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56 Espectáculos VIERNES 24 12 2004 ABC TEATRO MUSICAL El hombre de La Mancha Autores: Mitch Leigh (música) Dale Wasserman (libro) y Joe Darion (letras) Adaptación: Nacho Artime. Dirección escénica: Gustavo Tambascio. Dirección musical: César Belda. Principales intérpretes: Francisco Lahoz, Eva Diago, Antonio Queimadelos, José Truchado, Paco Arrojo. Lugar: Teatro Calderón, Madrid EN UN LUGAR DEL RECUERDO JULIO BRAVO l hombre de La Mancha es un hito en la historia reciente de la escena madrileña. El montaje que se presentó hace siete años capitaneado por el desaparecido productor Luis Ramírez y protagonizado por Paloma San Basilio y José Sacristán significó un punto y aparte en la manera de abordar las producciones y ha sido decisivo para el relanzamiento del musical en nuestros escenarios. Aquel montaje ha vuelto ahora de la mano de Tomás Padilla, uno de los últimos socios de Luis Ramírez; a él se dedicó, naturalmente, la función del estreno, que estuvo marcada por el recuerdo de este singular e inolvidable francotirador de nuestra escena. El hombre de La Mancha es uno de los muchos intentos de llevar a escena la historia de Don Quijote, y que salvo excepciones se han contado por fracasos. Este musical de origen estadounidense es una de esas excepciones; no seguramente por la calidad de su libreto, que no deja de ser una hilazón de diversas aventuras manchegas destinadas a exaltar los nobles ideales de Don Quijote, sino más bien, seguramente, por su música y sus canciones, una de las cuales, El sueño imposible es un emotivo himno y se ha convertido en un auténtico clásico que han interpretado cantantes de tanto nivel como Plácido Domingo, José Carreras o Jacques Brel, que protagonizó la versión francesa de la obra. Gustavo Tambascio ha recuperado la puesta en escena que realizara para el Lope de Vega, y la ha adaptado para el mucho más reducido espacio que tiene en el Calderón. Los treinta intérpretes que acompañaban al trío protagonista han quedado en dieciocho, con merma de la fuerza musical y artística de la función, que no siempre camina con el ritmo deseado. El hombre de La Mancha precisa de dos primeros espadas para los dos papeles protagonistas; Francisco Lahoz y Eva Diago no lo son, pero uno y otra (especialmente ella, mucho más dominadora del papel) se desempeñan con esfuerzo y buenas voces. Antonio Queimadelos es un buen Sancho y destacan por su musicalidad Paco Arrojo (Cura) y Carlos Fernández (Pedro) E Un momento de uno de los ensayos de La hija del aire con Blanca Portillo como Semíramis EFE TEATRO La hija del aire Autor: Pedro Calderón de la Barca. Concepción, adaptación, y dirección: Jorge Lavelli. Escenografía: Pace. Vestuario: Graciela Galán. Composición y dirección musical: Gerardo Gandini. Iluminación: Roberto Traferri y Jorge Lavelli. Intérpretes: Blanca Portillo, Joselo Bella, Marcelo Subiotto, Luis Herrera... Lugar: Teatro Español. Madrid. LA FUERZA DEL DESTINO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN l recinto semicircular donde transcurre la acción del montaje de La hija del aire que Jorge Lavelli presenta en el Teatro Español evoca el espacio de un corral de comedias, un coso para las pasiones cíclicas que se muerden la cola y, más aún, el de un teatrito de guiñol con mil puertas que guardar. En este juego de lo grande a lo pequeño, los personajes del gran tea- E tro del mundo pueden transmutarse en marionetas, protagonistas de un cuento que nos remite, más que a tiempos remotos, a una época fuera de tiempo, con referencias estéticas- -que el diseño del vestuario y el maquillaje refuerzan- -al mundo de línea clara retratado en las historietas de Moebius o en algunos mangas: el futuro ya estuvo aquí. No cabe duda de que las grandes pasiones que inflamaban el comportamiento de las criaturas calderonianas