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64 Cultura DOMINGO 26 12 2004 ABC El tiburón de Hirst podría ser la obra de un autor vivo más cara de la historia Saatchi negocia vender este icono del arte británico por 9,2 millones de euros ofrecido es doce veces superior a las 50.000 libras que Saatchi pagó hace 14 años por La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. El mayor coleccionista británico de arte, Charles Saatchi, negocia la venta del emblemático tiburón de Damien Hirst, un escuálido de 4,60 metros de largo suspendido dentro de una vitrina en una solución de formol, por unos 6,25 millones de libras (unos 9,2 millones de euros) Se trata de un precio muy superior al logrado por cualquier obra de un artista vivo en subasta, según aseguró ayer un portavoz de la Saatchi Gallery. Aunque la identidad del probable comprador no ha sido desvelada, se trata posiblemente de un coleccionista de Estados Unidos, ya que el acuerdo está siendo negociado por el marchante norteamericano Larry Gagosian, agente de Hirst en Nueva York. El precio ofrecido es doce veces superior a las 50.000 libras que Saatchi pagó hace catorce años por la obra, cuyo título es La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo El tiburón de Hirst es probablemente el mayor icono del arte contemporáneo del Reino Unido y símbolo de los llamados Jóvenes Artistas Británicos (YBA en sus siglas inglesas) etiqueta que ha pervivido tras la decisiva exposición de 1992 que recibió ese título. Aquella muestra supuso el comienb El precio Saatchi- Serota, una pelea de divos El tiburón de Damien Hirst marchará del Reino Unido pudiendo haberse quedado en la Tate Modern, a quien hace un año Charles Saatchi ofreció donar su importante colección, o al menos eso asegura él. En una inusual entrevista publicada recientemente, el coleccionista arremetió contra Nicholas Serota, director de la Tate, por haber rechazado la posibilidad de ampliar las instalaciones del museo para ubicar allí la Saatchi Gallery. En un enfrentamiento que tiene mucho de pelea de divos- -son las dos personas más influyentes del Brit Art Serota respondió que el ofrecimiento no era realmente una donación y que la ampliación suponía una inversión que la Tate no puede financiar. Saatchi considera que a Serota le falta ambición y que no hace más que organizar exposiciones decepcionantes por lo que está feliz de no tener que ir a la Tate para ver en el depósito su colección. El ofrecimiento, en cualquier caso, tenía que ver con la escasa presencia de público en la Saatchi Gallery, instalada desde abril de 2003 en un edificio no muy acertado. Emblemático tiburón suspendido dentro de una vitrina en solución de formol, convertido en obra de arte por Damien Hirst zo de una estrecha colaboración entre Hirst y Saatchi, que se convirtió en mecenas del artista y de otros jóvenes creadores a partir de las ganancias obtenidas con la exitosa compañía de publicidad Saatchi Saatchi que formó con su hermano Maurice. La venta de la vitrina con su tiburón marca ahora el fin de esa relación. Ya hace un año, Hirst recuperó del coleccionista doce de sus obras, por las que se supone que pagó unos 7,8 millones de libras. Entre las piezas que volvieron a Hirst se encontraba un cerdo ABC troceado en rodajas y expuesto también en formol, con el título Este pequeño cerdito fue al mercado de 1996, valorado en 1,5 millones de libras. Otra creación de Hirst de similares características- -una oveja también en formol- -fue vendida más recientemente por Saatchi. Lejos del rebaño alcanzó el precio de 2,1 millones de libras. Las ganancias que todas estas ventas las está invirtiendo Saatchi en comprar pinturas al óleo, un tipo de expresión artística que algunos habían dado por muerta y que ahora el coleccionistas pretende poner de nuevo de moda. Más allá de una opción artística, se trata también de una operación comercial, con la que repetir el rédito obtenido en su día al potenciar unos desconocidos YBA, cuyas instalaciones se han visto después revalorizadas. La próxima muestra de la Saatchi Gallery se abrirá en enero. Cuenca, a través de la mirada de los más importantes fotógrafos ABC MADRID. Como recuerda Publio López Mondéjar, empeñado en rescatar la memoria fotográfica de este país, en 1968 la Unesco recomendó la preservación y catalogación de la fotografía, que se incluyó en la categoría de bien de interés artístico prioritario. Ese año se crearon organismos internacionales y un comité especial dedicado a la valoración y documentación de los fondos fotográficos. Cuenca fue una de las ciudades españolas que quiso sumarse a esta iniciativa con la creación del Centro Regional de la Fotografía y las Artes de la Imagen. Para López Mondéjar, su objetivo es contribuir a la recreación de la historia fotográfica de Castilla- La Mancha, recomponiendo así su devastada memoria común Dicho centro no ha querido limitarse a catalogar aquellas imágenes, sino que ha puesto en marcha un interesante proyecto: la creación de una colec- Una de las instantáneas de Isabel Muñoz que inaugura la nueva colección ción de monografías contemporáneas con un nexo común, los paisajes y gentes, ritos y costumbres de la zona. Esta colección, que acaba de ver la luz y que edita Lunwerg, se inicia con la barcelonesa Isabel Muñoz. Le seguirán otros destacados fotógrafos como Juan Manuel Castro Prieto, Cristina García Rodero o Ramón Masats. Isabel Muñoz deja a un lado los temas que le han dado el reconocimiento internacional (flamenco, toros, tango, danzas orientales... para sumergirse de lleno en este proyecto. Para López Mondéjar, en sus retratos a veces asoma la sombra de la emoción y la melancolía; la aparente sencillez de estos retratos no ha querido ocultar las bambalinas de la verdad En el libro, el escritor Ramón Mayrata subraya que Isabel Muñoz fotografía los anhelos, los logros y las satisfacciones, las frustraciones y los desengaños; su actitud es de atención, comprensión y respeto