Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 22 12 2004 59 Alicia Gómez- Navarro sustituye a José García Velasco en la dirección de la Residencia de Estudiantes El teatro madrileño perdió 240.000 espectadores por el atentado del 11- M, según el Ministerio de Cultura PINTOR DE LO ESPAÑOL PABLO JIMÉNEZ H A muerto Juan Barjola, pintor de lo español. Hacía tiempo que vivía medio retirado de los círculos artísticos y sólo en los últimos años había encontrado acomodo en la galería Antonio Machón. Sin embargo con él se nos muere uno de los artistas indispensables para entender el renacer del arte español en los 60 y los 70, un artista completamente necesario para esa ecuación entre lo español y lo moderno. Barjola se inscribe en eso que se dio en llamar nuevo realismo o nueva figuración y es verdad que lo suyo fue una manera nueva de contarnos y acercarnos a nuestra realidad de siempre. Una corriente de moda en los últimos años del franquismo y que él supo interpretar como nadie, desde su enorme independencia, desde su elegante y desgarrado uso de la pintura, componiendo una nueva página, dramática y conmovedora, de la España que sufría. Nunca me habría perdonado que yo dijera aquí que en sus cuadros uno sentía cómo se encontraban Picasso con Francis Bacon. Y, sin embargo, aún a riesgo de que su fantasma, triste y melancólico, me persiga por los siglos de los siglos, la afirmación es perfectamente ajustada. Barjola une, unía, el gusto y la elegancia picassianas por la propia pintura, con el desgarro y la intensidad emotiva de Bacon. La belleza del color negro, casi japonés, con una intensidad de dolor frío, de desolación y atroz soledad. Barjola era pobre. Pero en él la pobreza no era una circunstancia económica, sino una manera de estar en el mundo. Él era pobre por convicción, por vocación moral de situarse al lado de los que sufren, del lado de la vida donde habita el dolor, la injusticia, el daño desmedido y nunca reparado. Ese lado que ahora deja para nosotros. Su pintura entronca con la veta brava de la pintura española; con el Goya negro, Lucas padre, el Picasso azul, Regoyos y Solana. Pero Barjola entronca con ellos modernizando el lenguaje y llevando a nuestros viejos fantasmas, a nuestra vieja historia, a las páginas más brillantes de la modernidad. Porque con su pobreza a cuestas, con su pena negra que nunca se acababa, Barjola es uno de los pintores más elegantes, más plásticamente bellos que ha dado la pintura española en la última mitad de siglo. Una vez más Barjola nos deja el frío en el alma, una vez más nos conmueve hasta los mismos cimientos y una vez más lo hace a costa de su propia vida. El diseño original, a la izquierda, y el logotipo definitivo con las modificaciones de la ministra La ministra de Cultura impuso cambios en el logotipo del IV Centenario Los autores expresan su desacuerdo con el aprobado por el Ministerio b Aunque Zapatero dijo que se adoptaría el emblema de Castilla- La Mancha, Carmen Calvo convocó un concurso para introducir algunas modificaciones A. G. J. TOLEDO. Tal vez en su permanente política de quedar bien con todos, Zapatero anunció el pasado mes de julio en la Moncloa al presidente de Castilla- La Mancha, José María Barreda, que la Comisión Nacional creada para la celebración del IV Centenario de la primera edición del Quijote adoptaría como logotipo el aprobado en marzo de 2003 por el Ejecutivo castellano- manchego, fruto de un concurso de diseño, en el que participaron 18 prestigiosas escuelas de todo el mundo. Sin embargo, y por causas que sólo desde el Ministerio de Cultura se pueden explicar, el logo ministerial no ha respetado con fidelidad la imagen elaborada desde la tierra del Quijote. El resultado, en cambio, ha sido el de un diseño híbrido respecto del original que en su día crearan los entonces estudiantes madrileños de diseño Nicolás Reyners, Alberto Salván y Francisco Villar. Cierto es que hubo un acuerdo entre Castilla- La Mancha y la Comisión Nacional para introducir una variación en los colores del aspa para recoger la gama de la bandera española. Pero donde surge la diferencia es en El rabillo rebelde de la Q del Quixote Una tipografía más gruesa de la palabra Quixote y el rabillo de la Q trazado al revés del diseño original marcan las señas de identidad que la ministra Carmen Calvo ha querido inmortalizar en su logotipo. Este segundo detalle- -el de ir contracorriente en el signo de la escritura, como Don Quijote en su tiempo- -es la diferencia más destacada entre un logotipo y otro. Nosotros asumimos como propio el original; sobre el que ha aprobado el Ministerio no estamos contentos con los cambios que se han impuesto, pero, en fin, no vamos a renegar de él en la medida que se ha intentado mantener la misma imagen manifiesta Nicolás Reyners. Por el contrario, tanto él como sus compañeros, que ahora forman la empresa Tres tipos gráficos valoran positivamente la campaña lanzada por la Junta de Castilla- La Mancha, a la que ven más implicada que al Gobierno central en el IV Centenario, posiblemente, porque el tema le es más propio que al Ministerio, al que le puede resultar algo secundario el empecinamiento que la titular de Cultura, Carmen Calvo, tuvo por cambiar algunos aspectos del logotipo, decisión que además tomó el mismo día que Castilla- La Mancha lanzó su campaña de publicidad a nivel nacional. Con esa precipitación, en contraste con el trabajo de meses de ventaja de Castilla- La Mancha, la intención de Carmen Calvo era diseñar un nuevo logotipo que sería el resultado de una fusión del original y las nuevas ideas que se aportaran, para lo cual el Ministerio llegó a convocar un concurso cerrado, al que se presentaron cuatro diseñadores. Los autores del emblema castellano- manchego aportaron además algunas propuestas diferentes al aprobado finalmente por el Gobierno central, pero fueron rechazadas ante la intransigencia de la ministra, según señalaron a ABC fuentes consultadas. Nicolás Reyners, uno de los creadores del logotipo castellano- manchego, considera que la solución del Ministerio no es la óptima ni en el cambio de colores, porque a nivel práctico no es lo mejor ni en la nueva tipografía empleada. Como diseño, los cambios introducidos no nos parecen bien, pero eso ya deben ser cosas de la política señala Reyners, quien considera que se desvirtúa el valor histórico del original, basado en su investigación centrada en la primera edición del Quijote y, en especial, en su portada de Juan de la Cuesta.