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ABC DOMINGO 26 12 2004 95 Televisión y radio Programación de las cadenas de radio y televisión en Navidad Las series dominicales de Telecinco y Antena 3 despiden hoy temporada. 7 vidas y Mis adorables vecinos incluyen tramas navideñas y, en el caso de la comedia de Telecinco, cameo de lujo con la presencia de Raphael. No resucitar ROSA BELMONTE PROCESO A LA ESTRELLA DE BELÉN FLORENCIO MARTÍNEZ RUIZ i Julián Muñoz ni Ana Obregón ni Gaby Spanic. Tuvo que acudir Espinete en carne y pinchos a Esto es vida para que Juan Ramón Lucas tuviera un invitado de categoría. Y como la Nochebuena parece ser cosa de niños, más tarde llegarían Los Lunnis a TVE. O Los Simpson el clásico navideño, a Antena 3 ¿algún simpsoniano no se sabe de memoria Milagro en Evergreen Terrace También Homo Zapping (lo mejor de la noche con muchas cabezas de ventaja, y más con esos regalos reales) o Los más guays con nueva aparición de Eduardo García, el niño explotado de Aquí no hay quien viva Rezumando mala baba, los de Pecado Original (refrito) eligieron personaje del año a Zeus Tous (sólo el nombre ya merece premio) pero dadas las veces en que desfiló por todas las cadenas, la estrella del año (cielos) es Ana Obregón, la amiga de los niños y de las dos tallas menos. Cuatro actuaciones en ¡Cuánto tiempo! más de una en Homo Zapping (vía Yolanda Ramos) algunas en Los más guays (en persona grabada e imitada por la Ramos) y una en Pecado Original vosotros hacéis humor inteligente dijo a un reportero; ay, Anita, vas a tener que mirarte eso) Los Lunnis han hecho este año de Raphael. Diferencia fundamental: el peinado de Lucrecia (o el de Lucho) resulta más natural que el del cantante. Era, salvando las distancias, como un especial de los Teleñecos. ¡Cuánto tiempo! fue relegada a un horario me- N Lolita y los Lunnis, una historia navideña en la Primera nor. Sólo con la cabecera del programa ya daban ganas de pedir el libro de reclamaciones. Aunque parezca increíble, esa cosa tenía estilistas y guionistas. Pasaron a la velocidad del rayo pero llegué a leer los nombres (ni con el vídeo era fácil) Eso sí, no revelaré sus gracias, que todavía me queda algo de espíritu navideño. Maldonado, he conectado con el pasado decía Paco Montesdeoca. No hacía falta resaltarlo porque aquello parecía un progra- ABC ma vintage (ni Palmarés tenía ese aspecto) No sé qué harían los dos hombres del tiempo en ese despropósito, ni de qué baúl sacarían las pajaritas, ni por qué Manolo Giménez es ubicuo, pero ¿es que no ven los médicos de TVE que Telepasión tiene un letrero de no resucitar Ah, y que dé la cara el enemigo de María Escario. Nadie que la quiera bien puede haber rescatado el vídeo del año que perpetró La Tani Arsa, qué gracia. PARALITURGIAS JESÚS LILLO H emos tenido una preparación al misterio de la Navidad dijo el locutor de la misa del Gallo antes del comienzo de la retransmisión. Se refería a los rezos y lecturas previas a la celebración de la eucaristía. Paraliturgia se llama, ritual que en el ámbito de la televisión española equivale a Carlos Latre, Simply Red, los Simpson, David Bisbal, los Lunnis y, entre medias, todos esos anuncios que se encargan de traducir el mensaje de las fiestas navideñas al idioma universal del hedonismo. No hubo programaciones especiales en Nochebuena, sino simples extensiones de los éxitos de cada emisora. Mejor así, porque la Navidad ha sido tan falsifi- cada en la tele que quizá no admita ya más adulteraciones. En años anteriores solía salir Raphael en TVE y se ponía a cantar a la sombra sintética de un árbol saturado de brillo, o Emilio Aragón montaba un bienintencionado concierto de violines en Telecinco. A eso le decían especiales navideños. No aparecía el Niño Jesús por ningún lado y tampoco se leía el Evangelio, pero cantaban Los del Río o Alaska bailaba un pieza y la gente lo celebraba entre piezas publicitarias de perfumes y erotismo de intensidad variable. Ni siquiera el Vaticano, quizá con afán modernizador, ha sido ajeno a este irreversible proceso de deterioro. Su último concierto anual de Navidad ha servido para escenificar la confusión: cancio- nes paganas de Bob Dylan y Sting para anunciar el nacimiento de Cristo. La primera fila, repleta de obispos haciendo palmas, y en el escenario, árboles laicos. Pasada la medianoche, cuando apareció Juan Pablo II en La 2, los realizadores de la RAI enfocaron repetidamente la imagen del Niño Jesús, recurso con el que evitar planos que mostrasen el deterioro físico del Papa. Ahí estaba, al fin, el argumento de una jornada que la televisión comercial no quiso celebrar. Mejor así, porque no caben más simulaciones e imposturas en la pantalla. La Navidad figura desde hace años en el calendario multinacional del entretenimiento, como la fiesta de Todos los Santos, ahora Halloween, esa cosita ñoña de San Valentín o el mismo Camino de Santiago, convertido ya en parque temático aconfesional e itinerante. Un día de estos le meten mano a la Semana Santa. A ver cuándo la ponen al día con una buena paraliturgia. Así aburre. A Navidad 2004 no es una Navidad cualquiera. Algunos datos- -luces asépticas y motivos navideños devaluados- -habían puesto en guardia al personal. Y a los belenes y nacimientos, en cuarentena. Digamos que todo transcurrió en la radio sin dramatismo, aun cuando se haya hablado de Navidad más que del nacimiento de Jesús, e incluso los villancicos aparecen instrumentalizados como comparsas más bien del jolgorio navideño. No por ello se rompió el formato habitual, y tanto RNE- -con su desfile de corresponsales y la transmisión desde Roma- -como la COPE, en todo su esplendor, cumplieron con brillantez y sin ambigüedades las exigencias pascuales. Punto Radio Onda Cero y la SER ofrecieron programas aproximados, y algo supimos de la Fundación Garralda, del Arca de Noé o de la Estrella de Belén, siquiera fuera dentro del milenio de Íker Jiménez. Pero fue la COPE, dispuesta a apagar todos los fuegos, la que se erigió en auténtica protagonista, llevando el agua a su molino y fijando, para tranquilidad de todos, lo que pertenecía al misterio del nacimiento de Jesús, de lo que es pura y simple fanfarría consumista. Obvio es que, por sus contenidos, destacaría La linterna de la Iglesia el programa de José Luis Restán y su equipo, formado por Ortega, Barbeito, Serrano y Abad, al encontrar los argumentos felices para dejar clara la cuestión. Frente al laicismo como campo de opción, se ofrece el laicismo como telón de fondo, recurriendo a simbologías que debilitan el sentido de la Navidad. Incluso existe el leve contagio de hacer sociología o ecología en donde sólo hay misterio de fe. Asimismo, se defendió la importancia religiosa de los sentimientos, siempre que no reduzcan la Navidad a la sola emoción. La Navidad 2004 nos deja, en todo caso, una referencia insoslayable: siempre nos quedará Raphael, entrevistado de lujo de Radio Nacional. Y, desde luego, el Tamborilero al copo en todas las parrillas. L