siguen moviéndonos a los seres humanos de ahora mismo, pero los ropajes enfáticos con que esas pasiones eran servidas en la mesa del Barroco no casan con la cocina de aromas y espumas que seduce a los ligeros paladares de hoy. El propósito de todo este introito es acotar la brillante línea de dirección que Lavelli otorga a su montaje: los excesos pasionales de los personajes tienen correspondencia con un énfasis verbal y un manierismo gestual que, lejos de los rigores realistas y tras traspasar las fronteras del melodrama, se instala en el territorio de lo grotesco, una estilización aliñada con ecos de los figurones de la Commedia dell Arte y a medio cami- El Teatro de la Ópera de la Bastilla tuvo que ser evacuado a causa de un incendio en un sótano ABC PARÍS. El Teatro de la Ópera de la Bastilla de París fue evacuado y la representación de La Bella Durmiente suspendida el miércoles por la noche, después de que se declarase un incendio de origen desconocido en un área empleada por los técnicos, informa Efe. El fuego, que se inició en el segundo sótano de la sala Liebermann cuando iba a dar comienzo el tercer acto de la ópera, fue apagado rápidamente, sin causar daños de consideración, explicó la dirección de la entidad en un comunicado. Sin embargo, el espectá- culo no pudo reanudarse a causa de varias columnas de humo intenso en el interior del teatro, del que tanto el público como el personal fue evacuado en absoluta calma. La Ópera Nacional de París no tiene intención de proceder al reembolso de las entradas, ya que la representación se interrumpió después de haber superado la mitad de la misma, según la nota. En compensación, la dirección de la Ópera ha propuesto varias plazas con tarifa reducida para los espectadores evacuados en la representación de Sylvia en el Palacio Garnier. no del esperpento valleinclanesco. Una propuesta muy atractiva que, inevitablemente y más allá de lo estético, da a todo el conjunto un apresto desmitificador de índole cómica por encima de los componentes trágicos de la historia recreada por Calderón, la de Semíramis, mítica reina de Babilonia. La hija del aire -cuya composición se sitúa en torno a 1637, aunque fue estrenada en 1653 (vease la edición de la obra realizada por Francisco Ruiz Ramón y editada por Cátedra en 1987) -consta de dos partes de tres jornadas cada una; como la representación íntegra podría durar seis horas, Lavelli lleva a escena únicamente la segunda parte, que ofrece en unos 150 minutos de función. Una elección que presenta a Semíramis ya como reina despótica, que, obligada por la presión popular a ceder el trono a su hijo Ninias, vuelve al poco al poder usurpando la personalidad del joven gracias al asombroso parecido entre ambos. De esta forma, se da por sobreentendido que Semíramis- -como su paralelo Segismundo de La vida es sueño -permaneció encerrada en una cueva porque una profecía auguraba que iba a ser tirana y cruel homicida y de soberbio espíritu hasta morir despeñada de alto puesto como evoca ella misma al ser abatida en la batalla final. Una elipsis del fatum trágico que irrumpe sorpresivamente en el desenlace cuando es la propia diosa Diana quien, imponiéndose a Venus, lanza físicamente la flecha que atraviesa el pecho de la reina travestida de Ninias. Una criatura, al cabo, calcinada por el afán de poder que condiciona sus demás pasiones. Lavelli realiza un soberbio trabajo de dirección, discutible conceptualmente si se quiere, pero soberbio, minucioso en los detalles, vivo de ritmo y contrastes. La iluminación del montaje, que firman Roberto Traferri y Lavelli, es prodigiosa, y muy buena la interpretación del elenco del bonaerense Teatro San Martín, encabezado para la ocasión por la popular Blanca Portillo, impresionante en el doble papel de Semíramis Ninias, que le permite desplegar la inagotable panoplia de sus recursos.