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56 DOMINGO 26 12 2004 ABC Sociedad La película francesa de Christophe Barratier muestra una historia de integración que se repite en diversos ámbitos en España Los chicos del coro están en todas partes TEXTO: JULIO BRAVO MADRID. Christophe Barratier, un cineasta con vocación musical, cuenta en Los chicos del coro una película que se ha convertido en Francia casi en un fenómeno social, la historia de un profesor de música en paro que empieza a trabajar, en 1949, como vigilante en un internado de reeducación de menores. Allí, movido por los erróneos métodos del director del centro, empieza a acercarse a los chicos a través de la música, y gracias a ella logra darles nuevos alicientes. No es una historia nueva. Dicen que la música amansa a las fieras, y el refrán tiene tanto de realidad como de metáfora. Coros como el que se ha inventado Barratier han servido como método de integración para chicos; y no sólo coros; conjuntos musicales, artísticos, talleres, escuelas de artesanía o incluso de gastronomía han contribuido, y lo hacen todavía, a mejorar la salud educativa de la infancia y la juventud españolas. Ejemplos hay muchos: el Circo de los Muchachos, que desde mediados de los años sesenta ejerció una labor al tiempo artística y educativa desde ese circo, creado por el Padre Silva; el Psicoballet de Maite León, que lleva más de veinte años integrando a niños con síndrome de Down o personas con discapacidad, a través de la danza; o el Coro de Laringectomizados de León, creado hace cuatro años por Gumersindo Rodríguez, y que cuenta con una veintena de personas que han superado sus problemas con un extraordinario esfuerzo hasta lograr un producto artístico totalmente competitivo y de calidad según el director de la formación, Juan Carlos Oliveros. No costó, cuenta Joaquín Martín, a quien todos conocen como El Quini que los chicos se tomaran en serio el taller. Para ellos mismos era una forma de salir de la calle, que aquí no hace sino pegar bocaos Era algo nuevo y acudían en masa. Nos llegó a desbordar la demanda, y nosotros les poníamos unas contraprestaciones y unas normas: había que respetar los horarios, los materiales, había que cuidar el aseo... y es imprescindible acudir todos los días al colegio, y no sólo para hacer bulto, sino para aprovechar lo que allí se enseña Lo que al principio eran unos chicos dando palmas y golpes sobre cajones improvisados o construidos con cuatro maderas de la calle y muebles viejos fue creciendo paulatinamente: Vimos que el producto logrado tenía calidad, y empezamos a actuar en colegios, institutos, verbenas del barrio... El prestigio se fue extendiendo y crecieron las actuaciones. Canjeábamos nuestro trabajo por pequeños instrumentos de percusión o simplemente porque invitaran a merendar a los chavales Joaquín Martín, Quini junto a un grupo de los chavales del Taller de Percusión del Torrejón, en Huelva MERRITT La Bienal de Flamenco Un día acudió a verles actuar José Luis Ortiz Nuevo, director entonces de la Bienal de Flamenco de Sevilla, y les invitó a actuar en el Teatro Alameda. Fue nuestra puesta de largo y un salto cualitativo y cuantitativo importante para Los Activos Vinieron después actuaciones junto al bailarín Ricardo Franco, en el Espárrago Rock, y el grupo entró en el circuito de la denominada World Music Se grabaron discos y se entró en una oficina de management profesional. Nuestro objetivo siempre ha sido educativo, no artístico, y el cariz profesional que tomaron Los Activos nos hizo reflexionar sobre el camino que queríamos seguir y, sobre todo, el que no queríamos tomar Dice Joaquín Martín que este éxito era un dato a tener en cuenta. Lo que habían logrado Los Activos nos servía como ejemplo, como motivación y como referente. Porque si algo falta en esta zona son referentes positivos; sobran ejemplos negativos: es mejor el que lleva más oro colgado del pescuezo o el que tiene el carro más fuerte. Para estos chicos la infancia y la adolescencia son un lujo porque duran muy poco. Hay que integrarse pronto en la economía familiar; si se trafica en casa, hay que traficar; si se vive de la venta Los Activos Uno de esos ejemplos lo encontramos en Huelva. En 1986, Joaquín Martín llegó como asistente social a El Torrejón, una barriada de exclusión de la capital andaluza. Su misión era la prevención de conductas desajustadas en una población infantil y juvenil embutida en droga y delincuencia. Vimos que entre los chavales del barrio había un gusto natural por el compás flamenco, y decidimos crear un taller de percusión, el Taller de Los Activos; era una salida natural para ellos, que nos permitía trabajar por un lado con su creatividad y al tiempo utilizar su imaginación. Logramos que un colegio nos cediera un aula y así se consolidó el proyecto Luis de Lezama, fundador de la Taberna del Alabardero ambulante, hay que dedicarse a la venta ambulante. Y si hablamos de la etnia gitana, se acentúa la situación, sobre todo en las chicas, que enseguida se casan y tienen hijos Hoy, el Taller de percusión Los Activos lo conforman unos treinta chicos, y lo lleva directamente Felipe Redondo. Está dividido en dos grupos, uno de ellos de entre 7 y 12 años, y otro para chicos de entre 14 y 17. No atendemos a más gente por falta de recursos, y queremos que el taller tenga resultados so- ABC ciales dice Quini. En Granada surgió un proyecto similar, en el barrio de Almanjáyar. Y eso nos llena de orgullo Escuelas de hostelería La música no es el único camino para dar salida a jóvenes sin una orientación clara. Luis Lezama ha desarrollado una bien conocida labor de integración a través de la restauración. En 1974, después de varios años de trabajo con jóvenes, abrió la Taberna del Ala-