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40 Madrid JUEVES 23 12 2004 ABC La opinión del lector Iluminación perjudicial Para estas fiestas navideñas que, aunque no lo quieran reconocer, giran en torno a un hecho histórico de signo católico (nacimiento de Jesucristo y su adoración por los Reyes) el alcalde ha llenado el Paseo de Recoletos de una iluminación peligrosa. Cuando conduces por esa vía, con tu cinturón puesto o el casco si vamos en moto, sin atender las llamadas del móvil, siendo respetuosos con las señales, nos encon- Pueden dirigir sus cartas a esta sección: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 91 742 41 04. Por correo electrónico: cartas abc. es MADRID AL DÍA REENCUENTRO tramos, de repente, con unos carteles que de cuatro en cuatro y cada pocos metros de distancia nos anuncian con toda la potencia de sus luces y de manera intermitente para captar más la atención, que esta Navidad las tenemos que felicitar con lujuria, garbanzo, canuto, garaje... ya que la paz, alegría, buenos deseos y el feliz año, son mensajes obsoletos y antiguos. El impacto mental de su lectura nos lleva al despiste y al impacto físico con el coche o peatón más próximo y así en ca- dena. Señor alcalde, todo esto es una incongruencia. Será usted el responsable algunas lesiones. Hace años ya nos quitaron la publicidad disuasoria de los bordes de las carreteras por su peligrosidad (recuerden que sólo se salvo el toro) y las campañas de tráfico nos recuerdan constantemente el peligro de la conducción. No nos introduzca usted distracción. Quítelos, sustitúyalos por las palabras mas ansiadas por todos en estos momentos: paz y salud. Encarnación Lázaro LUIS PRADOS DE LA PLAZA o cierto es que Madrid siempre te recibe con sus escaparates abiertos, como las luces que sorprenden más cuando se regresa, en medio sobre todo de música con voltajes de loterías. ¿Es que nos dejamos algunas luces abiertas? No es sólo el ambiente festivo por Navidad, sino que parece como si la mirada hiciera el esfuerzo de recrearse, después de una ausencia corta en el tiempo, pero larga en la distancia. Posiblemente es ahí donde la realidad urbana nos recibe con una carga emotiva que en los días normales o rutinarios de la ciudad se escapan de la flor de piel. El ejercicio indulgente a la hora de valorar los itinerarios de las obras de la ciudad (la predisposición a imaginar lo que se pretende) invita a las comparaciones, que no siempre son odiosas, sino que debieran servirnos para insistir en los aciertos y enmendar los errores: acaso, valorar esa cualidad de sentirse orgullosos de las cosas que funcionan. Regreso de un ambiente navideño con el verano encima, fuego en la Boca y parques prolongados en Palermo, arriba y abajo de la ciudad grandiosa. En el agitado comercio del Buenos Aires querido, en los rincones donde rebrota el tango (tango que canta y que llora) y en la actividad turística de estas fechas... nadie diría que la enfermedad económica siga siendo la primera preocupación de los argentinos. A cada ocasión preguntan al visitante cómo ves vos lo de acá El talento bonaerense y la sensibilidad artística urbana, su gusto por los monumentos (bellísimo el dedicado a los españoles) los edificios históricos, los rincones que estaban apuntados en mi agenda, algunos paseos que dejó recomendados con su pluma Ramón Gómez de la Serna, el cementerio de la Recoleta, ¡claro! la huella colonial, muchos recuerdos de la editorial Losada, versos colgados de los balcones... y hasta un barrio con un hipódromo de verdad que lleva el nombre de San Isidro. ¡Cómo no evocar Madrid, entonces, y cómo no sentir en el frío del invierno recién estrenado, después de una noche larga de vuelo, tanta provocación entre los recuerdos y las coincidencias! Sin duda alguna es la cultura, sobre todo, lo que envuelve la meditación del regreso y el reencuentro con esta ciudad que parece decidida por fin a defender su honor y su carga de capitalidad. Así me lo parece cuando vuelvo a asomarme a sus calles recubiertas de Navidad. Porque Madrid siempre te espera con el semblante especial que tan acertadamente definía Chueca Gotilla y con alguna sorpresa, además, suspendida en el aire. L