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ABC MIÉRCOLES 29 12 2004 Cultura 53 Durante los ensayos en Sarajevo de Esperando a Godot EPA Bibliografía Ante el dolor de los demás (Alfaguara, 2003) Contra la interpretación (Alfaguara, 1996) El amante del volcán (Alfaguara, 2003) El benefactor (Suma de Letras, 2002) En América (Alfaguara, 2002) Estilos radicales (Suma de Letras, 2002) La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas (Taurus, 2003) Sobre la fotografía (Edhasa, 1996) Yo, etcétera (Suma de Letras, 2003) The way we live now (Noonday, Nueva York, 1991) Where the stress falls (Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2001) Alice in bed (Farrar, Straus and Giroux, 1993) Death kit (Picador, 2002) Under the sign of Saturn (Picador, 2002) Susan Sontag, en Barcelona el pasado año AFP En la Universidad dio tempranas evidencias de una clarividencia extraordinaria mentales de marcada intención política, como Tierra prometida rodada en los Altos del Golán. También probó suerte en el arte de la novela, desde su primer intento, El benefactor hasta sus más recientes En América y El amante del volcán donde trató de conciliar sus ambiciones filosóficas, su pasión por la historia y el teatro y el placer de contar. Desde la presidencia del American Center del PEN Club, la organización internacional de escritores, propició campañas a favor de autores perseguidos. Galardonada con premios como el de los Libreros Alemanes, el Príncipe de Asturias y el Jerusalén, Susan Sontag se negó a ser emblema de nada, pero era sin duda la más preclara representante de una intelectualidad neoyorquina celosa de las tradiciones intelectuales europeas, pero atenta a las peculiaridades estadounidenses. Se atrevió a pensar por su cuenta y a contracorriente desde que pudo contemplar la Guerra del Vietnam como enviada especial y, en pleno patriótico cierre de filas tras el 11 de septiembre, desató las iras de sus conservadores compatriotas cuando se negó a asumir el consenso de que los terroristas eran por tales cobardes o que los pilotos estadounidenses que lanzaban bombas desde la seguridad de sus fortalezas volantes eran héroes sin tacha. UN TOQUE RADICAL MIQUEL PORTA PERALES as biografías de Susan Sontag dicen: Escritora estadounidense. De familia judía y refinada cultura cosmopolita, se ha confirmado como aguda y mordaz observadora de la vida socio- cultural contemporánea, desde la música aleatoria al cine undreground, desde la pintura a la pornografía Cierto, Susan Sontag- -Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003- -es todo eso. Y una escritora y ensayista de refinada L cultura podía alumbrar una obra con un toque de distinción. Radical, por más señas. Sólo hay que leer ensayos como Contra la interpretación Estilos radicales o Sobre la fotografía La autora, en la línea del new criticism de los 50, se preocupa por la recepción de la obra de arte y la relación entre arte, artista y sociedad. El quid de la cuestión: la interpretación de una obra de arte no puede reducirse al contenido, sino que ha de ir más allá en busca del mensaje. Y no sólo eso, sino que la obra de arte ha de ser un instrumento que permita detectar los males de una época y posibilite una nueva sensibilidad crítica susceptible de construir lo que en algu- na ocasión la norteamericana ha denominado estética de la resistencia contra el orden establecido. Estética de la resistencia que la autora practicó en Viaje a Hanoi La enfermedad y sus metáforas Ante el dolor de los demás y en numerosos artículos- -como el aparecido en el volumen colectivo El mundo después del 11 de septiembre -sobre la Guerra de Irak: el primero, una denuncia de la intervención norteamericana en Vietnam; el segundo, una reivindicación del coraje ante el mal silenciado que acaba cuestionando el sistema capitalista; el tercero, una reflexión sobre la denominada fotografía de conciencia que concibe la imagen como texto que expresa la reali- dad desgarradora y destructiva de la guerra; el cuarto, una diatriba contra la política norteamericana que interpreta el 11- S como consecuencia de la política exterior de Estados Unidos. Desde sus primeros escritos, Susan Sontag se convirtió en punto de referencia del público amante del compromiso intelectual y político. Pero, el toque radical que le dio prestigio y credibilidad acabó relativizando el valor de una obra lastrada por una filosofía engagé que hizo aguas a partir de la caída del Muro, el fracaso de los relatos emancipatorios, y del triunfo del liberalismo. Pero ella, como solía decir, seguía soñando.