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ABC DOMINGO 26 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Ya se sabe que Caldera es el ministro más tonto que vieron los gobiernos de Europa, y dime con quién andas y te diré quién eres EL TONTO DE LA BARAJA NTRE el número infinito de tontos que declara la Biblia, podemos encontrar algunos tontos notorios, repetidos, famosos, clásicos. Hay el tonto del bote y el tonto de capirote, que riman, el tonto del haba y el tonto de baba, que también riman, el tonto de jardín, el tonto de balcón, el tonto del pueblo, el tonto del culo, el tonto de nación, otros muchos tontos y especialmente en mi tierra descubren enseguida una clase de tonto que llaman directamente tonto del pijo y que es una de las especies más dañinas y mentecatas del género tonto. Dentro de la familia de los tontos del pijo acaba de aparecer un nuevo ejemplar de tonto, al que llamaremos el tonto de la baraja. Es un tonto que inventa la pólvora y descubre el Mediterráneo. Es un zambombo perínclito que pertenece a la estirpe excelsa de los tontos que Alfonso Guerra llamaría de los apellidos cortos porquese llama Julio Pérez, o sea, que es un tonto al que se le acaba enseguida la naturaleza. Y digo que es un tonto que inventa la pólvora porque ha inventado aquella baraja de los americanos con rostros y nombres de los criminales de la dictadura de Sadam Husein, pero sustituyendo criminales iraquíes por políticos, empresarios, periodistas y otros personajes españoles. Todo eso no tendría mayor importancia que la de comprobar cómo aumenta cada día el ya infinito número de tontos de que habla el Eclesiastés, un tonto más, ¿qué importa al mundo? si no fuera porque ese tonto del pijo Julio Pérez preparaba susocurrencias desde el despacho del portavoz socialista en el Congreso de los Diputados, ahora desde su oficina de jefe del gabinete del ministro de Trabajo, y las publicaba en dos páginas de internet. O sea, se trata de un tonto al que todos los españoles le pagamos sus tonterías. Dice el refrán que al tonto se le conoce pronto. Y en este caso, para conocer al tonto Julio Pérez, basta con conocer el nombre de su amo. Se trata de Jesús Caldera, que fue portavoz socialista en el Congreso y es ahora ministro de Trabajo, en ambas funciones ayudado por Julio Pérez. Ya se sabe que Caldera en una de fregar cayó caldera como dice el verso de Lope que recuerda a veces el inalcanzable Paco Umbral) es el ministro más tonto que vieron los gobiernos de Europa, y dime con quién andas y te diré quién eres. Si el tonto de referencia cree que en este artículo se le llama tonto demasiadas veces y que eso puede ser síntoma de insuficiencia expresiva, le explicaré que tengo recogidas hasta quinientas veintisiete palabras con el significado de tonto porque hace años preparo un diccionario de ellos, y que puedo dedicárselas cuando me dé la gana. Le dedicaré sólo algunas, que por ser palabras compuestas resultan más expresivas y divertidas: tiracantos, majagranzas, ablandabrevas, metepatas, gilimursi, giliberto, gilipollas, cascaciruelas, mediacuchara, cantamañanas, pavitonto, abreboca, boquimuelle, chuchumeco, niporesas, hazteallá, parapoco, pelahuevos, mamahuevos, pisaverde, zampabodigos, zampatortas y zampabollos, tontilindango, y para terminar, una que inventó mi inolvidable Cela: cagapoquito. Y si quiere más, que me ponga en otra baraja. E EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Si lo has visto en internet, da lo mismo que esté escrito en un editorial de The Times o en la infobasura de un confidencial; en una entrada de la Enciclopedia Británica o en un ejercicio escolar colgado en la red por un colegio público INTERNET, DIOS DE NUESTRO TIEMPO S I Rafael de León volviera, tendría que volver a escribir la letra del Quince Mil de Concha Piquer. La lotería más famosa no es la de Doña Manolita en la Gran Vía: es la de Sort en la Cataluña del tripartito. La letra del Mañana sale tendría que quedar así: La fortuna aquí se halla quién me compra un treinta y tres bájatelo a la pantalla que lo vendo en Internet. Lo que le faltaba a Carod era el lotero de Sort para asegurarse que todos los premios gordos del cochino dinero españolista caigan en Cataluña. Y lo que le faltaba a Sort era que el gordo se vendiera por Internet; que por la red de redes la esquiva suerte diera pasos como de salto de caballo de ajedrez a través del mapa de España, de Sort a la provincia de Jaén y tiro porque me toca. Porque me toca el gordo por Internet. Y a Internet lo que le faltaba para su total sacralización era que por la red te pueda ya hasta tocar el gordo. Por Internet puedes bajarte la música de moda; leer como gratuitos los periódicos de pago; buscar datos para el examen; hallar novia si no la tienes; ligar un plan con un guaperas de ojos azules; hojear revistas pornográficas; comprar un libro descatalogado. Menos café, Internet te da de todo. Y lo del café, por el momento: el tiempo habrá de llegar en que Internet te pregunte: ¿Solo o con leche? Internet estaba ya sacralizado hasta ortográficamente. En este artículo he escrito hasta ahora Internet con mayúscula mayestática. Vamos a quitársela, a apearle el tratamiento, como hace muy bien ABC con la práctica de su libro de estilo; vamos a dejarlo en internet con minúscula inicial, no le pongamos mayúscula como si fuera Dios, dejémoslo en todo caso en un nuevo dios de nuestro tiempo. Como un nuevo, único Dios, en el español hablado y escrito en la península concedemos a internet dos honores divinos: la mayúscula inicial y la ausencia de género gramatical. En Hispanoamérica es la internet, traducción española del net de la red americana de su nombre inglés. En España no es ni el internet ni la internet. Es internet a secas, como Dios es Dios a secas, no el Dios ni la Dios. Al no tener ni o ni a en sus letras, ni podemos ponerle a internet el multiusos de género en que se ha convertido el antiguo símbolo de la arroba de pesar cochinos, con perdón: la Internet es el nuevo púlpito desde donde se proclaman las verdades de lo políticamente correcto en nuestra sociedad globalizada. Te aseguran cualquier cosa y cuando preguntas que dónde lo han leído, dónde lo han oído, te dicen con la nueva fe del repartidor del butano, que es la vieja fe del carbonero: -Lo he visto en internet. ¿Dónde de internet? Ah, da lo mismo. Es como si te dijeran, sin citarte en qué libro: -Lo he visto en la Biblioteca Nacional... En internet, catecismo, Biblia, pontífice infalible, código civil, tablas de la ley en forma de pantalla, todo vale. Todo está igualado y sacralizado por la magia litúrgica de ese nuevo latín de URL, http, chat, FTP, ADSL, jpg, MP 3. Si lo has visto en internet, da lo mismo que esté escrito en un editorial de The Times o en la infobasura de un confidencial; en una entrada de la Enciclopedia Británica o en un ejercicio escolar colgado en la red por un colegio público; en el cotilleo de un chat o en la intoxicación de un correo electrónico con múltiples destinatarios indiscriminados. Todo tiene igual, sacralizado valor. Internet ha acabado con la venta de libros de consulta. Larousse o Espasa se llaman ya Google o Yahoo. ¿Rigor? Ninguno. Pero está en internet. Lo que faltaba es que hasta el gordo lo dieran por internet. ¿Dónde ha caído el gordo de Navidad este año? ¿Dónde va a ser? ¡En internet! Hasta Beas de Segura tiene ya el nombre de internet.