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ABC JUEVES 23 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY El imán de Fuengirola fue al trullo por enseñar a pegar a las mujeres. ¿Qué harían los jueces con el marqués de Sade? Pregunto UN IMÁN EN EL PARVULARIO L DARÍO VALCÁRCEL Las elecciones no las perdió el señor Rajoy sino el señor Aznar. Muchos votantes del PP, quizá un millón, pensaban que el señor Aznar había hecho un buen mandato en 1996- 2000. Pero percibieron un cambio a partir de la boda del Escorial LA ADMIRABLE SEÑORA MANJÓN AN pasado ocho días desde que doña Pilar Manjón compareció en el Congreso de los Diputados. La portavoz de las víctimas del 11- M metió una formidable racha de veracidad, dignidad, coraje y precisión en la sala. En esta columna, dedicada a asuntos internacionales, abordamos una intervención de eco más que nacional, para subrayar tres puntos: La fuerza de los hechos. Una matanza de 192 personas, además de 1.500 heridos, deja graves lecciones. Los responsables de los atentados eran sus autores, insistamos en esto. Aunque haya una responsabilidad subsidiaria en quienes canalizaron y transmitieron la información aquellos tres días, 11, 12 y 13 de marzo: el presidente del Gobierno, don José María Aznar, y el ministro del Interior, don Ángel Acebes. La mayoría de los votantes creyeron que ni uno ni otro decían toda la verdad. De lo contrario, el señor Aznar hubiera ganado las elecciones del 14 de marzo (que perdió él, no el señor Rajoy) Muchos votantes del PP, quizá un millón, pensaban que el señor Aznar había hecho un buen mandato en 1996- 2000. Pero percibieron un cambio, a partir de 2002. La boda familiar del Escorial, la no aparición en la costa de Galicia tras el desastre del Prestige, la separación de gobernante y gobernados, insignificantes seres de nacionalidad española, junto a la irritabilidad, a la ausencia de toda ironía, permitieron ver trastornos de personalidad del señor Aznar (el ser humano es frágil) confirmados por la imagen de alguien decidido a dividir Europa en apoyo de los neoconservadores americanos. Esa es una imagen que dañará definitivamente el perfil del señor Aznar. La adulación de algunos jóvenes de La Moncloa, decididos a aplaudir pasara lo que pasara, hicieron grave daño al presidente del Gobierno. Hasta aquí es una historia vulgar, repetida. Aunque sea injusto pretender que el señor Aznar fuera culpable de los atentados. Los responsables, H repitámoslo, eran sus autores. El entonces jefe del Gobierno se limitó a insistir en la pesquisa sobre ETA, interesadamente deseada, desprovista de fundamento. El choque de la verdad. De pronto la señora Manjón irrumpió en la sala con una modestia y una capacidad de verdad que desconcertaron a muchos diputados. No pocos entre ellos (y no pocos periodistas) han perdido el sentido de lo que pasa en la calle: otros, más sensibles, conservan ese instinto primario, elemental. La señora Manjón logró un cien por cien de la atención de los que la escuchaban por televisión cuando se refirió al uso comercial del dolor, a las risotadas y bromas que algunos proferían dentro de un mundo propio, cerrado y vulgar. Mientras la señora Manjón hablaba, el diputado señor Zaplana leía un documento. El pacto necesario. La intervención de la portavoz de los afectados por el 11- M ha marcado más de lo que se supone los hábitos de la política española. ¿Cuánto durará ese cambio? Alguien se preguntaba si será necesario un gran atentado al mes para mantener despiertos a algunos. No creemos en esa demagógica imagen: pensamos, por el contrario, en la respuesta conmovida de muchos diputados, también de algunos periódicos, ABC, El País El Correo La Vanguardia Pero hay un efecto lateral que marcará la vida política en los próximos tres años. El jefe de la oposición, señor Rajoy, habrá de llegar a alguna clase de pacto, discreto, real, con el jefe del Gobierno. Las grandes líneas de la política exterior, la reforma de la enseñanza universitaria, la política de investigación, la lucha contra enfermedades mal conocidas, la política medioambiental... Hay una decena de grandes problemas europeos o planetarios que no pueden quedar a merced de pactos siempre coactivos, que de otro modo el Gobierno se vería obligado a hacer con grupos o grupúsculos que le darían la mayoría, sin la cual no puede gobernar. OS musulmanes tienen la costumbre, buena o mala, de sacudirle el perrengue a la parienta, o mejor dicho, a las parientas, porque Alá les bendice con su venia para que tengan varias. Hay musulmán que disfruta de un parentesco muy largo en esposas y en prole, o sea, que tiene una fábrica muy productiva debajo de la chilaba. Los moros notables de nuestra Reconquista llegaban a tener noventa o cien hijos, siempre varones, porque las hembras no las cuenta la Historia. Los más poderosos y ricos juntan hasta cuarenta o cincuenta esposas, y como el Corán manda que para todas se tenga la atención de administrarles una somanta de vez en cuando, digo yo que se pasarán media vida breándolas y la otra media empreñándolas. Secretos del sexo. Lo malo sobreviene cuando tienen el harén lleno de moritas con moratones y mataduras, los ojos a la virulé y el esqueleto como si hubieran caído en las garras del quebrantahuesos. Para evitar el inconveniente de las secuelas de la paliza conyugal, los moros de Fuengirola tienen su imán, llamado Mohamed Kabal Mostafa, quien explica en un libro que se ha hecho famoso la manera de zurrar la badana a la mujera con sistemas imaginados para que no dejen huella. Si usted le sacude a su chorva un soplamocos de campeonato en un lado de la cara, corre el riesgo de ponerle un ojo morado, de partirle la oreja del mismo lado o de saltarle un par de molares o algún incisivo. Hay que evitar esa exhibición, que quizá resulte exagerada, y además no hay por qué enterar a los amigos y parientes de las caricias íntimas de la pareja. Si usted le arrea a la morita un garrotazo en las costillas, lo mismo fijas que en las flotantes, existe el peligro de romperle alguna y hay que andar con vendajes y con reposos. Las patadas a las piernas producen o pueden producir las mismas lesiones que sufren los futbolistas, fácilmente se daña el menisco y hay que traer a la morita a Madrid para que se lo apañe el doctor Pedro Guillén. Mucho más peligroso resulta el cachiporrazo, también llamado golpe de Cristobita que consiste en golpear fuertemente con la estaca por debajo de la coronilla, cerca de la crisma, en el llamado bautismo de estaca Si no se usa estaca, sino la mano abierta, el castigo pierde gran parte de su efecto y se convierte en cocotazo. Bueno, pues entonces llega el imán de Fuengirola y explica que, para no dejar señales, hay que pegar en las manos y en los pies. Se supone que en las palmas de las manos y en las plantas de los pies. Lo de las palmas ya lo tenía inventado en mi colegio don Julio el de la Palmeta, que te agarraba la punta de los dedos y te sacudía un número variable de palmetazos, según. Y lo de las plantas lo utilizaban en la Marina británica. Como ahora, afortunadamente, se ha puesto de moda castigar lo que llaman violencia de género al imán de Fuengirola lo castigaron al trullo por enseñar cómo pegar a las mujeres, aunque lo han sacado enseguida para que estudie la Constitución y la Declaración de Derechos Humanos. ¿Y qué habrían hecho estos jueces con el marqués de Sade? Pregunto, que diría Forges.