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ABC DOMINGO 26 12 2004 Los domingos 53 Diciembre AP Elmejortenisdelmundo. Golpe a golpe, la Armada española conquistó el primer fin de semana de diciembre su segunda Copa Davis, el trofeo que señala a la mejor selección del mundo. Al otro lado de la red, en la pista de tierra creada en el estadio de La Cartuja de Sevilla, aguardaba el rocoso equipo estadounidense, un grupo de jugadores, con Andy Roddick y los hermanos Bryan a la cabeza, que suele ganar por demolición. Esta vez, en cambio, se toparon con dos reveses insuperables: el mejor Carlos Moyá, que recuperó los golpes que una vez le auparon al primer lugar del ranking mundial, y la figura ascendente de Rafael Nadal, de 18 años. Los aficionados al tenis español cantaron victoria tras el triunfo decisivo de Moyá frente a Roddick, a la hora de comer del domingo 5. Millones de personas siguieron frente al televisor este instante de gloria. MANUEL DE LA FUENTE PRÓSPERO AÑO NUEVO: PÁSALO ue se vaya, se vaya, se vaya. Que se vaya para no volver, este 2004, el año de la bestia, el año en que más cerca sentimos el aliento de la alimaña. Mientras le despedimos desde un andén, desde dónde si no, con el pañuelo de las lágrimas más crueles, hora será también de rebuscarnos adentro, muy adentro, en las entrañas quizá, esas cucharadas de azúcar que intentaron endulzar el café más amargo que habíamos probado. Porque el año trajo también los regates imposibles de Ronaldinho y su sonrisa, sobre todo su sonrisa, trajo las salidas de scalextric de Fernando Q Alonso, y los derrapes de los chicos de las motos siempre echando humo, esos barbilampiños de campeonato. Quisieron pintarnos el año de color de rosa, aunque del rosa al amarillo hay sólo un paso, nos hicieron tragar salsa, tomate, corazones, pero qué me dices, hombre, aunque al final a Carmina nadie le cantó el tengo una muñeca (rota) vestida de azul, ni el Yo tenía un camarada porque el camarada ya traficaba con el último suspiro de la doña. Los toreros se cansaron de las banderillas negras de la Prensa, los metrosexuales nos lo enseñaron todo (que no era mucho, la verdad) cambiamos de talante, pero no cambiamos de talento, en el Mundial nos las dieron todas, nos sacaron de nuestras Casillas, y ni siquiera tuvimos el consuelo de decir aquello de menos mal que nos queda Portugal. Eso sí, de Atenas volvimos con las maletas repletas, como si fuésemos servi- ciales funcionarios del Museo Británico. Ha sido el año en que Madrid lloró torrencialmente de pena, al pie de la estación, y el año en que Madrid lloró torrencialmente de alegría cuando Don Felipe y Doña Letizia mantuvieron la más escueta conversación en la catedral: sí quiero, sí quiero. Sevilla subió a la red, y la Davis acabó en la Ensaladera aliñadita con espumas de Adriá, en tanto que sus señorías se iban de la lengua, triperina como siempre, mientras los españoles se aplicaban con el corazón encogido al bello pero difícil oficio de vivir, de sobrevivir entre los escombros, cañita va, cañita viene, echándole un poquito de por favor a cada madrugón y a cada zarpazo del ángel exterminador sobre cualquier cuerpo de mujer. Fue el año que vivimos de prestado, el año que vivimos milagrosamente. Que se vaya, sí, el 2004. Y Próspero Año Nuevo: pásalo.