en el trazo de los dibujos, que me dio la hora del condumio sin levantarlos del capítulo primero, por más que gran parte de él lo tenga en la memoria. Y así iba sorbiendo las letras y recreándome en las figuras, como quien bebe las primeras y degusta y paladea las segundas. Ahora, que casi estoy terminando el capítulo de la presentación, antes de que le echaran a cabalgar por los caminos de la Mancha, ya sé la medida justa con que el ingenioso hidalgo era de complexión recia, seco de rostro y enjuto de carnes, y veo cómo las tres propiedades encajan perfectamente en un retrato prodigioso. Calculo por lo dicho que en esta enésima lectura del Quijote voy a tardar más que en todas las anteriores, y que voy a alcanzar más placer que en ninguna de las otras o que en todas juntas. Mucho temo que me suceda lo que hasta ahora no me había sucedido, y es que se me pueblen los sueños de personajes del Quijote, todos ellos en la guisa con que los imagina Mingote, y que termine departiendo con los nobles y caballerosos, o al revés, arremeta en su contra a lanzazos o mandobles, si su naturaleza es de malandrines y hacedores de entuertos. Porque ya los iré conociendo a todos con sus caras y sus portes. Bendito sea Dios Padre, que empujó a Mingote hacia esta recreación tan vieja, tan nueva, tan novísima, tan antigua y tan posmoderna, o sea tan clásica, del clásico universal. Y además permite que yo lo vea. H DARÍO VALCÁRCEL El que ha sido no puede dejar de haber sido. El hecho misterioso y profundamente oscuro de haber sido es un viático para la eternidad Nos atrevemos a repetir estas palabras de Vladimir Jankelevitch ante la señora Manjón, a la que no es posible olvidar MEMORIA Y OLVIDO L A admirable señora Manjón declaraba el 16 de diciembre su sorpresa: al cabo de nueve meses de los atentados del 11 de marzo, Madrid no dedicaba en las iluminaciones de Navidad un solo recuerdo a los 192 muertos, 1.500 heridos... El habitante de la gran ciudad tiende al olvido y al atontamiento. (Perdón por el largo paréntesis: la Navidad es la conmemoración cristiana del nacimiento de Jesús de Nazaret, posiblemente nacido el año 2 a. C, quizá no en Belén. La Navidad es una fiesta de rememoración, de recuerdo. Jesús, llamado el Cristo, es decir ungido con aceite santo, fue crucificado unos 35 años después en Jerusalén, después de ser torturado y vejado, como en Abu Ghraib, por los furrieles de la legión romana que ocupaba Galilea. El inteligente y oportunista Poncio Pilatos le entregó para liquidar un problema que amenazaba con extenderse. Trescientos años después de la bárbara ejecución, habitual en el imperio de Augusto y Tiberio, una reconstrucción de los hechos llevó a la naciente Iglesia- -romana pero sobre todo oriental- -a contrastar el Nuevo Testamento con testimonios e investigaciones. La Iglesia salía entonces de la clandestinidad. Hoy los estudios historiográficos, sobre todo los de la Escuela Bíblica de Jerusalén, han llevado a reconsiderar textos de hace veinte siglos. El Apocalipsis llamado de San Juan es un ejemplo: reconocido por la Iglesia como libro canónico, debe ser entendido por los cristianos en su lenguaje simbólico. La Navidad es el esfuerzo de memoria de los creyentes, que meses después recordarán la muerte de Jesús: su resurrección, tres días después de morir, es el verdadero centro de unión de los creyentes. Más de 2.000 millones de cristianos e islámicos, creen en el mismo Dios personal y esperan la resurrección, también de esos 192 caídos en Madrid. El modesto monumento que recuerda en Múnich a dos soldados desaparecidos en la Primera Guerra mundial tiene un lacónico epitafio: resucitarán En la gran ciudad, nuestra memoria ha sido infiel una vez más: quizá ni siquiera infiel, distraída. ¿Cómo llenar una ciudad de luces y no encender ni una sola en recuerdo de los 192 muertos del 11 de marzo? El mundo ha progresado: en Irak y Afganistán los muertos en la tortura han sido pocos, algunos más en Uzbekistán o Chechenia. El líder del imperio no quiere extender la democracia a Uzbekistán o a Arabia Saudí, sino a Afganistán o a Irak. ¿Qué criterios sigue? ¿Geográficos, sociológicos, de mera simpatía? Dejemos esto, por hoy. No sin señalar que Estados Unidos ganó dos guerras mundiales sin torturar, o mejor, contra la tortura (otra cosa es que a un marine se le escapara una patada contra un prisionero japonés) Por esa razón, no solo por su poderío material, Estados Unidos alcanzó el liderazgo en el siglo XX, liderazgo que hoy, gracias a George W. Bush, reelegido por un 52 por cien de los votantes, ha perdido. Pero volvamos a la memoria: durante siglos, las iglesias han mantenido su esfuerzo contra el olvido. Durante los últimos 200 años, historiadores, físicos, matemáticos, químicos, ópticos, han cribado y verificado los hechos de la vida de Cristo hasta separar el lenguaje de la realidad, la metáfora y el mito (el mito, explica Nietzsche, es una figuración que puede devenir realidad) Figurar es fingir pero también es delinear: se delinea a partir de la realidad. Es posible que 192 mujeres y hombres hubieran de morir el 11 de marzo al azar. Así trabaja el terrorismo salafista, distinto de IRA o ETA, salvo en el objetivo final, la muerte. Lo escibe Vladimir Jankelevitch y lo cita Paul Ricoeur en su ensayo (Memoria, Olvido, Historia. París, 2000) El que ha sido no puede dejar de haber sido. El hecho misterioso y profundamente oscuro de haber sido es un viático para la eternidad Nos atrevemos a repetir estas palabras ante la señora Manjón, a la que no es posible olvidar.