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32 Internacional DOMINGO 26 12 2004 ABC Luca Cordero de Montezemolo PRESIDENTE DE CONFINDUSTRIA, DIRECTOR DE FIAT Y FERRARI LA SEMANA INTERNACIONAL CONDENADOS A RESISTIR EN IRAK La violencia crece sin cesar y la Casa Blanca no da indicios de tener otra estrategia que la de aguantar la tormenta y esperar a que algún día escampe MIGUEL SALVATIERRA Luca Cordero de Montezemolo junto al piloto de Fórmula 1, Rubens Barrichello, y su Ferrari AFP Los italianos quieren resultados. Como el primer ministro no los ofrece, la clase dirigente ha encontrado una alternativa mejor en el afortunado Lucky El nuevo magnate que hace sombra a Berlusconi POR JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. En la Italia de los hechos, Montezemolo es el rey, mientras Berlusconi vive cada vez mas aislado en el mundo de las palabras. Luca Cordero de Montezemolo, el afortunado Lucky Luca como le llama el Financial Times, es el hombre del futuro. Silvio Berlusconi, que llegó en el año 2001 prometiendo eficacia como gestor, es reo de una falta imperdonable para el Wall Street Journal, que titulaba su último artículo Broken Contract por no haber cumplido el Contrato con los italianos firmado con gran pompa durante la campaña electoral. El clima político ha cambiado, y los ciudadanos quieren resultados. Como Berlusconi no los ofrece, la clase dirigente italiana ha encontrado una alternativa mejor: Luca Cordero de Montezemolo, presidente de la Ferrari, de la Fiat y de la Confindustria, el italiano más valioso en la escena internacional. Abogado especialista en Derecho Mercantil Internacional por la Universidad de Columbia en Nueva York, Montezemolo es un líder nato y consigue que las cosas funcionen, incluso en Ita- lia, como demostró organizando el Mundial de Fútbol de 1990. En los últimos cinco años, la Ferrari ha ganado limpiamente los cinco campeonatos mundiales de Fórmula Uno. En competencia leal con el mundo entero, en un sector de alta tecnología y sin recibir subvenciones del Estado. El mérito es de Montezemolo, un genio organizativo que ha aceptado, como favor a la familia Agnelli, la presidencia de la Fiat, y como gesto de responsabilidad ante Italia, la presidencia de la Confindustria. Este abogado de 56 años, piloto de carreras aficionado desde que trabajó con Enzo Ferrari, regatista de vela por pasión y presidente hasta hace poco- -como editor de La Stampa de Turín- -de la Federación Italiana de Editores de Diarios, es el Este abogado de 56 años es un líder nato y consigue que las cosas funcionen, incluso en Italia tipo de empresario de verdad que el país empieza a añorar a medida que nota el empacho del magnate televisivo. En contraste con el panorama rosa que pintan cada noche los seis canales nacionales de la RAI y Mediaset, Montezemolo denunciaba hace un par de semanas que Italia no ha tenido, desde la posguerra, tan malas perspectivas como ahora. Sufrimos graves problemas estructurales. El país no crece, la productividad es inferior a la de nuestros socios europeos, las exportaciones descienden... En definitiva, es la fotografía del país real, muy distinto del que pintan los estudios de televisión. Desde hace meses, suceden cosas extrañas. La Confindustria y los sindicatos rechazan, juntos, las rebajas fiscales de Berlusconi- -destinadas a reflotar Forza Italia- pues consideran que no ayudan ni al empleo ni al país. En las últimas elecciones locales, Berlusconi perdió la provincia de Milán, su bastión empresarial y político. La sombra de Montezemolo crece, y deja en semipenumbra a Silvio Berlusconi. l criticar la forma en que Estados Unidos se ha enfrentado a la guerrilla en Faluya, el presidente provisional iraquí, Ghazi al Yauar, la comparó con alguien que dispara a la cabeza de su propio caballo porque tiene allí una mosca, el caballo muere y la mosca sale volando Lo cierto es que la mosca que salió volando de Faluya pasó a Mosul, convertida en el nuevo centro de la insurgencia. En esta ciudad del norte iraquí, la guerrilla lanzó el lunes pasado el ataque más mortífero contra las tropas estadounidenses al inmolarse un hombre- bomba y matar a 22 personas, catorce de ellas soldados. La violencia crece sin cesar y la Casa Blanca no da indicios de tener otra estrategia que la de aguantar la tormenta y esperar a que algún día escampe. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, da por hecho incluso que las elecciones del 30 de enero aportarán pocos cambios sobre el terreno y que sería un error considerar una pacificación del país tras los comicios. Para la propia prensa estadounidense y muchos analistas, la situación- -siguiendo las leyes de Murphy- -tendrá una forzosa tendencia a empeorar. Los chiíes ven por fin la posibilidad de hacerse con un buen trozo del pastel del poder e imponer un Gobierno de marcado carácter islámico, mientras que el boicot suní a las urnas les puede llevar a desconocer los resultados y ampliar la insurgencia. En este esfuerzo de resistir y aguantar de EE. UU. la principal incógnita es hasta cuándo, diez, quince, veinte años. El pasado martes el diario británico The Independent recogía las opiniones de un comité parlamentario que había visitado Irak. Según sus conclusiones, las tropas del Reino Unido deberán permanecer al menos otros diez años hasta que los iraquíes puedan hacer hacer frente a la situación de seguridad. De nuevo emergen el fantasma del Vietnam y el recuerdo del guerrillero vietcong que con un puñado de arroz y su kalasnikov puso en jaque al ya entonces primer Ejército del mundo. En una espléndida crónica el corresponsal de ABC en Washington, Pedro Rodríguez, daba cuenta de cómo en el libro Los siete pilares de la sabiduría Lawrence de Arabia describía la lucha de la guerrilla árabe contra el Imperio Otomano: una especie de vapor letal que a base de velocidad, ubicuidad e independencia de las líneas de suministro convirtió la guerra en un conflicto sucio y lento, como comer sopa con un cuchillo Algo muy similar está sucediendo estos días en Irak. El ataque al ferrocarril ha sido sustituido por el ataque a los convoyes motorizados, y el coche bomba y el mártir- suicida han renovado el arsenal de esta guerra tan poco convencional. Ante este vapor letal el Ejército de EE. UU. se ve limitado a pedir más tropas y más blindaje para sus vehículos. Sin posibilidad de ayuda de otros países o de la ONU, mientas persista la inseguridad, los Estados Unidos están condenados a resistir al precio que sea. La idea de una evacuación o de un repliegue es impensable y las mínimas esperanzas se centran en que a largo plazo un Gobierno iraquí con credibilidad pueda finalmente imponerse. Pero hasta entonces aguardan mucha sangre, sudor y lágrimas. A