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ABC MARTES 28 12 2004 Opinión 5 Desatenciones Primero fueron los becarios, luego la elite de la ciencia española, y ahora los profesionales del programa Ramón y Cajal. Todos se quejan. Nueva carta dirigida al Ministerio de Educación y Ciencia, cuya titular, María Jesús Sansegundo, vuelve a advertir por correo certificado las consecuencias de la desatención, ya crónica, que sufre la comunidad científica. Sin presente y sin futuro. Todos a una A menos de dos meses para la celebración del referéndum de la Constitución europea, el Gobierno anda empeñado en dar con la fórmula que permita movilizar a los españoles para que acudan a las urnas y, ya puestos, voten de forma afirmativa. Difícil lo tiene, habida cuenta del desconocimiento y la indiferencia que genera el texto comunitario, para cuya difusión ha solicitado la colaboración activa de las grandes empresas privadas españolas. El Gobierno cuenta con el apoyo del PP, que, aunque de lejos, pedirá el sí a sus simpatizantes... Si algo sale mal, ya tiene a quién echarle la culpa. Vuelta a impugnar Jamás admitiré una derrota como ésta aseguró ayer el candidato oficialista ucraniano, Viktor Yanukóvich, dispuesto a impugnar el resultado de las elecciones del pasado domingo y, de paso, encender la llama de un enfrentamiento entre partidarios y rivales. Penúltimo gesto irresponsable de un político capaz de utilizar todos los resortes- -a excepción de las urnas- -para llegar al poder. RAJOY LEVANTA LA VOZ FERNANDO FERNÁNDEZ A EFE Ideas de España. Nadie podrá trocear España aseguró Mariano Rajoy en Irún, donde ayer dirigió un duro ataque a los socialistas vascos, a quienes tachó de nacionalistas templados y españoles vergonzantes por el proyecto de reforma del Estatuto de Guernica que han presentado. Durante un acto de homenaje a las víctimas del terrorismo, el líder del PP acusó al PSOE de apagar la luz de sus propias convicciones y de renunciar a defender la idea de España El PP se ha quedado solo añadió Rajoy, que aparece en la imagen junto a la viuda del edil popular José Luis Caso, asesinado por ETA, y ante el monumento a las víctimas del terrorismo levantado en Irún. NTE el silencio del presidente del Gobierno y su presunta simpatía por la generalización de un concepto evanescente como el de comunidad nacional Rajoy trazó ayer la raya en la reforma constitucional: que no cuenten con el Partido Popular para modificar su preámbulo y liquidar la idea de España como nación. Y colocó las cosas en su sitio; en el punto de equilibrio alcanzado por consenso abrumador en la Transición para acomodar todas las sensibilidades y no sólo las nacionalistas. Con una expresión afortunada, ni españoles vergonzantes ni nacionalistas templados Rajoy reclamó su derecho a sentirse orgulloso de ser español y marcó los límites de lo que el Gobierno puede esperar de los populares en ese camino hacia ninguna parte en que parecen haberse convertido las reformas constitucional y estatutaria. La deriva nacionalista preocupa al propio Gobierno, que anda mandando veladas amenazas de veto si las Comunidades Autónomas se exceden. Pero tan celoso de su cuidada imagen de hombre cordial y dialogante, el presidente Zapatero está como ausente, missing, que dirían los cinéfilos. Superado por los acontecimientos, ha optado por confiar en la Bruixa de Sort de unos socios parlamentarios que le han dado pocas muestras de responsabilidad y más de un ejemplo de ventajismo y oportunismo. Por eso es tan de agradecer que Rajoy se pronuncie con firmeza constitucional. No lo tiene fácil el presidente de los populares, pues son muchos los interesados en ese proceso de reescribir la historia nacional a voluntad, o a golpe de aritmética electoral, con que se dibuja el nuevo caciquismo. Muchos incluso en su propio partido. Pero convertirse en alternativa creíble de gobierno supone mirar al futuro y perder el miedo a defender las idea propias. Aunque implique cambiarle la agenda al Gobierno y enfrentarlo a la obligación de elegir entre reformas sensatas, duraderas y apoyadas en la inmensa mayoría del pueblo español que votó a los dos grandes partidos nacionales, o el aventurerismo de una mayoría electoral coyuntural e inestable, que ofrece una España de retales con los despojos del Estado que van soltando los nacionalistas en su estrategia de separación creciente. Rajoy lo dejó claro en Irún. El Gobierno tiene ahora la palabra.