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ABC LUNES 27 12 2004 11 Paulino Rivero discrepa con el Gobierno y acusa a Rabat por su responsabilidad en la inmigración ilegal El precedente de la Nova La operación Nova ordenada por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón tras las investigaciones realizadas por la Comisaría General de Información de la Policía, fue el desencadenante de la política de dispersión de los presos islamistas. Esa investigación reveló que algunos centros penitenciarios, sobre todo el salmantino de Topas, habían sido utilizados por determinados reclusos para realizar labores de proselitismo para reclutar a activistas dispuestos a la yihad La directora general de Prisiones, Mercedes Gallizo, ordenó a los técnicos de su departamento que diseñaran un plan para evitar que ese tipo de situaciones se repitiera. El modelo seguido fue el mismo que se aplicó en relación con los presos de la banda terrorista ETA y está basado en la dispersión de los criminales. En la actualidad, los 114 terroristas de Al Qaida encarcelados permanecen en 34 prisiones, en régimen de aislamiento. tos internos prácticamente han desaparecido de las cárceles. No obstante, aún está pendiente la evaluación de resultados del informe encargado por la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, sobre todos los altercados en los que se hayan visto involucrados los presos islamistas radicales en las cárceles españolas. Previamente se había realizado un análisis de los problemas acaecidos en los dos últimos años en la prisión de Topas- -con varios conflictos, incluido un conato de motín el 28 de mayo de 2002- en A Lama y León, y se habían comparado con otros centros en los que había pocos presos extranjeros, como Huelva o Granada. La política de dispersión puesta en marcha por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias también había comenzado antes de la operación Nova pero no se había generalizado. Hasta entonces (finales de octubre) 49 de los 59 islamistas detenidos ya habían sido sometidos a esta estrategia. Trashorras acusa ante el juez al confidente Lavandero de traficar con explosivos El ex minero, Toro y Zouhier no aportan datos de contactos con ETA b Trashorras intenta descargar en su cuñado Antonio Toro su responsabilidad en la trama de los explosivos y le acusa de vender dinamita y detonadores N. C. N. V. MADRID. Las declaraciones prestadas por los implicados en la trama asturiana del 11- M ponen de manifiesto que sus protagonistas se desenvolvían en la más cutre de las delincuencias. Chanchullos, cruces de acusaciones, versiones contradictorias y mentiras caracterizan sus comparecencias ante el juez Juan del Olmo, a quien corresponde ahora filtrar y tirar del hilo de la verdad. Tanto embrollo obligó al juez a celebrar careos entre ellos. Así, los mantenidos por Emilio Suárez Trashorras con su cuñado Antonio Toro y con el también imputado Rafa Zouhier dejaron en evidencia a este último, quien llegó a manifestar que, tras su detención en un asunto de drogas, Toro entregó a Trashorras en el locutorio de la prisión un papel en el que había anotado un contacto con algún miembro de ETA supuestamente interesado en adquirir explosivos. Ante el juez, y durante el careo mantenido el 16 de noviembre, Toro y Trashorras coincidieron en que, efectivamente, el primero le entregó a su cuñado una nota con un teléfono, pero que éste correspondía a una tal Paloma esposa de un preso llamado Sabino al que Toro conoció durante su estancia en la cárcel de Villabona. Toro, además, negó en todo momento que se dedicara a traficar con explosivos y sólo reconoció que lo hizo con coches y drogas. Días después, el 19 de noviembre, en el careo mantenido por Trashorras con Zouhier- -que el juez tuvo que interrumpir por el nivel de enfrentamiento verbal alcanzado por Juan del Olmo Los careos, buen observatorio para el juez Las diligencias de careo se celebran para aclarar contradicciones y, al término de las mismas, el instructor expone sus impresiones. Juan del Olmo observó durante el careo entre Emilio Suárez Trashorras y su cuñado Antonio Toro cómo éste se va adaptando a las manifestaciones del ex minero, lo que lleva a pensar en que el primero ejerce una amplia influencia sobre Toro. Tal situación lleva al juez a desconfiar de la verosimilitud de sus declaraciones. En cuanto al careo mantenido por Trashorras con Rafa Zouhier, el juez aprecia similar firmeza entre ambos, que mantienen sus respectivas versiones de los hechos. Tal era esa firmeza que Del Olmo se vio obligado a suspender el careo ante la imposibilidad de controlar el enfrentamiento verbal de ambos careados. La ley ordena al juez impedir que los careados se insulten o amenacen ambos- éste último reconoció que vio el papel que Toro entregó al ex minero, pero no sabe su contenido En esos mismos careos, llama la atención cómo Suárez Trashorras- -según las investigaciones uno de los hombres clave de la trama asturiana y en la venta de los detonadores y explosivos a los autores de la matanza de los trenes- -involucra a su cuñado en el negocio El ex minero asegura que Toro y el confidente Francisco Javier Villazón Lavandera, Lavandero compartían un negocio de armas, sustancias explosivas y falsificación de documentos de vehículos Toro rechaza estas acusaciones y sostiene que su relación con Lavandera se limita a verse en el club El Horóscopo donde trabajaba este último. Toro añade que Trashorras le habló de la situación de la mina Conchita -en referencia a lo fácil que resultaba robar explosivos- pero que él no sabe cómo es, que nunca ha trabajado allí, que nunca ha estado en la mina, que no sabe cómo funciona y que desconoce lo que se hace con los explosivos y los detonadores que salen de allí Muestras para Zouhier Pero Trashorras, en su careo con Zouhier, sigue cargando la responsabilidad sobre su cuñado. Así, asegura que fue Toro quien en 2003 entregó a Rafa Zouhier una muestra de explosivos. El ex minero asegura que su cuñado sacó una bolsa del maletero del coche y se la dio a Rafa mientras él estaba dentro del vehículo esnifando cocaína La versión de Suárez Trashorras no coincide ni con la de Toro- -que en su declaración ante el juez dijo que la entrega la hizo Suárez Trashorras -ni con la de Zouhier- me entregaron la bolsa los dos En el careo con su cuñado, Toro cambió de versión y aseguró que ninguno de los dos entregó a Zouhier los detonadores en 2003.