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ABC LUNES 27 12 2004 Deportes 95 NATACIÓN Popov, ante la tercera resurrección Aunque el Zar de la velocidad ha desmentido una información que anunciaba su retirada definitiva nadie cree que vuelva competir DOMINGO PÉREZ MADRID. La discusión entre el rotativo L Equipe y Alexander Popov resulta ociosa. El diario deportivo francés anunciaba a toda plana la retirada del mejor velocista de todos los tiempos. El Zar, por su parte, desmentía la información. En realidad da igual porque de lo que en el fondo se trata es de saber si Popov alguna vez retornará a lo más alto de un podio. Lo que importa es dilucidar si las piscinas asistirán a su tercera resurrección. Y esas cuestiones están, por desgracia, bastante claras. Vuelva o no a nadar Popov- -parece que prepara una serie de actuaciones por todo el mundo para rubricar su adiós definitivo- lo que los especialistas tienen claro es que la carrera del ruso encontró su punto final en Atenas. Eran sus cuartos Juegos. Se había preparado a conciencia y, pese a ello, fue incapaz ni siquiera de entrar en semifinales en ninguna de sus distancias preferidas, los 50 y los 100. Si fracasó ahí no fue por falta de entrenamiento o de motivación, sino porque lamentablemente su hora había llegado. Un hombre de oro Juegos Olímpicos Cuatro medallas de oro y cinco de plata. Mundiales Seis medallas de oro, cuatro de plata y una de bronce. Europeos Veintiuna medallas de oro, tres de plata y una de bronce. cada por la Policía, acuchilla Popov. La hoja de acero atraviesa uno de sus pulmones. Primero fue el miedo a morir. Luego, el de no poder caminar nunca más. Por fin, el de no volver a nadar jamás. Fueron unos temores que casi le llevan a la retirada. Vivió un infierno, pero salió de sus llamas más reforzado que nunca. Acababa de protagonizar su primera resurrección. Se rehizo. Se casó. Fue padre. Brilló de nuevo. Tanto que en 1998 se volvía a proclamar campeón del mundo. Parecía invencible, pero la felicidad se truncó en Sidney. Recibió un aviso que sonó por entonces a jubilación anticipada. Fue barrido, entre otros, por un Pieter van den Hoogenband desatado. Plata en 100 y sexto en 50. De nuevo el fantasma de la retirada sobrevoló su cabeza. Tenía 29 años y los especialistas empezaron a hablar de declive. Nadie daba un duro por él. Formaba parte de una generación que ya no estaba en las piscinas. Era un superviviente, que no contaba para la mayoría. De Suiza, a Barcelona Fracaso doloroso Desde aquel doloroso revés, Popov vive refugiado en Rusia. Allí, el pasado 16 de noviembre cumplió los 33 años y no parece encontrar la inspiración para regresar a la piscina a devorar kilómetros. Popov saltó del anonimato en 1971, cuando conquistó su primer título europeo en 100. Una tarjeta muy pobre de presentación para los Juegos de Barcelona 92, sobre todo porque la velocidad estaba dominada por los sprinters estadounidenses y, de manera muy especial, por el invencible Matt Biondi. Sin embargo, el jovencísimo ruso sorprendió a todos y se apuntó el doblete: dos oros, en 50 y 100. En 1993, siguiendo a su entrenador, Guennadi Touretski, se traslada a Australia, donde su progresión continúa Touretski le sacó de dudas, cuando le despidieron de su trabajo por indisciplina. Llevaban él y su pupilo una década larga instalados en Australia. Asentados y algo acomodados. Touretski se lo soltó de sopetón, en diciembre de 2002: Shasha me voy a Suiza, a Soleure, cerca de Berna. Ni siquiera cuenta con una piscina de 50... Popov, con su familia, se fue detrás de su gurú de su inventor. Y en Suiza, en Europa, cerca de su casa y de sus costumbres, trabajando en una pequeña piscina de provincias, completó su segunda resurrección. La prueba fueron sus tres títulos mundiales (50, 100 y 4 x 100) logrados en Barcelona 03. Todo estaba preparado para volver a verle triunfar en Atenas 04. Sin embargo allí murió deportivamente por tercera y, todo apunta que última, vez. Alexander Popov prepara sus gafas antes de lanzarse al agua imparable: récord del mundo de 100 (1994) y nuevo doblete olímpico (Atlanta 96) Vivía en una nube, pero le bajaron a puñaladas. Corría el mes de agosto de 1996 cuando el triunfador de At- REUTERS lanta decide regresar a Moscú de vacaciones. Paseando por sus calles, un vendedor de sandías enloquecido, sin mediar palabras ni provocación, en una acción que nunca llegó a ser expli-