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ABC DOMINGO 26 12 2004 43 Los domingos de 2004 Las velas del recuerdo. La estación de Atocha, uno de los escenarios de la matanza, se tornó en un reflejo del sentimiento y la solidaridad con las familias de las víctimas JAIME GARCÍA El 11 de marzo atravesó el año con una cuchillada de muerte y espanto. Aquel rastro de pólvora ha estado presente en todos los aspectos de la vida política y social de estos meses, desde la investigación policial a la Comisión del Congreso de los Diputados, desde las elecciones del 14- M a la voz dolorida de las víctimas. En el cabo del año del dolor recuperamos las imágenes que nos deja Año de ánimas y de imanes Dónde estuvo cada res múltiples, el hondo efecuno el 11 de marzo, lo que pento emocional del cráter del 11- M se suma en las primesó y sintió en aquel día constiras horas a la falta de ejecutuye una fracción del dolor colectivo, algo que tiene metor tangible, en un plazo temmoria propia y que no desporal acuciado vertiginosaaparecerá diluido en el desenmente por el instante inmediato de la votación. Fue tantendimiento de la realidad. ta la intensidad de aquel moEntre el mega- atentado del 11- M y la jornada electoral se mento político que su verPOR generaron procesos reactisión poliédrica ha logrado VALENTÍ PUIG vos que tienen que ver con lo envenenar la vida pública esque Peter Sloterdijk llama ser masa pañola. Es un fin de año desabrido y con tramas islamistas sin límite. sin ver a los otros. Auxiliado por facto- Tras la victoria socialista y la constitución de un gobierno con apoyos comunistas y del independentismo catalán, llegó el espectáculo electoral norteamericano tan exactamente preludiado por Michael Moore. Al final, la victoria de Bush dejó descolocada a la izquierda intelectual de añoranzas tercermundistas, inasequible al ridículo. Tras el aznarismo sub specie voluntatis entraba en escena el talante de Rodríguez Zapatero, con un prolongado estado de gracia ante el electora- do, muy conveniente para un PSOE que no tenía previsto gobernar y que no había llevado a cabo la revisión conceptual que parece imprescindible para todo el postsocialismo. Como jefe de la oposición, Mariano Rajoy pasa por el lance complicado de masajear satisfactoriamente al electorado que estuvo a punto de darle el poder, y al mismo tiempo consolidar aquella credibilidad de liderazgo que a veces no es más que una vana fatiga. (Pasa a la página siguiente)