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66 Espectáculos VIERNES 24 12 2004 ABC El puente de San Luis Rey Aparatoso derrumbamiento J. C. Hay películas que pesan como una vaca suiza en brazos o, en plan fino, como la piedra de Prometeo montaña arriba (aunque el higadillo que devora el águila canina es el del espectador) Sobre todo, la extraña raza de las superproducciones con rancio tufo a chiste malo. Verbigracia: va Robert de Niro vestido de arzobispo amojamado, Gabriel Byrne de Fray JuníRobert de Niro, en una imagen de la película pero y López de Ayala con cara de pedrisco... ¿cómo se llama la zarzuela de marisco? Pues El puente de San Luis Rey tercera adaptación (para demostrar el interés por el tema, apuntar que las otras datan de 1929 y 1944, y que ésta última estuvo dirigida por el meritorio artesano fantástico Rowland V. Lee y protagonizada por la secreta vamp Lynn Bari) de la obra homónima de Thornton Wilder que, si no es uno de los más plomizos, sosos y arenosos premios Pulitzer de los felices años veinte, poco le debe faltar (encima, le chifla a Tony Blair) Al menos, novela y película comparten un mismo callo: que el respetable sienta el hormigueo curioso de que la época retratada (el Perú del siglo XVIII, con el virreinato español por montera) era mucho más interesante y jugosa que el resultado de tal cronicón. Y eso que la estructura de vidas cruzadas permite extender la manta y encender el crisol de clases y castas que poblaron aquellas tierras nada baldías, pero la directora se agarra al tiovivo en marcha y es incapaz de hacerse con las riendas de algún caballito y no digamos la diligencia entera. Así, la pereza y el sopor precolombinos se apoderan del patio de butacas, y el desfile de estrellas y arrimados (ese Javier Conde tan goyesco y con ramalazo de sangre y arena parece la senda de los elefantes, cabezazos y trompazos incluidos. El tono levanta algo el vuelo en la segunda mitad, sobre todo por la presencia del comodín del público Kathy Bates, del as en la manga Adriana Domínguez o el repóker de Pilar López de Ayala como tubérculo fantasma de la ópera bregando entre tanta agua turbulenta. Pero el mal ya estaba hecho y ni siquiera el speech final de De Niro salva los muebles. Dos posdatas más para testificar la catalepsia: que con tanto nombre y boato el filme aún no tenga fecha de estreno en Estados Unidos (donde algunos incautos de los foros internautas lo esperan como agua de mayo) y la profética frase promocional del cartel anunciador: Una misión que jamás debió comenzar Y usted que lo diga. La pereza y el sopor se apoderan del patio de butacas y el desfile de estrellas parece la senda de los elefantes Directora: Mary McGuckian Intérpretes: Robert de Niro, Kathy Bates, Harvey Keitel, Pilar López de Ayala Nacionalidad: España- Francia- Reino Unido, 2004. Duración: 150 minutos Calificación: